Festival 1000 Gritos 2016: Un lustro y doblando la apuesta

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Para todo amante del terror, el fantástico o la ciencia ficción, debería ser una peregrinación, de carácter casi obligatorio, visitar anualmente la localidad de Punta Alta a mediados del mes de agosto, para darse cita con las más variadas, independientes y menos convencionales formas que el cine puede brindar.

 

En su quinta edición, el Festival 1000 Gritos ha puesto en evidencia cuánto es posible crecer y evolucionar a fuerza de trabajo, pasión y, principalmente, amor por un género que progresivamente adquiere una visibilidad cada vez mayor en las producciones locales.

Con dos salas proyectando simultáneamente (hasta el año anterior se contaba sólo con una), el festival no sólo ofreció sus ya conocidas competencias y muestras de cortometrajes locales, sino que también dio lugar a producciones seleccionadas del festival afín Terror Córdoba, junto a muestras de cortos españoles y latinoamericanos. A todo esto hay que agregar además, la inclusión de tres largometrajes locales: Daemonium (Pablo Parés; 2015), Grasa (Pablo Parés, Pablo Marini; 2015) y Francesca (Luciano Onetti, 2015).

 

Como actividad complementaria, se ofrecieron las charlas de los realizadores Pablo Parés, fundador de Farsa y director, entre numerosos materiales, de la trilogía Plaga Zombi, que hizo un exhaustivo análisis del cine de género en los últimos 20 años. Y Alejo Rébora, alma mater de la productora Sarna, y realizador de la saga Trash (cuya tercera parte se encuentra actualmente en producción), quien se refirió al abordaje de las realizaciones ultra independientes, compartiendo sus propias experiencias con la audiencia.

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Respecto a la competencia de cortometrajes, el primer premio correspondió a Un Poco más Lejos de Santiago Podestá, relato intimista que sugiere mucho más de lo que muestra, con excelentes resultados. El segundo premio fue para Los primogénitos de Emilia Pedrazzoli y Emiliano Pinto, críptico thriller Sci-fi con interesantes referencias cinéfilas. El tercer premio se lo llevó Ronko de Carlos Montoya, impecable trabajo de animación y humor negro, con alguna que otra reminiscencia a la australiana Razorback. Finalmente, la mención especial del jurado fue para Uncanny Valley de Federico Heller, excelente y brutal crítica sobre la alienación del hombre por la tecnología. Y el premio del público fue para El Camino de Luciana Romero, historia de fantasmas que combina leyendas urbanas y algún guiño sutil al subgénero Rape and Revenge.

 

Con un clima cálido y ameno, en el que no faltó el espacio para el intercambio, las muestras artísticas, los sorteos, el merchandising a precios accesibles, y la inefable aparición de algunos zombis y monstruos vocacionales; transcurrieron las tres jornadas del festival 1000 Gritos, dejando como saldo un agotado staff con la satisfacción inherente al deber cumplido, dos salas prácticamente llenas en la mayoría de las proyecciones, y una cada vez mayor concurrencia con una sonrisa de satisfacción en el rostro al final del día.

 

Por otros cinco años de saltos, risas y sobre todo gritos, mil o probablemente muchos más. Siempre dejándolo todo, siempre brindando lo mejor.

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