Reseña: The Nice Guys

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Shane Black no es uno de los creadores más conocidos a nivel mundial ni mucho menos pero sin duda fue uno de los guionistas más cotizados durante los años 80 y 90. Con tan solo 22 años vendió su primer guion, el de Lethal Weapon, y fue durante esa época cuando vendió otros dos de sus guiones a un precio record, el de The Last Boy Scout por 1,75 millones de dólares y el de The Long Kiss Goodnight por 4 millones. Después de unos años de sequía volvió en 2005 pero está vez además de crear la historia se encargó de dirigir la película: Kiss Kiss Bang Bang, la película que supuso el ascenso de Robert Downey Jr. cuando, en plena época de crisis por la drogas, apenas nadie creía en él. Años después el actor le devolvió el favor y permitió que Black dirigiera la tercera entrega de Iron Man. Y ahora, 3 años después, tenemos su último trabajo como guionista y director.

The Nice Guys sigue la línea de su filmografía con antihéroes atormentados o con un pasado oscuro: un policía con tendencias suicidas en Lethal weapon, un deprimido ex agente del servicio secreto en The Last Boy Scout, un ladrón en Kiss Kiss Bang Bang o incluso en Iron Man 3, que no es un antihéroe pero vemos como el superhéroe sufre ataques de ansiedad. Aquí tenemos a Jackson Healy (Russell Crowe), un tipo que se dedica a dar palizas por dinero, y a Holland March (Ryan Gosling), un investigador privado que intenta estafar a sus clientes siempre que puede. En este caso Ryan Gosling es el Mel Gibson de Lethal Weapon, el Bruce Willis de The Last Boy Scout o el Robert Downey Jr. de Kiss Kiss Bang Bang. Es el personaje descarrilado que a lo largo de la película irá llegando al buen camino, terminará siendo la buena persona que un día fue.

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El maestro de las buddy movies actuales (películas con dos personajes normalmente masculinos que se ven forzados a trabajar juntos y que, a pesar de chocar, finalmente aprenden a trabajar juntos y apreciarse) empieza casi siempre con un punto de partida en común, un secuestro, y normalmente hay un gran espectáculo de acción hacia el final de la película. Pero lo que nunca sabes es cómo terminará la conspiración pues siempre te acaba sorprendiendo. Y aunque pueda parecer que los guiones de Shane Black son aburridos y que no sirve de nada ver su nueva película pues “visto una vista todas”, nada más lejos de la realidad. Cada obra suya vale la pena ver pues aunque tenga elementos en común, nunca llega a ser cansina ni repetitiva.

En esta ocasión se ha apostado más por el género neo noir con un aura a L.A Confidential. Esta vez nos encontramos con la decadencia de Los Ángeles de los años 70 donde la contaminación, la pornografía y la corrupción invaden la ciudad, quitándole todo el glamour de antaño. No es de extrañar que la película empiece con un plano del típico cartel de Hollywood pero del revés y medio destruido, sin poder distinguirlo bien, como una sombra que representa lo que es y lo que fue. Nos encontramos además con una denuncia social camuflada, pues entre toda la broma y la acción, hay una reflexión más profunda.

El director sabe crear unos mundos con un tono propio un poco surrealistas pero siempre dentro de la realidad. Además la música aporta mucha personalidad. La banda sonora, compuesta por John Ottman y David Buckley, utiliza temas clásicos de la música disco o funk como el “Papa Was a Rollin’Stone” de The Temptations o el mítico “September” de Earth, Wind & Fire. El soundtrack sabe transmitir el toque setentero con canciones conocidas y las creadas por Ottman y Buckley aportan el tono de misterio pero sobre todo ese estilo irreverente, divertido, que dentro de lo serio se toma poco en serio.

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El humor negro tampoco falta aquí. Shane Black tiene la habilidad de hacer bromas cortas de una sola línea. Gracias a sus cuidados diálogos hace que todo suene divertido y sobre todo, nada forzado. Utiliza el humor mostrando a dos patéticos investigadores (o un investigador y un matón) intentando resolver un caso cuando claramente no tienen ni idea. Especialmente el personaje de Gosling es un fracasado que se va cayendo de los sitios y descubriendo pistas sin querer, y entre torpeza y torpeza, va soltando una broma sobre Hitler. Tenemos pues humor a golpes, algo menos habitual en el cine actual pues hoy en día parece algo desfasado pero en The Nice Guys encaja a la perfección y no la convierte en una mala comedia del nivel de las de Adam Sandler. En el cine de Black es habitual utilizar una absurda violencia, aparece sangre y se rompen brazos con total naturalidad, como si fuera algo cotidiano.

Pero no sólo vas a divertirte, sus películas tienen misterio, ese componente de querer conocer la verdad, sobre todo porque siempre te depara un giro final, no es previsible. Black siempre sabe elaborar muy meticulosamente el caso que investigan y no es sólo acción y bromas. Es muy habilidoso además creando casos que nos mantengan interesados durante toda la película, cruzando diferentes historias y utilizando los pequeños detalles. Porque el director va dejando pequeñas pistas que en un principio parecen irrelevantes, elementos que salen en un segundo plano, pero que después compruebas que son importantes para la historia. El caso se va construyendo poco a poco de manera sólida, de una forma que no se hace obvio hacia donde se dirige pero que tampoco parece que se hayan inventado un giro de forma inverosímil y sin sentido con tal de sorprendernos. Al final todo tiene sentido.

En cuanto a los personajes, hay que destacar que suelen ser extremos, con problemas, pero también próximos. Black sabe desarrollarlos muy bien, sacarle el máximo partido a sus actores y crear grandes relaciones entre protagonistas. En esta ocasión vemos una estupenda química entre Ryan Gosling y Russell Crowe que sin duda hace que la película sea todavía más disfrutable. Al primero ya lo habíamos visto en papeles cómicos como en Crazy Stupid Love pero el registro humorístico de Crowe es menos habitual y cumple maravillosamente bien. Además cada uno tiene una personalidad (método de trabajo, ética) e incluso un tipo de humor muy característico. Asimismo, tenemos a una robaescenas Angourie Rice, una joven actriz que hace de hija de Gosling e interpreta perfectamente su papel de niña muy espabilada e ingeniosa para su edad. Otros de los actores que aparecen son Matt Bomer (White Collar), Margaret Quallet (The Leftovers) o Kim Basinger, la cual desentona un poco pues se le nota el botox a la hora de actuar y queda muy artificial en la película, pero que tampoco afecta al resultado final ya que su papel es prácticamente testimonial.

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En Kiss Kiss Bang Bang el dúo protagonista se ve acompañado en buena parte por un tercer personaje, el de Michelle Monaghan, y aquí pasa algo parecido con el de Angourie Rice. Como vemos el cine de Black va evolucionando y no se queda estancado repitiendo exactamente lo mismo que le funcionó en 1987 con Lethal Weapon. Aun así, es verdad que al veterano guionista todavía le falta escribir un gran personaje femenino. Posiblemente habría sido la villana de Iron Man 3 pero los de Marvel no le dejaron que fuera mujer ya que, según ellos, habría vendido menos juguetes.

Por lo que respecta a la ambientación de The Nice Guys, está muy lograda. Tanto los decorados, como el vestuario e incluso dirección te transportan a Los Ángeles de los 70. Eso sí, la puesta en escena está trabajada pero está lejos de ser brillante y Black abusa de los planos aéreos de Los Ángeles, que cumplen un objetivo en cuánto al retrato que quiere hacer de un lugar y una época, pero que en alguna ocasión están un poco metidos a la fuerza. En esta ocasión no se repite el estilo narrativo tan marcado de Kiss Kiss Bang Bang, en el que se dividía la película por días, como si fueran capítulos: día 1 – los problemas sin mi negocio, día 2 – la chica en el lago, día 3 – la hermanita, etc. En cambio sí que se repiten elementos como la voz en off o flashbacks que nos ayudan a conocer el pasado y presente de los personajes, además de ser un muy efectivo componente humorístico. Algo que tampoco falta es la Navidad, época en la que se ha situado buena parte de la filmografía de Black.

Podemos decir pues que estamos ante una de los mejores trabajos de su creador. La ambientación está muy lograda, tiene unos grandes personajes y unos actores con mucha química, una historia muy divertida y además una trama de conspiración y una crítica social muy interesante. A pesar de que se ven varios de los elementos típicos de la filmografía del guionista, no se hace repetitivo porque los protagonistas y las historias van cambiando, nos encontramos con pequeños matices que los hacen muy diferentes.

Se habla de una segunda parte pero no ha tenido mucho éxito en taquilla y no han superado los 50 millones de presupuesto. Ojalá hubiera segunda parte. En época en la que ves que se hacen secuelas innecesarias, en este caso sí pagaría gustosamente una entrada por ver una secuela. Ha recuperado lo invertido, pero necesita más para poder plantearnos una segunda parte así que veremos qué sucede finalmente. Mientras tanto, os animo a todos, especialmente a los fanáticos del director, a ir a verla al cine. La película no defrauda.

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