La ilusión de continuidad en el lenguaje cinematográfico: ¿Qué es el Raccord de Aprehensión Retardada?

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Por Marcelo Acevedo y Fabio Vallarelli

– Introducción. Concepto de continuidad y Raccord.

Uno de los conceptos centrales sobre los cuales se articula y erige el lenguaje cinematográfico -si es que se puede denominar algo de este modo- es la idea de continuidad o raccord. Independientemente del tipo de modelo de representación del que se trate -entendiendo a esto como las convenciones, reglas o preceptos que se generan y aplican de forma  generalizada por diferentes movimientos cinematográficos a lo largo de la historia- la noción de continuidad es clave y fundamental, tanto para respetarla como para destruirla.

En términos convencionales podríamos definir al raccord como el paso de una toma a otra de modo tal que este no genere un salto perceptivo.

En este sentido lo primero que debería establecerse es que la continuidad no existe realmente en el cine. Es una ilusión, un efecto, o una serie de efectos de la percepción, que generan una sensación de cohesión y unidad del relato en tiempo y espacio. Así como el cinematógrafo proyecta fotogramas de forma rápida y progresiva -24 cuadros por segundo- para crear en el espectador la sensación de imagen-movimiento (una ilusión complementada por el ojo y la mente humana), de la misma manera puede generarse la impresión de continuidad en el espectador, utilizando las diferentes herramientas del lenguaje cinematográfico. La noción de raccord, entonces, presenta dos características fundamentales:

– Es verosímil y,  por lo tanto, se construye: Esto quiere decir que lo que se realizan son una serie de articulaciones y manipulaciones técnicas y estéticas que generan una sensación psico-perceptual (construida a través de la repetición constante en el tiempo) de que las acciones puestas en pantalla transcurren sin interrupciones que rompan la lógica de una narración. Fluidez y coherencia, como se ha mencionado previamente, son entonces las palabras clave.

– Es dinámica: La idea de continuidad cinematográfica, visto más como un fenómeno de la percepción que se construye a lo largo del tiempo de manera psicológica en el espectador a través de la repetición de ciertos códigos, lleva necesariamente implícita la noción de mutabilidad. Si los códigos del modo de representación y sus reglas varían a lo largo del tiempo, consecuentemente lo hará la noción de continuidad, por lo que jamás será igual en diferentes cinematografías, géneros y modos de representación.

En su libro “Praxis del cine” Noël Burch señala al referirse al raccord:

Esta palabra se rodea de cierta confusión por el hecho de que se emplea corrientemente para designar el cambio de plano. Pero de hecho, “raccord” se refiere a cualquier elemento de continuidad entre dos o más planos. Puede existir a nivel de los objetos (…); puede existir a nivel del espacio (…); puede existir al nivel del espacio-tiempo (…).

Se incluye entonces una serie de elementos que son los que definen de forma separada distintos tipos de raccord, sin necesidad que todos se den en conjunto (podemos tener raccord de dirección de miradas o de posición, pero no de iluminación por ejemplo).

Ejemplos no taxativos de raccord:

-De Objetos: ubicación en el espacio o entidad de los objetos, es decir que sean idénticos en una toma y en la subsiguiente para que el espectador no perciba una incomodidad visual dada a partir de la diferencia estética o la ubicación de cualquier objeto dentro del cuadro;

-De posición: no solo de objetos, sino también de sujetos. Implica que entre una toma y otra la posición espacial sea continua;

-De dirección de miradas: lugar hacia donde miran los personajes en el paso de una toma hacia la otra. Existen cuatro direcciones a las que puede observar el personaje con respecto al cuadro: izquierda, derecha, arriba, abajo, detrás de cámara. Cualquiera sea el sector hacia donde observe, la toma siguiente deberá mantener un enlace con esa dirección de mirada;

-De decorado: el espacio donde transcurren ambas tomas será “idéntico”, es decir se percibirá como el mismo;

-De interpretación: que la actuación de los personajes sea similar en ambas tomas, sin generar grandes saltos en la actuación;

-De iluminación: que la ubicación y la intensidad de las fuentes de luces en cuadro y fuera de cuadro genere la sensación de ser la misma, y en caso de provenir de un espacio determinado, se mantenga;

Técnico: incluye lo que podríamos llamar determinadas reglas de composición y filmación que determinan a los modos de representación. Las mismas varían para cada modelo. Por ejemplo, en el Modo de Representación Institucional o MRI, se aplicaran reglas de triple plano, sección áurea, regla de los treinta grados y ejes de acción.

– Ausencia de raccord y Falso raccord

Como explicábamos la ausencia de raccord implica una discontinuidad, esto es, generar un salto perceptivo entre las dos tomas que se yuxtaponen. Por lo general, en términos clásicos, dicho salto perceptivo se observa como un “error”. Lejos de esa postura, la continuidad y su ruptura son herramientas para construir una pieza audiovisual. Su utilización, entonces, debe fundamentarse y aplicarse en función de la lógica de esa pieza y de la finalidad que el realizador persiga con esa manipulación. Implica, a su vez, una justificación ideológica: invisibilizar o mostrar los trucos del mago no puede ser un acto inconsciente, debe llevar necesariamente una postura, un discurso detrás.

6.2

Ahora bien, existen grises, casos donde la discontinuidad no es total. Pueden aparecer elementos en continuidad -el cambio de tamaño de plano entre una toma y la otra- y elementos fuera de continuidad -un cambio de espacio o de personaje-. En estos casos se habla de Falso raccord, porque la continuidad aparece engañada para disimular una transición o elipsis narrativa.

Dentro de este tipo de falsos raccord hay uno denominado por el teórico Noël Burch como raccord de aprehensión retarda. Este en particular, contiene complejidades intrínsecas que lo convierten en un raccord no solo arduo de teorizar y explicar, sino también difícil de aplicar en la narración cinematográfica.

– El raccord de aprehensión retardada

Antes de continuar con la lectura del artículo observen la siguiente secuencia de El Silencio de los Inocentes:

El raccord de aprehensión retardada no es un raccord en sí, sino que implica una discontinuidad. El problema es que esa discontinuidad se vale de los artilugios y reglas con las cuales se construye la continuidad para simularla. Así, el paso de una toma a la otra parece continuo, y en un primer momento se percibe de este modo, pero, tal como su nombre lo indica, luego de unos instantes nos damos cuenta que en realidad lo que se había presentado como continuo no lo era.

En otras palabras el raccord de aprehensión retardada es una discontinuidad que no se percibe inmediatamente, sino de manera posterior.

En el ejemplo propuesto al comienzo del apartado se puede observar como la narración y la puesta en escena se articulan en el montaje para generar la apariencia que un grupo de policías está montando una operación para irrumpir en la casa del secuestrador. Ambos espacios, que se perciben próximos, en realidad están narrativamente en una discontinuidad total, pero esa omisión deliberada solo se vuelve perceptible cuando nos enteramos que los policías han ingresado en otro espacio.

Observemos otro ejemplo, esta vez del film Calles Salvajes de Scorsese.

En el ejemplo propuesto se puede observar como el personaje de Harvey Kietel desarrolla la acción. Este camina, deambula por el espacio, se sube al escenario y comienza a bailar. Hay un corte, observamos entonces un rostro en primer plano con algo delante fuera de foco. Luego de ese corte, en lo que parece ser una clara continuidad, tenemos un plano detalle de una mano jugando con un fósforo encendido. Otro corte y finalmente, ya en un plano general corto, observamos a Harvey Kietel jugando con ese fósforo. De este modo tres cortes en aparente continuidad y raccord total, en realidad eran discontinuos. Esa falta de continuidad solo se logra percibir al tercer corte, cuando entendemos que el personaje que aparecía bailando era en realidad el que estaba jugando con un fósforo. Es decir que la falta de raccord no se aprecia de manera directa, sino en un segundo momento de forma retardada.

Observemos un terver ejemplo, de la película Capote de Bennett Miller

En la escena podemos apreciar como luego de terminada la conversación entre Capote y uno de los homicidas, el primero camina unos pasos hacia adelante, luego se frena y quedando mirando fijo hacia un punto del espacio que no ha sido develado al espectador aún. Hay un corte y rápidamente observamos una estantería con unos productos que parecen estar en clara continuidad – esto se percibe aún más si analizamos la altura y angulación del encuadre que prácticamente sugieren una toma subjetiva -, luego otro corte y finalmente pasamos a un nuevo espacio con Capote ya no en la cárcel sino en un supermercado, tomando uno de los productos que habíamos visto en el plano anterior. Ese montaje a través del cual el personaje simulaba observar los productos desde el mismo lugar en aparente continuidad, en realidad no era más que una manipulación.

Para concluir podemos afirmar, entonces, que el raccord de aprehensión retardada aparece como un caso extraño dentro del análisis y el estudio de las reglas y formas de la continuidad cinematográfica. Se trata de un artilugio a través del cual el realizador puede simular una continuidad en el espectador, para sorprenderlo narrativamente con una elipsis o un desplazamiento narrativo. Comprender cómo se articula y cómo funciona resulta de vital importancia para el análisis cinematográfico, así como también al momento de pensar en el armado de nuestras películas y buscar determinadas herramientas que pueden ser útiles para enriquecer la narración.

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