Homeland S05E04: Why is this night different?

Estamos en plena transición. El episodio no se lanza hacia adelante como una tromba, sino que construye los cimientos con paciencia. Se empiezan a soltar datos, mientras la trama, como se nos había anticipado centra su atención, más no su acción, en Siria.

Es reconfortante ver que en una de las líneas narrativas, la de Carrie y Quinn, las cosas se desarrollan como era esperado. Es decir, Quinn no mata a Carrie y Carrie deduce que Saul es demasiado astuto para mandar a Quinn a liquidarla. Esto los lleva a actuar en consecuencia, es decir ir al Correo, dejar la prueba de muerte y ver quien pasa a levantarla. Todo muy artesanal. La rareza es que estos dos personajes estuvieron muy involucrados sentimentalmente. Cabe aclarar que en el capítulo pasado, Carrie le pega un tiro (al chaleco antibalas, afortunadamente) y Quinn la deja inconsciente ahorcándola. El sexo entre estos dos se imagina interesante. De aquel amor, de música ligera, nada más queda. Por ahora.

Por su parte, Saul y Allison montan una clínica del Doctor Cureta en Ginebra, para operar a la hija del general Youssef, a quien pretenden imponer como dictador en Siria, en reemplazo de Assad. Reitero lo que vengo diciendo desde hace rato: esto es un plot clásico de las novelas de espionaje. Hay que dar vuelta a un agente, hacer que trabaje para nosotros y mandarlo de vuelta a casa. Todo debe hacerse rápido y sigilosamente. Punto a favor de este observador: los guionistas se dan cuenta que si Saul era tan grosso, no es verosímil que este de cuerpo presente en una clínica en Suiza para cerrar el trato, y por ende el bueno del General Youssef lo hace notar “el mismísimo Saul Berenson, me siento honrado ”.

Otto During por su parte, le ordena a Jonas, abogado novio de Carrie, que ponga en contacto a Laura con una hacker que tuvo de cliente, y que convenientemente se encuentra bajo arresto domiciliario. En un obvio desconocimiento por parte de los guionistas (por yankees, obvio)  de las izquierdas libertarias del mundo, al conocerse la hacker y Laura, la periodista, coinciden en su cosmogonía anarco petardista sin matices, y acuerdan colaborar para llegar a un fin común (atención MTS, PO, Frente de Izquierda) es decir, decirle al Megahacker que robó información a la CIA, que el pendrive que entregó estaba vacío. Poné Windows y dejate de joder con ese Linux del orto, hippie.

El Megahacker Numan, nuestro árabe con cara de bueno, descubre que su amigo Korzenik lo mejicaneó, tratando de vender, por dos mangos con veinte por lo que se ve, la información a los siempre peligrosos MUCHACHOS RUSOS. Y en un regreso glorioso a las prácticas de los Soviets, a Korzenik lo hacen puré. A él, a la novia, al departamento y hasta el canario (lo que no se ve, pero se presume), porque lo sabemos: la KGB no deja cabos sueltos.

Youssef está subiendo a un avión con la oferta de ser Presidente de facto de Siria, 10 palos verdes para sobornos y un dial up para llamar a los marines si los necesita, en el mismísimo instante en que Quinn se tirotea con un chico malo en la puerta del Correo. Carrie, conservando la sangre fría hasta el final, recupera el teléfono del chico malo, que como era de esperar en mi párrafo anterior, es cosido a balazos por Quinn (aunque éste resulta herido). Carrie llama al único teléfono programado en el teléfono. En una maniobra estúpida, aunque muy efectiva para la trama, quien atiende es Allison. Ya sabemos, en Homeland, los pelirrojos son mala leche.

El General Youssef, en una redundancia semántica, es volado por los aires mientras vuela por los aires.

Y este humilde escriba sospecha que atrás de todo esto que paso esta su personaje favorito de esta serie: el genial Dar Adal.

Anuncios