18° BAFICI: Entrevista a Luciano Salerno, Director de “Berlín”

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Un chico y una chica. Una parrilla y un pedido. La espera y una conversación donde lo que se dicen es tan importante como aquello que callan. Eso es “Berlín”, el corto de Luciano Salerno que fue de lo más destacado en la competencia oficial del último BAFICI.

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Fabio Vallarelli: Primero me gustaría saber un poco sobre vos, cómo llegaste al cine; si estudiaste, en qué lugar; y luego, particularmente,  cómo apareció la idea de “Berlin”.

Luciano Salerno: Esta pregunta es un poco difícil. No estoy seguro de cómo llegué al cine: se dio como algo natural durante mi adolescencia, no tanto como una decisión muy meditada. Lo que sí es verdad es que durante un período lo dejé, después de tener algunos trabajos, dirigir los primeros cortos y terminar de cursar en donde estudié (UNA). Me dediqué a otras cosas por unos dos años, y luego volví con la intención de generar nuevos proyectos. El primero de esos proyectos que vio la luz es Berlín.
Berlín surgió como una necesidad, productiva y expresiva. Antes de escribirlo, había escrito un largometraje llamado “Los Proyectos”, que al intentar producirlo y buscar financiación resultó ser más difícil de lo que había pensado. Después de un año de trabajar en eso, decidí que necesitaba filmar algo que fuera posible de hacer sin apoyos externos. Entonces escribí un cortometraje basado en la idea de que es posible generar una narración fuerte y con densidad desde una propuesta minimalista. Pensé que podía exprimir cada uno de los elementos al máximo, aunque fueran muy pocos (una escena, pocos planos y muy pocos personajes).

FV: Si bien en el corto hay una idea de unidad, al mismo tiempo parece que el relato podría ser una escena inserta en el medio de una estructura más grande ¿Lo pensaste intencionalmente?

LS: En algún punto sí. Pero no en el sentido de que el corto pueda ser una escena de un largometraje que lo incluya, sino del corto como el momento más significativo de una historia más grande que, aunque no se vea, existe. Es como si el espectador llegara justo en el momento en el que la historia entre los dos personajes alcanza su punto culminante. Creo que en los cortometrajes muchas veces se intenta “resumir” lo que uno quiere contar para que se pueda realizar en pocos minutos. La intención era no hacer eso, sino lograr que la historia se cuente mediante su escena más importante.

FV: Productivamente el corto parece bastante sencillo de realizar, sólo tres actores y una locación. En este sentido el peso del relato parece estar apoyado en el clima que se genera entre los personajes y el manejo del texto y subtexto. ¿Cómo fue el proceso de selección de actores y el trabajo con ellos? ¿Ensayaron mucho? ¿Los diálogos fueron flexibles o estaban muy marcados?

LS: El proceso de selección fue en realidad bastante sencillo. Yo quería asegurarme de que los dos protagonistas fueran buenos profesionales, y de que se adecuaran al physique du rôle que tenía en mi mente para ellos. A Pablo lo había visto en varias películas, pero sobre todo en el último BAFICI en La Princesa de Francia, de Matías Piñeiro. Encontrar a Malena fue un poco más difícil, pero finalmente, a través de un par de recomendaciones y de verla en la serie web La Niña Elefante, me convencí de que era la adecuada, por suerte. El personaje que atiende el local no es actor, es el dueño real de la locación.
No hubo demasiado trabajo previo con los actores. Tuvimos un par de charlas sobre el guión y ensayamos una sola vez, porque yo quería dejar algo de libertad para el momento del rodaje, y además porque los dos entendieron perfectamente el guión y sus personajes. Eso me facilitó mucho la tarea: los personajes y sus conflictos son muy propios de nuestra generación, por lo que se pudieron identificar bien.

FV: ¿Cómo fue el proceso de pre-producción, rodaje y post del corto? ¿Cuánto tiempo aproximado llevó cada etapa y cuánta gente participó en el proceso?

LS: Una vez concluido el guión, cuya escritura llevó unos dos meses, empezamos la preproducción con los dos productores. Por suerte, yo tengo varios amigos que trabajan en cine en diferentes roles, así que fue sencillo convocarlos.
Estuvimos unos dos meses más preparando todo, yendo a la locación a arreglar detalles, preparando los equipos y haciendo pruebas de cámara, de sonido, y el guión técnico. Fue casi todo bastante fluido.
El rodaje fue de una sola jornada, con un equipo de poco más de diez personas y mucho frío, pero sin crisis graves ni mayores problemas.
Mirando en retrospectiva, la post fue el proceso más difícil. Yo nunca había coordinado una postproducción, y resultó complejo. Además, ganamos el premio para postproducción del Fondo Metropolitano de la Cultura, las Artes y las Ciencias, lo que estuvo buenísimo porque nos dio los fondos para terminar bien el corto (de hecho, el presupuesto de post fue muy mayor al de rodaje), pero a la vez nos exigió unos estándares de calidad y una fecha límite, además de la presión de saber desde ese momento que el corto iba a estar en BAFICI. El montaje, el color, la post de sonido, la música, los subtítulos, el DCP, fueron muchos pasos en los se ponía en juego que el resultado fuera bueno. Lo sufrí bastante.

FV: Entre los realizadores está instalada un poco la idea  de que el cortometraje funciona como una herramienta de práctica para filmar un largometraje. Un ejercicio que, por términos económicos y productivos, es más viable que ir tras una película de mayor duración. ¿Cuál es tu opinión sobre el cortometraje? ¿Aparece más como una necesidad que por elección?

LS: Muy pocas veces vi que un director siguiera haciendo cortometrajes después de realizar su primer largo. En general se aplica lo que decís, y los cortos son una forma más o menos económica y no tan compleja a nivel productivo de hacer cine. Como decía antes, Berlín surgió desde la necesidad de hacer algo que yo pudiera producir. Pero esa aparente facilidad también genera una subestimación del trabajo que requieren los cortos, no sólo desde afuera sino para los que los hacen, y la consecuencia es que no abunden los buenos cortos.
En lo personal, el cortometraje me sirve mucho para aprender, y para encarar un largometraje con más recursos, de todo tipo. Pero además, considero que claramente es obra, para nada un mero ejercicio.

FV: ¿Qué balance hacés del paso del corto por el festival y cuál es el camino a seguir con su distribución?

LS: El balance es claramente positivo. El corto obtuvo una mención especial del jurado, que es algo que ya lo destaca y le da mayor visibilidad. Ganar el Fondo Metropolitano y entrar al festival fue mucho, y sumándole el premio, la sensación es que se puede participar y competir de igual a igual en un festival de este tamaño, algo de lo que no estaba seguro hasta hace poco.
Los pasos a seguir son continuar la distribución en todos los festivales que se pueda en Argentina, y buscar un buen estreno internacional afuera del país, para continuar con los festivales del mundo. Un cortometraje tiene una vida de más o menos dos años en festivales, así que todavía queda bastante camino.

FV: ¿Estás desarrollando algún proyecto nuevo?

LS: Estoy reescribiendo mi largometraje de ficción “Los Proyectos”, para intentar empezar la preproducción este año, y preparando otro cortometraje que planeo filmar en la segunda mitad de 2016.

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