Reseña: Blair Witch (2016)

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Así, como caído de la nada, de un día para el otro, nos enteramos que estaba ya terminada una secuela de The Blair Witch Project, mantenida en secreto bajo el nombre de The Woods para evitar una anticipación negativa. Sólo semanas antes de su estreno nos enteramos que existía como secuela, el tráiler no se veía mal, parecía bastante seguro que iban a estar presentes muchos de los elementos que caracterizaron a la primera entrega de la saga y que tanto se dejaron olvidados en ese atroz intento de secuela que fue Book of Shadows: Blair Witch 2.

Adam Wingard, quien sin ser un director prolífico ha tenido algunas cositas con cierto renombre dando vueltas, como sus cortos de las primeras 2 entregas de V/H/S, otro en The ABCs of Death y su largometraje You’re Next, un director especializado en el género pero que aún no ha logrado explotar. Por una vez, una nueva entrega de una franquicia decidió ver hacia atrás y retomar el camino que tanto éxito había cosechado en primera instancia. Tanto es así que Blair Witch (2016) homenajea mucho a la película original, tal vez demasiado. Desde su premisa casi calcada, donde los protagonistas se adentran en el bosque siguiendo los rastros de los jóvenes desaparecidos en la primera película hasta encontrarse ellos mismos con el terror que buscaban, pasando por su planteamiento estético con una total oscuridad y desorientación en el bosque durante la noche, hasta su estructura, donde nos topamos (sobre todo al comienzo) con muchos momentos que parecen no llevar a nada, nos encontramos con escenas muy breves y que no duran ni aportan nada a la historia en sí, pero que están ahí ayudando a contribuir a la esencia del found footage.

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Por suerte, si bien se basaron en la fórmula original, hay algunos elementos nuevos en juego. Un paso lógico en una secuela así era aprovechar el avance tecnológico que se hizo desde que salió la cinta de 1999 y ésta, es así que esta secuela contiene más cámaras y en mayor variedad, incluyendo unas pequeñas sobre la oreja de cada uno que funcionan como buena excusa para introducir tomas subjetivas de los personajes y un drone que no se aprovecha demasiado. A pesar de tener una mayor variedad de cámaras, sin embargo todas tienen un look bastante similar, mientras que en The Blair Witch Project había distintos tipos de cámaras, por lo que como resultado había una diferencia notoria entre la filmación de una cámara y otra, a grandes rasgos es fácil recordar al menos que una filmaba a color y otra en blanco y negro. Es cierto que hoy en día estos parámetros son mucho menos distantes que antes, sin embargo esa diferenciación entre la filmación resultante de distintas cámaras es un pequeño factor extra que casi ninguna película de found footage toma en cuenta (cuando se involucra más de una cámara) y que en la cinta original añadía un extra a la verosimilitud y sensación de estar viendo un video casero.

Esta secuela también intenta expandir un poco la mitología de la bruja, ahondando más en su origen, pero de todas formas esta expansión es poca y vale aclarar algo: tal vez muchos no lo sabían, pero la saga de Blair Witch se extiende por fuera de las películas, hay libros, comics y hasta 3 videojuegos, de los cuales del último se transpoló algo de la historia hasta este film. Por lo que esta extensión de la mitología de la saga que hace Blair Witch (2016) resulta cuando menos debatible, ya que lo que hizo fue tomar una parte de la historia del videojuego titulado Blair Witch Volume 3: The Elly Kedward Tale y llevarla a universo cinematográfico, transformarla oficialmente en canon dentro de la saga. Es cierto que muy probablemente la enorme mayoría de la audiencia no haya jugado este videojuego ya que tiene varios años y ni en su época tuvo demasiada repercusión, por lo que esta revelación de información va a verse como nueva y va a resultar efectiva en ese sentido, pero vale la pena aclarar que no se les ocurrió a los realizadores de esta película, no pensaron nada, solo tomaron la idea de otro y la reciclaron.

Pero bueno, es una película de terror, vamos a la esencia, ¿asusta? Esto es muy subjetivo, claro, pero hay algo en lo que creo que la mayoría de nosotros podemos ponernos de acuerdos en repudiar: los jump scares baratos, y esta película los tiene a montones. Creo que no exagero en decir que como mínimo la mitad de los sustos que intenta dar la cinta son resultado de uno de los personajes tomando por sorpresa a la cámara a un nivel inverosímil, casi pareciera que les gustara abalanzarse corriendo y gritando repentinamente sobre el camarógrafo de turno. Ya conocemos este truco tan habitual en las películas de metraje encontrado, ya lo hemos visto “no funcionar” incontables veces, hasta buenas películas del género (como REC) lo han utilizado.

Y el último factor que vamos a tratar es la utilización de lo que en cine se llama el “espacio fuera de campo”, lo que está presente en la escena pero que el espectador no ve, la insinuación, la sugestión, la falta de información que hace que la morbosa cabeza del espectador imagine lo peor. Este aspecto fue la pieza clave del impacto causado por The Blair Witch Project, muertes de personajes narradas de forma que solo podemos oírlas, sustos producto de cosas que no llegamos a ver, asustarse sin saber concretamente de qué nos asustamos, ese es el poder de la sugestión y de la falta de información que hace a nuestra mente divagar por rincones oscuros. Más hace falta y efectivo resulta esto en la época donde el cine gore llena salas con gente acostumbrada a ver las carnicerías más brutales como si nada, cuando la audiencia tiene tan naturalizado algo tan explicito y directo, es hora de darle lugar a la imaginación para que pueda crear lo que sabe que va a aterrar. La nueva entrega de Blair Witch mantiene este aspecto, muchas cosas quedan fuera del alcance visual de espectador, y funciona, aunque por momentos la película ceda y muestre algo de más.

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Tras todo lo mencionado, nos quedamos con un resultado final donde la mayoría de las cosas terminan quedándose a medio camino, es “The Blair Witch Project 2.0”, una versión más moderna de un clásico que, si bien tiene un peso histórico e impacto nostálgico detrás, es un producto que no envejeció del todo bien. Un género (que en realidad más bien es un estilo narrativo) que utiliza una fórmula que, tras haber sido bombardeada con numerosas películas mediocres, ya no rinde mucho más, tal vez sea hora de que este deba reinventarse o morir. Si bien esta nueva película lo intenta, falla al apegarse tanto a la fórmula original, que hoy en día ya se encuentra algo gasta, y al intentar introducir elementos nuevos que prácticamente no hacen diferencia alguna o no se aprovechan.

A pesar de todo esto es una película que, gracias a algunos pequeños momentos logrados, consigue alzarse apenas un poco por encima de las cintas promedio de este estilo, por lo que probablemente sea recomendable principalmente para fanáticos del terror o de la primera parte se la saga, y aun así sería aconsejable que tampoco vayan con expectativas demasiado altas.

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