18º BAFICI: Reseñas días III IV y V

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La complejidad ha hecho que la cobertura se vuelva un poco más caótica de lo planeado. No seríamos nosotros si esto no fuese así. Comparto aquellas reseñas de algunos de los films vistos en los últimos días durante esta edición del BAFICI. A lo largo de las jornadas venideras la lista se irá completando, o al menos esa será la intención.

“The Island Funeral” (Dir. Pimpaka Towira) (Comp. Vanguardia y Género)

¿Es este primer largometraje de ficción de Pimpaka Towira una película de fantasmas? No sé si es posible responder esta pregunta con seguridad. ¿Es acaso una road-movie? Apresuradamente habría que decir que sí, pero el sentido común es enemigo de esta película tailandesa que juega constantemente con el espectador.

Tres amigos viajan desde la gran ciudad a un lugar inhóspito para visitar a una tía que no han visto desde que eran pequeños. El trayecto se dificulta, parece que ese lugar está olvidado o ya no existe, diferentes secuencias alternan a los personajes y situaciones normales son registradas con un suspenso y terror que altera el tratamiento habitual del género.

La película falla al comienzo, alarga todo un principio en el que muchos segmentos son poco interesantes e innecesarios. Afortunadamente subsana rápidamente ese error y con creces.

El final es tan verosímil como irreal, registrado con esa belleza que sólo el cine oriental puede lograr cuando se lo propone.

 

“Primero enero” (Dir. Darío Mascambroni) (Comp. Argentina)

Nuevamente nos encontramos en el festival con películas presentadas en el marco de lo que se pretende instalar como una suerte de Nouvelle Vague local, eso que todos repiten y nadie puede explicar bien qué es: “El nuevo cine cordobés”.

El verso no era intencional, desde ya.

Este mote tiene varios problemas, para empezar es falaz que las películas que se insertan en este “movimiento” tengan relación entre sí. Sólo por citar algunos ejemplos, podemos destacar la distancia que existe entre las películas de Rosendo Ruíz y “El espacio entre los dos” de Nadir Medina, o “Atlántida” de Inés Barrionuevo. Tampoco podríamos trazar un paralelismo entre “El último verano” de Leandro Naranjo y “Salsipuedes” de Mariano Luque. Es decir, que no estamos frente a un corpus ni mucho menos.

A su vez, este asunto esconde una segunda falacia cuando se utiliza el término “Nuevo”. Este grupo de películas, remarcadas como novedad, deberían entonces diferenciarse a lo previo, idea que necesariamente nos trasladaría a pensar que existe un “viejo cine cordobés”.

Finalmente, sólo nos queda pensar en agrupar estos films por su lugar de procedencia, lo que también es inapropiado. Si este fuese el caso podríamos enumerar un montón de movimientos sólo por cuestiones aleatorias y caprichosas.

Toda esta perorata puede hacer pensar que no me gustan las películas que mencioné, nada más alejado de la verdad. Mi única cuestión aquí es remarcar lo que creo es una estrategia publicitaria por parte de un sector determinado de la crítica y la cinefilia nacional.

Un sector que lo único que desea es descubrir a toda costa algo nuevo, ponerle un nombre e instalarlo, para luego inflarse el pecho y poder ingresar en algún que otro capítulo de un eventual libro sobre el cine argentino de estos tiempos.

Por eso el término falacia es el más indicado. Todo esto no redunda en otra cosa que en una treta mal argumentada que no persigue otra finalidad más que intentar sugerirle al espectador la existencia de algo que sencillamente no está en ningún lado.

Ahora sí, me disculpo y me permito pasar a hablar de esta escueta (dura poco más de una hora) opera prima de Darío Mascambroni.

De forma sencilla, pero muy efectiva, “Primero enero” nos relata la relación entre un padre y su pequeño hijo. Los reveladores de información son diminutos, pero lo suficientemente claros y precisos como para comprender qué es lo que pasa entre ambos.

El realizador, joven realizador, sorprende con una mirada muy adulta pero a la vez inocente estas dos personas que están aprendiendo, cada uno su rol, pero aprendiendo al fin. Una película íntima, simple (pero no simplista) y emotiva; filmada con mucha profesionalidad, a la altura de cualquier film que tiene estreno comercial en nuestro país, y con un guión lo suficientemente sólido como para permitir que el espectador mantenga el interés.

Una sorpresa, una linda primera película.

A su director, disculpas por dedicarme más a escribir sobre otra cosa que de su película.

 

“Primavera” (Dir. Santiago Giralt) (Comp. Argentina)

Me gustan las películas  de Giralt. Me sucede algo extraño siempre, noto que quizá hay cosas que se llevan al extremo del verosímil y que si las hiciera otro director las odiaría. Pero Giralt es diferente, hace las cosas de otra forma. No hay aquí argumento, sencillamente le creo cuando a otros no.

En “Primavera”, su primer película “grande” (por decirlo de alguna manera) en mucho tiempo, me pasó eso constantemente. El film, narrado desde la mirada de Angelo Mutti Spinetta (un enorme niño actor), nos cuenta como sería la vida de un chico en un mundo muy particular. Un mundo en el que la diversidad sexual aparece completamente desprejuiciada y el concepto de familia ensamblada es aplicado con mucha naturalidad.

Ahora bien, no es una película “realista”. Giralt no pone en ningún momento la solemnidad sobre la mesa, tampoco la sobriedad. Es una película sobre personajes y sobre una estética determinada. Sobre colores, gustos y problemas que pueden ocurrir dentro de ese escenario dado. No hay, en definitiva, una mirada moralista o ejemplificadora y allí radica lo mejor del film.

Sí es cierto que muy probablemente el espectador deba concederle algunas licencias a Giralt. La película por momentos se vuelve forzada y demasiado arriesgada, incluso para su propia lógica pero, si uno se arriesga y confía en este prolífico realizador, creo que no saldrá decepcionado.

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“El teorema de Santiago” (Dir. Ignacio Masllorens y Estanislao Buisel) (Comp. Argentina)

Hugo Santiago regresó al país, y al cine, allá por el año 2013 cuando filmó “El cielo del Centauro”. Según sus propias palabras, la idea de este film fue prepararse para lo que sería el cierre de la trilogía de Aquilea iniciada con “Invasión” y luego continuada con “Las veredas de Saturno”.

Este documental (un poco en el extremo el género) trata sobre cómo se gestó y llevó a cabo ese regreso. Desde el génesis del guión hasta el estreno, pasando por todo el rodaje de la película, los realizadores nos muestran  y nos permiten conocer en profundidad sobre una de las figuras más icónicas, y a la vez desconocida, de nuestro cine nacional.

Santiago es retratado por el equipo técnico del rodaje quienes relatan la quijotesca tarea que significó realizar “El cielo del Centauro”.

Con recursos poco habituales de entrevista y correos electrónicos se va reconstruyendo todo un proceso que tiene como eje uno de los tópicos más atractivos del cine: El propio cinematógrafo.

El título no es azaroso en absoluto, hay una suerte de trabajo intelectual que busca descifrar aquello que el mismo Santiago describe como su “Teorema”, es decir, aquella verdad cinematográfica que únicamente él puede constatar.

Tengo que pecar de hereje y decirlo: en muchos aspectos, “El teorema de Santiago”, es una película mucho más sólida, lograda e interesante que “El cielo del Centauro”.

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