Narcos: Reseña Temporada 2

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Salgamos del escollo rápido: no, Wagner Moura sigue hablando un castellano chapucero. Lo cierto es que es una serie que, aunque tenga el 90% del contenido en lenguaje autóctono, es preferible de ver con el español con close caption [Bolero Intenso] que ofrece Netflix. ¿Salimos del escollo? Obrigado. Prosigamos.

Droga Fuerte

“Narcos”, como Stranger Things, como The Get Down, como Daredevil, como Jessica Jones, es merca. Es papa fina. Pero es merca. De la purísima. No la podés soltar. Ni siquiera debés. Es un producto hecho con amor. Como la merca que dicen que hacía Escobar. Y como todo lo que hacía el “patrón del mal” y séptimo hombre más rico del mundo en 1992, está realizado de modo violento y agresivo. Ríspido gonorrea malparido hijueputa, como diría su protagonista.

Esta segunda temporada marca el final de la historia de Pablo y el inicio de otra historia que previsiblemente es la del Cartel de Cali y, si mi pronóstico no falla, “Narcos” dejará de ser una historia de policías contra ladrones a nivel sideral, para convertirse en el “Homeland” de la droga, mezclado con la remake de “Miami Vice”.

La fábula del ascenso y descenso de Escobar podría haber tenido una longitud similar a la de “Breaking Bad”, pero los productores decidieron contar demasiado en la primera temporada y llegado un punto ya no hubo vuelta atrás. No es una mala decisión en principio, pero no es una que podamos calificar hoy con un arco argumental definitivamente cerrado. La comparación con “Homeland” no es inocente con aquella decisión. “Homeland” tiene un final en su tercera temporada. En la cuarta arranca una serie con los mismos protagonistas pero distinta por completo. Es probable que algo similar ocurra con Narcos.

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Adicto a ti

La segunda temporada de Narcos arranca inmediatamente después del escape de Pablo de la prisión de La Catedral y su llegada a su primer aguantadero, una casa que debe valer diez millones de dólares. Cuando sos el séptimo hombre más rico del mundo no te escondés en taperas inmundas. El grueso de la temporada es, entonces, un ida y vuelta constante entre Escobar, que tiene una cierta intención de entregarse pero negociando los términos de su rendición, y el Presidente Gaviria (Raúl Mendez) negándose de plano a conceder nada. Y, es que alguna razón diríamos que tiene.

Por supuesto, Escobar empieza a apilarle cuerpos en la puerta al presidente y este responde trayendo de su exilio a Carrillo (Maurice Compte), que regresa a la Madre Patria en modo “Tropa de Elite” (Wagner ya no tan contento). Es por completo una guerra. Los caídos son de los dos lados y EEUU que tiene su interés personal en el asunto por la cantidad de droga que entra a sus fronteras, ya no solo mete la cuchara con sus agentes de la DEA Murphy y Peña (Boyd Holbrook y Pedro Pascal), sino que manda a la supervisora de los agentes de la DEA Claudia Messina (Florencia Lozano, que es argentina); a un experto en comunicaciones; y a un agente de la CIA. El embajador empieza a endulzar los oídos del presidente con mensajes de apoyo americano a todo lo que decida y la sangre ya empieza a dejar huellas.

Todo termina, por supuesto, como termina la historia real, por lo que no tiene sentido hacer un relato de esto. Lo que sí es necesario decir es que en esta segunda temporada los guionistas dieron más vuelo a la imaginación, con lo cual realidad y ficción se separaron en muchos hechos –varios de ellos muy concretos- para darle otra manija a la serie. Manija que quizás no necesitaba. De este modo,  observamos por ejemplo gente que en la serie murió y que sigue viva en nuestro mundo. Batallas urbanas que no fueron como se dice que fueron, y escapes imposibles que no se habrían dado con ciertas connivencias. Es todo historia.

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Conclusión

Insisto. Narcos, como un buen grueso de las series producidas por Netflix, es merca. Está diseñada exclusivamente para bingear. Es casi imposible ver un capítulo y dejar otro para más adelante. Así también parece que pasan años entre temporada y otra porque en sí, duran un solo día. Series como “Homeland”, que los fanáticos vemos en su ritmo de televisación, nos duran al menos tres meses haciendo que la espera de nueve sea más llevadera. No es un sistema que no funcione: funciona bárbaro. Pero necesitamos con urgencia cubrir los vacíos, lo cual no es un problema mientras Netflix cumpla. Y con “Narcos”, sin duda, cumplió.

 

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