The X-Files S10E02: Founder´s Mutation

4a372167e9fb464ac6bd258d8db8ab87Lo ideal en estas reseñas semanales es limitarse al capítulo en cuestión. Pero lo que está pasando en The X-Files es tan grave que no puedo hacerlo.

El lunes pasado, Hernán Castaño escribió sobre la torpeza del guión del capítulo 1. Déjenme agregar un par de cosas, que sirven también para el capítulo 2.

En principio es la preocupante ausencia de gravitas y la pretensión de autoconsciencia. Ausencia de gravitas,  es decir de seriedad, dignidad, altura e importancia.

The X-Files, en su inmensa historia, tuvo capítulos divertidos, disparatados e incluso ridículos, pero el clima era denso, la paranoia conspirativa pesaba mucho. Para ahorrar, la producción filmó las primeras temporadas en Canadá, y ponía en los cartelitos que estaban en Columbia, Washington, Massachusets, Maine, Seattle o donde fuera. Siempre hacia frio y llovía. Este clima, luego logrado por The Killing, potenciaba los delirios de Mulder, y ponía a prueba a la racionalidad de Scully. Le dio un look determinado a la serie, y durante años imaginé a las oficinas del FBI de esa manera.

El éxito trajo aparejado la construcción de uno de los arcos argumentales más largos, complejos y duraderos de la historia del guión moderno. Mulder pasó por varios estadios: desde “el gobierno sabe que hay aliens, tiene evidencia y no la muestra”, siguiendo por “el gobierno está infiltrado por aliens”, seguido de “existe un pacto entre la sinarquía internacional  – el Sindicato – y los aliens” y muchas variantes más. Tantas que ni las recuerdo. The X-Files inauguró, allá por el 93, la mixtura entre gran arco argumental con el caso de la semana. Así, la serie dejo un rastro de migas de pan, nunca del todo resuelto: el embarazo de Scully, la vacuna (e inoculación?) de viruela, el Sindicato, el fumador, los informantes, las abducciones, etc, etc, etc.

Todo lo que se considera trama principal o “mitología” nunca fue realmente cerrado, ni cuando terminó la serie, ni siquiera en la primera película The X-Files (conocida también como Fight the Future, por el logline en su poster) No ayudó demasiado que la última película The X-Files: I want to believe, fuera de la modalidad “caso de la semana” dejando de lado la trama conspirativa. Decisión francamente inexplicable.

Decía entonces que la serie creó su mitología. Años atrás, en “I want to believe”, sus personajes principales quedaron en una situación límbica: Mulder perdonado – había sido condenado a muerte – y Scully ejerciendo la medicina. La relación entre ellos, que salvo contadas excepciones sucedió en el off, terminada pero en buenos términos. El hijo que tuvieron juntos, el cuasi mesías William, entregado en adopción.

Todos estos años, catorce desde que terminó la serie, y por consiguiente el arco argumental principal y ocho desde I Want to believe, sucedieron en suspensión criogénica. Salvo para la jeta de Duchovny.  Es decir, una meseta guionística. Scully sigue en el hospital. Mulder sigue en… bueno, no se sabe muy bien dónde es que está, pero parece una cabañita con WiFi. Al parecer, se hablan cada tanto.

Ya habrán adivinado que mi congoja es tan grande que no puedo hacer una reseña normal. En las reseñas no se debe hacer esto, que es conjeturar como podrían haber sido las cosas.

Veamos: tenemos el método J.J. Abrahms, un favorito de la casa, que agarra un mito, mucho mayor y por tanto más peligroso que The X-Files, y se pasa toda la primera hora de la película contándonos personajes y contexto, para luego hacer entrar a los big-guns, como Han Solo. Su aparición es inevitable, llena de estilo y guiños, y empuja la historia hacia adelante. Han Solo es la pieza que falta.

O podemos tomar el método de Vince Gilligan, que dicho sea de paso escribió varios buenos capítulos de X-Files, y crear peso específico para el personaje. Lo que hace con Saul Goodman en Better Call Saul es un ejemplo de paciencia y buen gusto.

Imaginemos esto, sin variar ni desvariar demasiado de la trama del primer capítulo, lo que no sería mala idea.

En el mundo están pasando sucesos extraños. Epidemias y crisis económicas inesperadas se suman a un desmedido aumento en los presupuestos militares de las grandes potencias.

Un periodista, al que plantamos en una escena inicial que no tiene nada que ver con abducciones ni extraterrestres, digamos un periodista político, serio, de peso específico en la TV de EEUU, recibe un indicio de una fuente, de que se están llevando a cabo experimentos con niños, amparados por el Departamento de Defensa. La descarta. Elipsis a unos meses más tarde: otro indicio. Y ya saben cómo va la cosa. Empieza a indagar. Es inteligente, no se mancha públicamente con una historia de esas. Pero lo amenazan feo, lo que solo sirve para aumentar su interés. Luego, una fuente anónima le deja un mensaje de solo una palabra, o un nombre: “MULDER”. En Google no sale nada. De hecho, es todo muy raro. Casi no hay registros. Solo en un diario de Oregón, una noticia de 1993, escaneada por una hemeroteca, que da cuenta de unos agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scully, investigando un extraño caso que tiene que ver con abducciones. El periodista desconfía. Es un papelón. No obstante, trata de acceder a la base de datos del FBI, para ver si encuentra al tal “Fox”. Se permite el chiste “¿Quién diablos se llama Fox?”

En una terminal de una oficina del FBI aparece un cartel de alerta. Están buscando a Mulder. Quien ve el mensaje es Skinner. Pero no es el único. Skinner se pone en contacto con el periodista. La situación se pone tensa. El periodista siente que Skinner no le está diciendo nada, que se invirtieron los roles, que Skinner lo está entrevistando a él y no viceversa. Se juega con la idea de que Mulder está muerto. El periodista percibe que Skinner está paranoico. Y se lo dice. Skinner se muestra dubitativo. Dice que no sabe si confiar en él o no. “Mucha agua bajo el puente”, comenta. Y le dice que necesita una segunda opinión. Y para eso nadie mejor que una doctora.

Scully está operando chicos con malformaciones. Al parecer hay muchos casos de chicos que nacen sin orejas. Skinner la espera en la puerta del Hospital. “Tenemos que hablar”

Scully investiga al periodista, al mismo tiempo que se profundiza en la línea de sucesos mundiales extraños, reforzando el contexto. No encuentra motivos para descreer de él, y en cierta manera, siente a su viejo amor, Mulder, reivindicado. El periodista, en una reunión de tanteo, le entrega a Scully parte de los archivos de su investigación. Parece legítimo. Un dato de los archivos le resulta raro. La aparición de un gen mutado en muchos chicos.

A la madrugada, Scully llaman a su puerta. Scully abre: es Skinner. Le hace una señal para que no hable. Escribe en un papel: “ – – Nombre de periodista – –  Muerto. ¿Infarto?”

A la mañana siguiente Scully, en una laptop encriptada, manda un mail a la dirección iwtb@gmail.com. Solo dice: “hey, tomemos un café”. Luego en el hospital, se ordena un análisis para una muestra de ADN.

Lejos, muy lejos, en Canadá, en un pueblito, el bartender de un bar de leñadores recibe un mensaje en su celular. Es el mail de Scully. El hombre deja su trabajo, le pide a un amigo que lo reemplace.

Toma su Pick-up Ford y se va a la montaña. En medio de un bosque, se acerca a una cabaña. Golpea la puerta no hay nadie. Cuando se da vuelta, encuentra a Mulder, con barba gris, y gorra, se lo ve bastante demacrado. Tal vez abusando del alcohol.  “Tienes un mensaje” le dice el hombre y todavía me debes por esas revistas” “¿Que dice el mensaje?” contesta Mulder. El hombre socarronamente le espeta “alguien quiere tomar un café con vos”

Mulder se muestra alarmado, pero calmado. “¿Puedes llevarme al pueblo?” dice. “Sí, claro”, contesta el bartender. Mulder entra por un momento en la cabaña, y saca un bolso militar verde. “Vamos” dice. 

Scully está terminando una operación. Mientras se limpia para salir, la enfermera le informa que un paciente la espera en el consultorio. Scully se muestra extrañada, pero no dice nada.  Además, le entrega los resultados del análisis que pidió. Va al consultorio, está oscuro, una luz en el baño, humo que sale, no se sabe si es vapor o cigarrillo.

Scully se asoma, Mulder, sin remera, se está afeitando. Tiene cicatrices en la espalda. No se sabe muy bien de qué.

“Discúlpame” dice Mulder mirando a través del espejo, “Pensé que tenía más tiempo” – Scully esboza una sonrisa muy leve: “Creo que tuviste suficiente”, le dice.

Hubiera sido mejor.

Como sabemos, no ocurrió así, ni otra variable. En dos patadas Mulder y Scully, después de catorce años vuelven al FBI, a trabajar en la división X. En un prodigio de la torpeza, el capítulo 1 es precipitado, ruidoso, escandalosamente malo y por sobre todo, desaprovecha una enorme oportunidad de abrevar en la mitología de serie. Supongo que el error tiene que ver con que este revival consta de solo 6 capítulos. Personalmente, hubiera preferido que esos 6 capítulos tuvieran que ver con la reinserción en el mundo de Mulder, renovar su relación profesional con Scully, y ver como se hacía para que el FBI volviera a tenerlos en cuenta, todo en medio de la conspiración global. Recordemos: Mulder fue condenado por una corte marcial a morir mediante inyección letal. En 45 minutos de trama, vuelve a las filas del FBI, convence a Scully de seguirlo y entiende que la conspiración que le llevo 10 años de investigación (en la primera era de la serie), fue un error. Que había entendido todo mal.

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El capítulo 2 mejora. Pero parte del pecado original. Ya tenemos a Mulder y a Scully, de trajecitos ambos, investigando un caso. Un científico que trabaja para un laboratorio genético con vínculos con el Departamento de Defensa, escucha un ruido insoportable y se suicida insertándose una barra metálica en la cabeza.  El capítulo es uno que tangencialmente toca el tema gran conspiración, y en realidad tiene que ver con el elefante en el cuarto: William el hijo que Mulder y Scully tuvieron y que extrañan, sobre todo Scully. Básicamente, el Dr. Goldman, está haciendo a los X-Men, para el gobierno, utilizando a bebés de madres solteras del hospital donde trabajaba Scully. Y si joden mucho las madres, las matan. Dos de esos chicos son sus hijos. Chicos con poderes psíquicos y habilidades especiales. El hermano menor, desapareció hace tiempo en un raro incidente, en la que la esposa de Goldman se abre la panza para dejarlo escapar (¿¿??). El chico, ahora de 17 años, busca a su hermana. Mulder y Scully lo encuentran, no tienen mejor idea que llevarlo con el Dr. Goldman. El pibe lo revienta y escapa con la chica. El gobierno tapa todo.

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Un capítulo perdido de una temporada cualquiera. Lo escribe y dirige James Wong, veterano de la serie y luego de fama propia por las películas de Destino Final. Hay torpezas varias en el capítulo, y algún que otro acierto. Las torpezas son describir al Dr. Goldman como un recluso y luego mostrarlo tan fácil y tan poco recluido, o no saber muy bien qué hacer con Skinner. Los aciertos son los falsos flashbacks de Mulder y Scully con William, y no mucho más.

Tal vez la culpa es mía, por el juego de expectativas. Esperaba mucho, y estoy recibiendo poco. Esperaba una serie que se creyera su propia historia, y siento que estoy viendo un especial auto paródico. Y siempre con la maldita sensación de que pudo ser fantástico. Trust no one (no confíes en nadie) dice la promoción. Me está costando no darle bola.

 

 

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