Casi el mejor intento – REVIEW: “The Little Prince”

Lo primero a tener en cuenta ante cualquier adaptación de El Principito es que se trata justamente de algo difícil de adaptar. El libro original está presente a nivel mundial en el inconsciente colectivo, y más allá de que uno se sume o no al grupo de lectores que lo alaban, es imposible negar que tiene un encanto muy particular. Nada se parece a El Principito.

Antes de hablar de la película animada estrenada este año, coproducción entre Francia y Estados Unidos, dediquémosle un momento al libro. El hilo de la historia podría resumirse brevemente de esta forma: cuando su avión se descompone, un aviador se ve atrapado en el desierto del Sahara, y allí conoce a un niño príncipe llegado del espacio. Poco a poco, el niño va develando detalles de su viaje hasta la Tierra y de su mundo natal, un asteroide diminuto donde sólo hay tres volcanes en miniatura, semillas escondidas de baobabs y una rosa vanidosa a la que ama.

Lo especial de esto, sin embargo, es que esa mezcla de absurdos está relatada de forma tan infantil como triste, y entonces el lector cae en la cuenta de una melancolía extraña, la de una persona mayor y cansada, que de pronto elige los personajes maravillosos de la niñez para representarse. Así que, ¿es una historia para chicos o para mayores? ¿Cuál de las dos podemos esperar de la película?

Al igual que lo que puedo decir del libro, esta review contiene altas cantidades de una opinión personalísima y ALTO NIVEL DE SPOILERS (avisados están). Pero vamos a ver…

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En este nuevo film animado, “The Little Prince”, la decisión del director Mark Osborne (“Kung-Fu Panda”, “More”) y su equipo parece haber sido hacer algo mayormente infantil -comprensible desde el punto de vista de la industria-, pero guardando a su vez una dosis de poesía para los adultos. Y lo primero que podemos decir (para alivio de muchos, imagino), es que esta versión de El Principito no es El Principito.

Esta vez, la protagonista es una niña pequeña en una ciudad moderna. Ella trata de ingresar a una prestigiosa academia, en gran parte presionada por su mamá (quien en todo momento parece al borde de un pico de estrés). No obstante, entre los vecinos de la niña se encuentra el aviador de la historia original, ya bastante viejo pero muy jovial. Después de que ambos se conocen, él se convierte en su primer amigo, y va contándole por partes su encuentro con el Principito, en alternaciones a escenas en stop motion para las que no tengo más que aplausos (¡hermoso, hermoso stop motion!). Es así que, a medida que fluye la película, no sólo se va avanzando en la historia del Principito, sino también en la relación entre el viejo aviador y la niña, casi como abuelo y nieta.

Esta primera parte, al menos para quien les escribe, es un trabajo precioso. Parece estar hecha con amor, no hay mejor forma de ponerlo.

LePetitPrince stopmotion

Con la ayuda de un soundtrack a cargo del gran Hans Zimmer, la película logra mostrar la ternura poética que el trailer prometía, adaptándola a estos dos personajes. De un modo similar al de la historia original de El Principito, aparece la melancolía de alguien mayor entre los colores y la animación infantil. Entendemos que la niña está muy sola, y que, al igual que el Principito, tiene necesidad de un amigo. Entendemos por qué la mamá, también muy sola, insiste tanto en que su hija ingrese a una academia de gran renombre, y entendemos el entusiasmo del viejo aviador por contar su historia antes de tener que dejar este mundo él mismo. Allí se presenta el quiebre: el aviador no sólo está viejo, sino también enfermo. Pronto la niña, que ha sido “domesticada” por su amistad, tendrá que enfrentar su pérdida.

Es en este punto en que la película da un vuelco que… Digamos, hubiera sido mejor plantear de otra manera. En lugar de aprovechar el quiebre, comienza una aventura aparte de la niña bajo la consigna de “encontrar al Principito”. El cambio de la paleta de colores nos indica que esto puede ser tomado como la forma en que la niña procesa la futura muerte del aviador, pero de todos modos choca con la narrativa que se venía utilizando (partamos de la base de que toda esta aventura, que ocupa casi la mitad de la película, fue inteligentemente dejada fuera del trailer).

Las forzadas escenas de acción, un asteroide oficinista, y sobre todo una versión crecida y patética del Principito pueden pasar desapercibidas para los más chicos, pero producen un rechazo absoluto en los que sienten cariño por el libro… Que es la mayor parte de los mayores que van a ver la película. Un principito adulto, empleado como conserje y desesperado por serle útil al mundo de los negocios pareciera ser un lógico “NO”. Sin embargo, allí está, durante media película.

Resulta evidente que hay un objetivo de contraposición en todo esto, pero consigue parecer más un momento de malas decisiones que verdadero simbolismo. El fin de esa secuencia azulada y regreso a los colores cálidos es un gran alivio, marcando de nuevo el camino hacia el final de la historia.

En resumen, ¿qué decir? Bueno, que durante la primera parte de la película, los nenes probablemente se aburran mientras los adultos y lectores del libro se emocionan. Durante la segunda parte, los nenes contentos, y los grandes preguntándose, “¿era necesario?”. Sorprendentemente, sin embargo, el film consigue mantenerse sobre sus pies. Un cuento lindo y triste, que no es El Principito, pero que se acerca bastante a su espíritu.

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