Cuando los códigos chocan – Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999)

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“Como dijste, parece que todo cambió a nuestro alrededor. Ya nada tiene sentido…”

 

La década que había engendrado a la generación X daba sus últimos estertores, dejando tras de sí una apatía creciente, y una progresiva relativización de valores, fundamentada en el pensamiento posmoderno.

Dentro de este desconcertante entorno, el director Jim Jarmush plantea un relato en el que las reglas, los códigos, y la forma en que ciertos individuos se ciñen a los mismos, se convierten en su elemento fundamental.

 

Ghost Dog (Forrest Whitaker) es un infalible asesino a sueldo que se guía por los principios del Bushido, el código samurái.

A consecuencia de una deuda de vida, Ghost Dog es incondicionalmente leal a un gangster, Louie (John Tormey), quien periódicamente le encarga trabajos.

En uno de esos trabajos, la familia mafiosa a la que Louie responde comete un error y, para subsanar el mismo, considera que lo mejor es eliminar a Ghost Dog.

Ante esta situación, el joven asesino, que responde a Louie, pero no a su familia, se preparará para contraatacar.

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Mundos privados

Un elemento muy destacado del material es la particular construcción de sus personajes principales, considerando fundamentalmente sus entornos y la lógica interna de los mismos:

Ghost Dog vive en una terraza, acompañado sólo por sus palomas mensajeras, su único medio de comunicación con el mundo exterior. Reparte su tiempo en cumplir con sus trabajos, desarrollar dispositivos técnicos a los fines de los mismos, cuidar a sus palomas, leer y practicar con su katana. Sus creencias y visión del mundo se acentúan mediante la alternancia de estas acciones con textos del Hagakure, un tratado samurái del 1700, que es su libro de cabecera.

Sus vínculos interpersonales sólo se limitan a dos personas: un heladero francoparlante, con quien juega ajedrez, y sostiene diálogos en los que ninguno de los dos entiende una palabra; y una niña con la que intercambia libros y comentarios sobre los mismos.

Por su parte, Louie es un gangster con cierta ética, que pertenece a una rancia familia mafiosa cuyos miembros parecen haberse quedado en el tiempo. Todo lo que lo rodea parece verse desgastado y obsoleto, sin embargo él no se lo cuestiona, es lo que ha hecho toda su vida y se considera muy viejo para cambiar.

 

Estas circunstancias convierten, tanto a Ghost Dog como a Louie, en dos personajes aislados y anacrónicos respecto al mundo que los rodea. Dos personas que, de no ser por su sujeción al código de sus mundos particulares, serían lisa y llanamente dos marginados sociales.

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Cuestiones de honor

Ghost Dog y Louie son hombres de honor, pero en dos contextos diferentes, donde el honor es entendido de forma diferente:

Louie, para conservar su honor y su vida, debe eliminar a Ghost Dog, porque es lo que sus superiores le han ordenado, pero esto le genera un dilema moral, porque siente aprecio personal por él, y es conciente que la causa de ese homicidio es una disfunción de su propia familia.

Ghost Dog le debe su vida a Louie, por lo que lo considera su amo. Debido a esto, jamás contemplaría la posibilidad de matarlo, pero esa premisa no cuenta para los compañeros de Louie, por lo que no dudará un segundo en ir por ellos.

Esto pondrá a ambos personajes contra la pared, ya que literalmente sus vidas dependen de la sujeción o no sujeción a sus códigos.

 

En una primer mirada, ambos códigos, el Bushido y el de la Mafia, parecen similares e incluso compatibles: Los dos hacen hincapié en el respeto incondicional a un jefe, ya sea el señor feudal o el jefe de la familia. En los dos la obediencia es un elemento de vital importancia: Ni un samurái ni un gangster tiene que guiarse por lo que quiere, sino por lo que debe. Y en los dos el honor y la lealtad son condiciones indispensables, so pena de muerte, para pertenecer al clan samurái o la familia en cuestión. No es casualidad que el código de la Yakuza, a saber la mafia japonesa, se haya estructurado tomando como referencia directa al Bushido.

 

Pero existen dos diferencias que son vitales y marcan una fuerte grieta entre ambos códigos: En primera medida, los samuráis no eran criminales, podrían haber incurrido en abusos de poder o actos de suma crueldad, pero su proceder se ceñía a las leyes existentes y su fin era el servicio a un señor feudal, que detentaba las mismas.

La Mafia es, por el contrario, una organización criminal y clandestina, sus reglas procuran regular y organizar su actividad delictiva bajo la vieja premisa del “honor entre ladrones”. La Mafia es en sí misma una entidad concebida para perseguir fines espurios.

Por otro lado, mientras que los samuráis se sostenían a rajatabla a su código, procurando respetarlo y anteponiéndolo ante cualquier otra cosa, los mafiosos muchas veces tienen una actitud laxa hacia el suyo, rompiéndolo o reajustarlo cada vez que les resulta conveniente. Si algo la historia ha enseñado, es que los más destacados gangsters no han sido los que se han ceñido a las reglas, sino quienes han sabido saltárselas sin ser descubiertos, o detentarlas de acuerdo a sus necesidades particulares.

Para el samurái lo fundamental es el respeto incondicional al código, mientras que para el mafioso lo fundamental es hacer creer a los otros mafiosos que respeta el código, aunque efectivamente no lo haga.

Para un samurái el honor es un hecho, para un mafioso es sólo una apariencia y un recurso estratégico más.

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La mirada del director

Mediante la articulación de los conflictos y temas mencionados, Jarmusch logra construir una trágica y elocuente historia de samuráis en una jungla de cemento, que nada tiene que ver con el Japón medieval, pero que resalta sus valores esenciales.

Un relato firme y aplomado en el que el uso de los encuadres persistentes, los fundidos encadenados, los silencios expresivos, los sutiles movimientos de cámara, y la música hip-hop son completamente funcionales a su tesis.

 

“Finalmente él y yo somos de de dos tribus antiguas y diferentes. Ahora ambas están casi extintas. A veces es necesario recordar las antiguas formas. Las de la vieja escuela. Sé que me entiendes.” Le dice Ghost Dog a su amigo el heladero en un momento clave de la película.

 

Probablemente esa frase sea la que sintetice más cabalmente el sentido de esta obra.

 

 

Bibliografía:

Dickie, John. Cosa Nostra. Ed Debols!llo. 2006

Dickie, John. Historia de la Mafia. Ed. Debate. 2015

Nitobe, Inazo. Bushido. El camino del Guerrero. Ed. Ladosur. 2015

Shigesuke, Taira. Bushido. El Camino del Guerrero. Ed. Claridad. 2012 (1)

Tsunetomo, Yamamoto. Hagakure. A la Sombra de las Hojas. Ed. Claridad. 2012

 

  • El título original de esta obra es Bushido Shoshinshu, que significa “Bushido para principiantes”, aunque la edición en español ha sido editada con un título homónimo al del libro de Nitobe.
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