Cuando la realidad golpea: Análisis de “Making a Murderer”.

 

making a

El artículo revela aspectos trascendentales sobre la trama y el desarrollo de la misma.

“Making a Murderer” es la serie del momento en Estados Unidos. Al parecer hay toda una sociedad en shock luego de conocer la trágica historia de Steven Avery. En nuestro país, debido al gran impacto que ha tenido el desembarco de Netflix, se está viviendo una situación similar, a una escala mucho menor por supuesto.

Antes de escribir siquiera una palabra sobre esta serie documental, necesito dejarle al lector muy en claro un pequeño detalle: TODO, pero absolutamente TODO aquello mi estimado amigo que lo horroriza respecto de este programa, en Argentina sucede a cada momento, de una forma muchísimo más burda, y con un nivel de impunidad abismal. Sí, no es un chiste de mal gusto.

En nuestro país, las 24 Hs de todos los días del año tenemos a personas, en su mayoría provenientes de los sectores más vulnerables de la sociedad, que son seleccionadas por las fuerzas de seguridad para ser inculpadas por crímenes que no cometieron, para plantarles evidencia y obtener condenas ridículas.

Nada más que a modo de ejemplo, tomando únicamente los indicadores del Servicio Penitenciario Federal, de las 10.425 personas alojadas en los complejos carcelarios del SPF, sólo el 39% se encuentra con condena, mientras que el restante 61% está privada de su libertad bajo la modalidad de Prisión Preventiva, es decir sin que una sentencia haya demolido la presunción de inocencia que juega a favor de cualquier ciudadano.[1]

De esta forma podríamos seguir, y seguir con todos los indicadores que involucran la negligencia de las fuerzas de seguridad y del poder judicial en la persecución y el posterior juzgamiento de los delitos, pero bueno esto no es una nota sobre estadísticas de derecho penal (aunque podría serlo).

making-a-murderer-43-

Lo importante aquí, antes de entrar en el análisis de “Making a Murderer”, es que esta problemática no es ajena y la vivimos todos los días (sin ir más lejos podemos citar el documental de Enrique Pineyro “El rati horror show”, para tener una leve referencia).

Ahora sí basta de preámbulos, vayamos al grano.

En el año 2003 Steven Avery, un hombre de Wisconsin, salía liberado de prisión tras pasar dieciocho años encarcelado injustamente por habérsele imputado un abuso sexual. La prueba que permitió que fuese exonerado era un análisis de ADN que al momento del juicio no era una prueba tan habitual como en nuestros días.

Luego de quedar libre de culpa y cargo por un crimen que no había cometido, Steven inició una cruzada contra el sistema judicial y las fuerzas de seguridad locales, generando manifestaciones, grupos activistas y, en el cúmulo de su reclamo, una millonaria demanda civil por daños al Estado que lo privó erróneamente de su libertad durante tanto tiempo.

Esta suerte de lucha contra el sistema duraría poco. Dos años después de ser liberado, Avery volvería a ser el centro de atención de todos los noticieros al verse acusado de cometer el brutal homicidio de Teresa Halbach, una joven fotógrafa.

Steven-Avery-appears-in-a-Calu

A partir de este punto, y con un rodaje ininterrumpido de diez años, es que “Making a Murderer”, expone todo el procedimiento a través del cual se llegó a la condena de Steven Avery y  su posterior encarcelamiento de manera perpetua.

Como si fuese un rompecabezas, las realizadoras Moira Demos y Laura Ricciardi, van lentamente reorganizando todo el proceso de la investigación penal que recayó sobre Avery. La recolección de las diferentes pruebas (incluyendo el testimonio forzado del otro acusado en el crimen y sobrino de Avery, Brendan Dassey, un joven con serios problemas y retrasos madurativos), van marcando el ritmo de una investigación cuestionable y polémica.

Resulta innecesario entrar en todos los detalles del caso, (que van desde cuestiones inexplicables como pequeñas gotas de sangre en un auto, hasta elementos completamente inverosímiles, como el hecho de que no se encontrara ningún rastro de sangre de la víctima en un cuarto en el que supuestamente fue agredida sexualmente y luego degollada) debido a que los diez episodios que componen la serie los abordan con demasiada rigurosidad. Lo importante a destacar radica entonces en el trabajo y el proceso de registro documental, quizá el punto más fuerte y el más flojo de todo el programa.

Las realizadoras lograron con el paso de los años un acercamiento envidiable a los protagonistas, un nivel de intimidad muy pocas veces visto en este tipo de producciones; tal es así, que si bien tenemos determinadas interrupciones donde placas ponen en contexto las diferentes situaciones, no hay un narrador, sino que la historia nos es relatada por todos y cada uno de los actores sociales. Otro punto altísimo es la gran cantidad de material y herramientas documentales a las que han tenido acceso Demos y Ricciardi, en particular los audios de las llamadas realizadas desde las diferentes penitenciarias por Avery y Dassey.

Como explicaba antes, la forma y la calidad en el proceso del registro documental de las realizadoras es a mi entender la mayor virtud y a su vez el peor defecto que tiene la serie.

makin_bts_002_h

Durante más de 8 Hs. nos encontramos recibiendo continuamente golpes en el estómago, presenciamos como un sistema falla estrepitosamente y le arruina la vida a un montón de personas. Si la aclamada “The Jinx” era de efecto espectacular al retratarnos al monstruo de Robert Durst, “Making a Murderer” produce una angustia indescriptible.

El problema es que la cercanía lograda genera una empatía que, con mucha astucia y manipulación, nos lleva a querer ver un desenlace puntual. A lo largo de todos los capítulos vamos entendiendo que en algún momento algo va a pasar: una prueba mágica, un nuevo sospechoso, la justicia revirtiendo sus errores. No sabemos qué, pero algo esperamos, y acá es donde la realidad le gana al cine, y más específicamente al documental. No pasa nada. Avery es encarcelado, sometido a un proceso, juzgado y condenado. Fin.

De alguna forma, luego de observar la serie y sus “defectuosos” últimos dos capítulos, uno entiende que las realizadoras aguantaron el material todo lo que pudieron.

Se terminó el juicio de Avery y fue condenado; se terminó el jucio de Dassey, y fue condenado. Ambos presentaron oportunamente todos los recursos procesales que el sistema legal les otorga, y no pasó absolutamente nada.

Demos y Ricciardi se encontraron entonces con un montón de material con el que no había otra forma de compilar que de la manera en la que lo hicieron. Si la estrategia era contar la historia de Steven Avery y su inocencia, debían concentrarse sólo en la primera parte de su registro: El juicio. Y eso intentaron, no les quedó otra salida. Ahí es donde se comprende la rapidez con la que avanza la línea de tiempo en los últimos dos episodios.

juror-in-making-a-murder-case-told-filmmakers-steven-avery-was-framed-1452106022

Lo interesante de “Making a Murderer”, y creo que el punto central donde está su valor, no recae en la inocencia o culpabilidad de Steven Avery. Cada uno, desde la comodidad de su sillón, podrá cínicamente jugar al detective y tener su propia versión de los hechos, pero lo fundamental está en otro lugar. Radica en exponer como una maquinaria, que funciona arduamente de manera ininterrumpida, falla catastróficamente, y como todas aquellas cosas que uno da por sentado desde su lugar de ciudadano común, no operan necesariamente con la lucidez que uno estima.

Luego de que el documental haya salido a la luz, varios artículos se han publicado con relación al caso. En ellos se mencionan determinados puntos vinculados a aspectos de la investigación y del pasado del protagonista que habrían sido manifiestamente obviados por las realizadoras y que comprometerían a Avery. Pero creo, como he dicho, que la discusión sobre esto no es trascendental.

Más allá de ese morbo de querer jugar al investigador, más allá de las dudas que puedan recaer sobre la inocencia o culpabilidad del protagonista, más allá incluso de la manipulación de la información en la que pueden haber incurrido Demos y Ricciardi, lo que no es discutible es la gran cantidad de fallas que nos son expuestas.

En definitiva Making a Murderer es una muestra más de que el sentido común y la lógica son bienes escasos en nuestra sociedad; y que este mundo, le pese a quien le pese, se rige por la estupidez, que siempre es más peligrosa que la maldad.

[1] Conf. Informe Agosto-2015 de la PROCUVIN 

Anuncios