LA INVITACIÓN: LAS TEORÍAS HITCHCOCKIANAS O EL SUSPENSE APLICADO EN EL CINE MODERNO

imagen destacada

EL SUSPENSE

 En El cine según Hitchcock, de François Truffaut –una de los tantos evangelios del cinéfilo-, el maestro del suspense manifiesta que un cuento raramente se deja en reposo, condición que asemeja a ese estilo de narración breve con cierto tipo de películas. Esta implicancia trae aparejada la necesidad de un inevitable desarrollo progresivo de la intriga y su consecuente escalada emocional, esas situaciones intensas y emotivas que nacen de la propia intriga, las cuales deben revelarse ante el espectador con habilidad y precisión visual.

Esta sumatoria de elementos narrativos nos conduce de manera inevitable al suspense,  que es, según Hitchcock, la manera más poderosa de mantener la atención del espectador en alza.

 1

LA INVITACIÓN

La invitación (2015) es un thriller psicológico clásico y sin muchas sorpresas, pero  construido de manera impecable y paciente, utilizando las herramientas cinematográficas propias de este género pero en cantidades dosificadas aquí y allá, en diferentes momentos, según lo vaya pidiendo el relato y el acontecer de la narración. La trama es sencilla y directa: Will (Logan Marshall-Green) y Eden (Tammy Blanchard) una pareja que en el pasado ha perdido un hijo, vuelve a reunirse –ambos  involucrados en una nueva relación amorosa con distintas personas- después de varios años de haber estado separados. La reunión incluye a las nuevas parejas de ambos y a un grupo de amigos que los acompañaran en lo que se supone una cálida velada de reencuentro amistoso,  pero que con el correr de los minutos y el aumento de la tensión, la intriga y  el suspense, devendrá en drama sangriento y pesadillesco.

3

MISTERIO VS SUSPENSE

El director inglés diferenciaba los conceptos de misterio y suspense, utilizando como ejemplo el “whodunit”, contracción en una única palabra de la pregunta “¿Who´s done it?” -“¿Quién lo ha hecho?”-, en referencia al asesino/ladrón/culpable en los clásicos relatos policiales: “Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un “whodunit”, no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El “whodunit”  suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense”.

En La invitación, el contraste  entre misterio y suspense se va edificando de manera gradual. Sí en el primer acto asistimos a una cena entre amigos con situaciones apenas incomodas a causa de conflictos pasados, la simple interrelación entre seres humanos -¿Qué grupo de amigos o familiares no cuentan con rispideces en entre sus miembros?- y lo que abundan son las risas, miradas de reojo, un poco de sospecha y paranoia, pero nada que devele la masacre por venir, en el segundo acto entramos directamente a ser partícipes de un misterio en el que, tanto espectador  como protagonista, intentan develar lo que realmente sucede en el trasfondo de esa cena. El director plantea con habilidad diferentes puntos de vista o POV (point of view) y hace de la división de la información -¿Con qué datos cuenta el espectador? ¿Cuánto saben los personajes? ¿Tienen la misma información espectador y protagonista? ¿Alguno sabe más que el otro?- una herramienta fundamental a la hora de crear el suspense.

Cómo el POV que prima es el de Will –la ex-pareja de Eden, quien comienza a sospechar que su mujer ostenta una actitud cuanto menos extraña y que algo raro sucede en esa casa – el espectador recibe la misma información que este va recabando a medida que pasan los minutos. A medida que aumenten la paranoia de Will, también ira aumentando la del espectador. Las dudas de Will serán las del espectador quien, al observar el punto de vista de otros personajes menos preponderantes pero más seguros de que todo es un delirio de su mente ofuscada por el reencuentro con la madre de su hijo muerto, oscilará entre la duda y las sospechas. ¿Will está loco y es un paranoico afectado psicológicamente por la muerte de su hijo, o realmente sucede algo macabro en esa casa?

Entonces, lo que sabe el espectador es lo mismo que sabe Will, uno de los protagonistas, pero no lo que sabe Eden, la otra protagonista, y su marido David (Michiel Huisman), quienes parecen esconder un secreto oscuro que no comparten con Will ni con el espectador. A partir de esta división de la información es donde nacen la intriga y el misterio.

Al hacerlo partícipe del thriller mediante la división de la información dada por los diferentes POV, el director le propone al espectador tomar un rol activo y ser partícipe de un relato lúdico que juega con la paranoia, las dudas y la tensión.

 

Hay emoción, y mucha, en esta película. Emoción que se desprende de los protagonistas y contagia al espectador. Es la pura emoción es lo que guía la narración, y es por eso es posible el suspense. Porque como le dijo Hitchcock a Truffaut “(…) las emociones son un ingrediente necesario del suspense”.

2

LA BOMBA

Los misterios en una narración siempre convergen en una sorpresa final. Pero la sorpresa no necesariamente es suspense, y la diferencia entre uno y otro es sencilla de entender, a pesar de que en general existe una tendencia a confundir ambas definiciones. Para que exista suspense, es condición sine qua non que el público esté informado de los elementos activos dentro del cuadro e incluso en el espacio off.

Tomemos el ejemplo categórico –pero también ilustrativo y fácil de entender- de la bomba hitchcokiana, explicado por él mismo:

“Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.

Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: ‘no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.’

En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense.”

De esta manera, Alfred Hitchcock le transmite a su entrevistador –y de paso al mundo entero, quedando para la posteridad como solo saben hacer los grandes- una de las tantas maneras en las que utilizaba las herramientas del lenguaje cinematográfico para transmitir al espectador dos emociones que a priori pueden intuirse similares, pero que finalmente se develan opuestas en cuanto a emotividad, duración y concepto.

The_Invitation_2015_7482941

CLIMAX, EXPLOSIÓN Y FINAL

Es a partir del comienzo del tercer acto cuando el suspense se hace presente en todo su esplendor, momento en el que ya sabemos lo que sucede (o lo sospechamos fuertemente) y estamos esperando que todo explote, como la bomba en el ejemplo de Hitchcock. La situación es muy similar: hay una mesa, gente charlando, y un brindis. En esta escena de La invitación no hay una bomba bajo la mesa, pero sí una bebida envenada, y quien explota es Will, arrojando con fuerza todos los vasos –a excepción de uno, que es el que delatará las verdaderas intenciones de los anfitriones – que se rompen contra el suelo con un sonido explosivo. A partir de esta escena todo queda expuesto, y tanto el misterio como el suspense dan paso a la pura acción, una cacería humana desarrollada el interior de la casa y que eleva la tensión hasta el límite.

El cine de Alfred Hitchcock no será recordado por ser grandilocuente o rebuscado, sino más bien por usar las herramientas del lenguaje cinematográfico de manera sencilla pero acertada. Cómo todos los grandes maestros, hacia fácil lo imposible, y era en el terreno del policía, el thriller y el terror donde mejor se manejaba, mostrando sus habilidades para dejar al espectador tensionado y bullente de emociones gracias al suspense que supo, no solo utilizar como nadie, sino también analizarlo y teorizarlo.

La invitación –sin dudas la mejor película de Karyn Kusama hasta el día de hoy- es un excelente ejemplo de las enseñanzas del maestro aplicadas a un cine moderno, ajustado, bien realizado y efectivo.

Anuncios