Filmar pese a todo, sobre 5 broken cameras

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5 broken cameras es un film de género documental del año 2011, co-dirigido por el israelí Guy Davidi y el palestino Emad Burnat . Es éste último quien narra en primera persona las manifestaciones ocurridas en los campos de olivo del pueblo Bil’in en Palestina .

El realizador se hace carne en las cinco cámaras que son destruidas durante el conflicto que dura varios y dolorosos años. Cada cámara rota representa diferentes costos que se cobró la ocupación israelí en los campos pertenecientes a los campesinos, fuente de su único ingreso. El film no sólo retrata la lucha de este pueblo sino que también las imágenes de la cámara de Emad son registro de los diferentes personajes que combaten por sus ideales, de una infancia perdida, del paso del pueblo israelí de víctima a victimario y de la brutal represión que manifiesta el ejército israelí. Este documental nos deja el eco de una paradoja; En Nuestra música, Godard dice que “Los judíos se convierten en materia de ficción y a los palestinos les queda el documental”. Es éste el principio del plano y el contraplano del cine, las dos caras de la verdad.

5 broken cameras elige el registro documental para retratar la lucha de este pueblo palestino, el contraplano. El plano está representado por el Estado israelí, para ellos la ficción. La identidad de víctima construida del pueblo israelí cobra otro color en este documental: mientras que algunos israelíes se unen en la lucha de Bil’in, muchos terratenientes junto con el Estado israelí y el ejército, reprime cruelmente a los manifestantes. Piedras contra balas. Este es el fin de los grandes relatos.

Una de las líneas narrativas del documental tiene que ver con la infancia, particularmente la del hijo menor de Emad , Gibreel, nacido con el conflicto. Los primeros años de la vida de Gibreel están marcados por acontecimientos dolorosos, consecuencias de las manifestaciones. El enfrentamiento sumado al grado de involucramiento de su padre en la lucha hace que el conflicto tome el rol principal en la cotidianeidad del niño. El crecimiento de Gibreel es el retrato de la progresión de la escala del conflicto. Una escena nos sorprende con las primeras palabras del pequeño: “matar”, “cartucho”, “ejército”. Cuando el ejército israelí mata al primer niño civil, los niños protagonizan una marcha de protesta. Se modifica así su paradigma con respecto a la mortalidad propia y la del otro. La falta de entendimiento ante la mortalidad humana por parte de los más chicos es madurada y sobrellevada a través del tiempo, esto hace que la incertidumbre se vuelva certeza: es matar o ser matado.

Los inocentes cuestionamientos de Gibreel a sus padres respecto al conflicto y a la muerte de sus seres queridos deriva en un odio y resentimiento progresivos hacia los victimarios. Estos sentimientos hacen brotar la toma de posición y el sentimiento de lucha en la niñez. En 5 broken cameras la etapa de la niñez y el juego se ven interrumpidos abruptamente por la realidad que los rodea y cuando las primeras marcas del combate penetran en el hogar, la infancia se pierde y la sonrisa inquieta se borra en los adultos.

El registro documental de este film nos confronta íntegramente con la lucha de este pueblo. Es eficaz. Podríamos decir con 5 broken cameras y parafraseando a Godard que por suerte a los palestinos les quedó el género documental. En su libro El siglo, el filósofo Alain Badiou rescata algo que él llama “la pasión de lo real” y al respecto, dice: “Lo real es horrible y exaltante, mortífero y creador. Lo indudable es que está, como Niezsche lo dijo magníficamente, más allá del bien y del mal”.

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