Cinco razones para que los Oscar te chupen un huevo

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Desde chico siempre fui bastante fan de la ceremonia de premios de la Academia. Los llamados “Oscar” aunque nadie sepa muy bien por qué. Me divertía ir adivinando quien iba a ganar cual premio. Esto no significaba que yo haya visto todas o alguna de las películas de la categoría, para nada. Veía los cinco nominados y decía “Gana tal”. Si ganaba, me anotaba un poroto. De mas grande seguí haciendo esto con compañeros de trabajo. Ambos teníamos el listado de nominados y hacíamos, un mes antes, la selección de nuestros ganadores. El lunes siguiente a la ceremonia corroborábamos quien era mas cinéfilo. ¿Qué pelotudos no? Porque, ¿Qué sentido tiene?

 

1- El Oscar es un circlejerk

Lo van a leer en muchas otras páginas o publicaciones. Y con razón. El Oscar es un premio que se dan los trabajadores de Hollywood a los trabajadores de Hollywood. Es el premio al empleado del mes de McDonald’s glorificado. Se celebran y festejan a ellos mismos como unos salames. Y para peor, la hipnosis (y autohipnosis) ha sido tan grande que ya hay muchos actores y directores que han hecho lo imposible por ganar como si eso de alguna manera les confiriera algún prestigio especial. ¿Acaso alguien va a considerar peor actor a Di Caprio por no haber ganado un Oscar? ¿Alguien consideraba peor director a Scorsese antes de “The Departed”? Rotundamente no. En cualquier caso, ahí los vemos, perdiendo la vergüenza, matándose por conseguir la estatuilla y entrar en el selecto club de ganadores.
Este video… duele:

 

2- ¿Diversidad? Mis polainas

Los que más o menos están embebidos en noticias de Hollywood o están en el ambiente saben que en este momento los Oscar están en el medio de una gran controversia que a esta altura ya peina canas. Se hizo popular el hashtag #OscarsSoWhite que referencia al hecho de que no hay afroamericanos nominados en las categorías principales. Esto se debe a dos razones primordiales. La primera es que a los afroamericanos (también podemos sumar a los latinos y a los asiáticos) no les dan buenos papeles. Y cuando se los dan, son uno entre mil. Aun así, es ilógico que en ‘Straight Outta Compton’ una película casi 100% de negros, el único nominado sea un blanco (el escritor, Jonathan Herman).
Al recibir pocos buenos papeles, termina siendo lógico que sean hundidos por los buenos papeles que sí reciben los blancos. Sobre todo por la segunda razón: los oficiales votantes de la academia son 94% blancos, 77% hombres, y tienen una edad media de 60 años. Datos reales. No hay diversidad. Si en vez de ser un 94% blancos, la academia se dividiera equitativamente en tanto a la proporción real de habitantes norteamericanos, ese 94% bajaría a un 50% y entonces la puja sería distinta y ese actor afroamericano (Denzel Washington seguramente) sí empezaría a destacar, lo que nos lleva al punto 3.

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3- El Oscar es un hecho político

Esto no lo hace ni mejor ni peor en realidad. Pero sí lo hace esquemático. Este año ya está echado a perder, pero el año que viene ya sabemos que va a haber una gran presión a la Academia para que voten representantes afroamericanos en las categorías. Pasó hace un par de años con “Twelve Years a Slave”, donde el director Steve McQueen, y sus actores principales Chiwetel Ejiofor y Lupita Nyong’o estuvieron nominados. El 2014 fue el año de los “Oscar para los afroamericanos”. Así como en otros tiempos fue “El Oscar para los anti-belicistas” y en otro “El Oscar para los patriotas”.
La academia se mueve por la influencia externa y no quiere quedarse afuera de lo que es popular más allá de su universo particular que es Hollywood.
Entonces deja de ser un premio, a convertirse en un concurso de popularidad social en la cual solo hay que adivinar qué teclas quiere tocar la academia. Un embole. Si todo fuera “justo”, se recompensaría lo que la academia piensa que es mejor a nivel cinematográfico y no estaría intentando dar un mensaje político año tras año. Como no es justo, viven balanceándose. Es así como el año que viene es probable que en todas las categorías principales haya representantes negros, que no está mal, pero debería ser porque reciben más y mejores papeles y no por una situación de equilibrar.

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4- No, en serio, lo de la diversidad

Mira que chupamedias de los yankees seremos que somos capaces de comernos esta ceremonia entera para ver si en la categoría “Mejor Película Extranjera” gana la que representa a nuestro país. Mira si no nos habremos puesto felices de lo cholulos cuando ganó “El Secreto de sus ojos”. “¡Ayyy que genial! Esto significa mucho trabajo para Campanella y sus socios en Estados Unidos”. Bastante opas ¿No?
Esto nos pasa con el fútbol (con la política y la religión en otra medida también). Defendemos algo como propio cuando no nos beneficia de ninguna manera real. “Salimos campeones”. No, vos sos fanático de un equipo que salió campeón de algo. Vos no saliste campeón de nada. “Somos gobierno”. No, vos votaste un partido político que va a gobernar el país donde vivís. “El papa es argentino carajo”. Ok, tu encefalograma es plano. No se cómo subsistís el día a día.
Les conté que yo, de chico ya hacía la jodita de elegir la película que iba a ganar. Después festejaba como un boludo. ¿Cuál era el sentido? Ninguno. Es ver una ceremonia donde unos ganan lo que les dan otros mientras uno festeja como una foca aplaudiendo porque secreta o abiertamente lo habíamos vaticinado.

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5- Es larguísima

La ceremonia de los Oscar, que algunos cholulos se comen encima con la alfombra roja, dura mínimo tres horas y media. Cualquier película de dos horas y media ya nos causa escozor en el culo. Imagínense una ceremonia de premiación con cortes comerciales y traductores de TNT que dicen cualquier pavada. Un escándalo. Shows musicales que no le interesan a nadie, un host que rema en dulce de leche un guión lleno de chistes totalmente localistas, y encima, año a año, el video de los fiambres donde asistimos a unos aplausos falsos que suben en intensidad cuanto mas popular era el muerto. Un disparate.
Este año, a dormir temprano.

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