Reseña: Coherence

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“Si no hubiera pasado tanto tiempo estudiando a los terrícolas-explicó el Trafalmadoriano-no tendría ni idea de lo que significa libre albedrío. He visitado treinta y un planetas habitados del universo y he estudiado informes de otros cien. Sólo en la tierra se habla de “libre albedrío””.

“Matadero Cinco”.

Kurt Vonnegut.

 

Ocho personas se juntan a cenar. Cuatro parejas, alguna mujer que no debería estar, una infidelidad,  un hombre recuperándose de su adicción al alcohol. Un extraño cometa atraviesa esa noche el cielo y una serie de eventos atípicos comienzan a ocurrir. Em, actual pareja de Kevin, cuenta que algo parecido ocurrió en Finlandia en la década del veinte. Mike, anfitrión de la casa, no puede dejar de mencionar el hecho de que Amir invitó como su acompañante a Laurie, ex pareja de Kevin. El resto pueden imaginárselo. Coherence disemina múltiples conflictos que irá retomando y profundizando con mucha astucia para darle forma a las consecuencias que trae el cometa. Uno de los tantos aciertos del relato radica en cómo logra saltar de esta línea a los problemas de la casa permitiendo que se retroalimenten entre sí. La entrega gradual y justa de información permite que el relato progrese sin mesetas. Es una progresión compleja, es cierto, pero no se contradice. No nos confunde, devela constantemente.

Articulada a partir de pequeñas secuencias que se definen por cortes abruptos, Coherence logra adentrarnos en su mundo desde el primer momento y nos hace sentir todo el tiempo que algo está por ocurrir. La película está caracterizada por un montaje incomodo, capaz de crear una atmosfera turbia pero nunca fastidiosa. Afuera de la casa reina esa oscuridad de la que hablan, donde no se ve absolutamente nada. Adentro de la casa, por otro lado, hasta se siente que hay una excesiva cantidad de luz. La fotografía es cálida, transmite claridad y contención, como si realmente nada pudiera ocultarse. Dentro de la casa, los personajes ni siquiera tienen sombra. A su vez, hay un detalle que no debe pasar desapercibido: Hay dos momentos en los que la luz se corta y toda la casa queda iluminada por velas. Esto ocurre al principio de la película y al final, donde Em descubre que casi todos los habitantes de la casa, incluyéndose a ella, son de otras realidades. Las sombras aparecen, los rostros se oscurecen, la fotografía se torna inquietante. En el momento de mayor tensión de la película, Byrkit introduce la oscuridad de la noche en la casa. Luego, el desenlace.

Una nota que simplemente se encargue de explicar Coherence es un sinsentido desde el momento en el que se piensa el mismo planteo cinematográfico de la película. No porque sea inverosímil o porque carezca de un cierre único (de hecho es posible tener una interpretación determinada y concreta de lo ocurrido), sino porque el objetivo de Coherence es perdernos, que nos zambullamos en esa forma tan oscura que la define. Nos arroja a la cara una y otra vez las consecuencias nefastas que tiene el accionar de los personajes, la oscuridad en la que se adentran y la desesperación que eso trae. A medida que la película avanza y las realidades se mezclan, entendemos que no son capaces de controlar nada de lo que ocurre. Cada vez que actúan, se multiplican las realidades y se complejiza el universo. El azar y un evento misterioso rigen su vida. Ellos pretenden combatirlo, crear constantes que les permitan tener un piso, escribir patrones, imitar acciones de otras casas. Prueban todo y la ruleta gira cada vez más rápido. Pero todo lo que ocurre no es más que una consecuencia de sus decisiones. Ellos mismos lo dicen: “nosotros empezamos esto cuando fuimos a la otra casa”.

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Hasta acá, Coherence es una película muy bien pensada y aún mejor planteada. El guión es sólido, los giros son creíbles y las actuaciones funcionan. Emily (interpretada por Emily Bandoni) no destaca particularmente, aunque logra estar a la altura de lo que la película le exige, siendo ella la línea que seguiremos hasta el final. Lo que hace que Coherence dé un paso más allá es trascender la idea de acción y establecer una razón para definirla: Al ver la progresión de los personajes, vemos que el punto de partida de sus decisiones es la desconfianza. Desde ahí construye su acertadísimo argumento. Dentro de la casa, es generada por los mil y un conflictos que surgen entre ellos. Fuera de ella, el que lo tiene más claro desde un primer momento parece ser Mike: alcohólico en recuperación, teme por lo que podría estar haciendo su otro yo. “¿Y si en la otra casa estoy tomando? El Mike borracho es un Mike jodido” arrojan los subtítulos neutros. No le teme realmente a la existencia de un agujero espacio tiempo, le teme a lo que él mismo puede hacer en ese estado. Los personajes de Coherence desconfían de sus propias miserias. La contradicción se evidencia: Si decide ir a matar a ese alter ego potencialmente peligroso, lo primero que se encontrará es a él mismo. Entonces, ¿Hasta qué punto esos individuos tienen capacidad de decisión?

¿Libre albedrío? La película se ríe de eso como el Trafalmadoriano de Kurt Vonnegut. El accionar de ellos es libre pero siempre con consecuencias nefastas. Y aun cuando deciden no hacer algo, existe una realidad paralela en donde sí lo hacen. Son víctimas desde el momento en el que se exponen a tomar una decisión. La película logra incorporar  esas realidades como conflictos que motorizan el relato y el resultado está a la vista: sentimos que nos adentrarnos en un espiral cada vez más oscuro y del cual es cada vez más difícil salir. Cada encrucijada es acción y cada acción trae un problema. Su miedo, su incomprensión y la desconfianza son pilares de una desesperación que termina de la peor forma: el intento de asesinato de Em por ella misma. ¿Esa acción la determina como una persona malvada o es la materialización de su esencia? Si controlar la propia acción es el único modo de ser lo que queremos, ¿Qué ocurre cuando no podemos controlar ni siquiera eso? Esta es el ahogo que plantea Coherence y que atraviesan todos sus personajes. Em, la única línea que seguimos hasta el final, es la que pone esa encrucijada arriba de la mesa. El miedo a la oscuridad de lo impredecible la lleva a abrazar la violencia y evidenciar de lo que es capaz. Y a partir de esa naturaleza vuelve al instinto más elemental, tan solo arraigada naturaleza animal: matar.

La destreza de Coherence está en su capacidad de erguirse como un barco que se hunde desde el minuto uno y del cual no hay nada que se pueda hacer. Los personajes actúan y se condenan. Simplemente no pueden evitar ni lograr nada de lo que se proponen. Decidan o no hacer algo, erran. Todo lo que puede ser, automáticamente es. Y sobre ese infinito espiral de interpretaciones y consecuencias de nuestro accionar, recuerdo al extraterrestre de Matadero Cinco diciéndole a Billy Pilgrim:

“Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos insectos prisioneros en ámbar”.

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