Los gustos cuando se es joven

Es imposible no ponerse medianamente filosófico, pero ¿qué es la juventud cuando uno és joven? ¿Joven es un concepto que esta ligado directamente a una edad? ¿O a una sensación por absoluto interna?  Discernirlo es una tarea que sin duda sigue en la picota de aquellos ladrones de a 30 centavos por página (mas o menos) que siguen vendiendo panfletos a los que piensan que ir al psicólogo es para los débiles de espíritu.

El autor de estas lineas se proclama una persona joven, en edad y en espíritu si fuese válido. Y por eso encaro estas dos reseñas próximas con un tufo a engaño.

La huella en el alma es lo que se busca. Uno fue espectador muchas cosas de joven que se inscriben en el ámbito de “arte”. Pero no todas esas expresiones son dignas de re vivirse. Eso es lo que se busca. Esa impronta. El redactor tiene la tarea de hablar desde dos aspectos: el del anime y el del cine. A priori, usted lector, puede pensar que el autor perdió la cordura con sus elecciones. Pero fueron las de la juventud del redactor. Y cuando éste era joven, eso era lo que se emitía. Hoy todo es mas rápido, mas voraz. Y nada deja una impresión tan intensa o evidente como antes. Piensen un momento ¿Cuántos de los lectores de edad promedio de esta revista (de 25 a 40 años) recuerdan haberse fascinado con Robotech o Capitan Raimar? De seguro la mayoria. No había muchas mas opciones. Y la falta de opciones SIEMPRE deja su marca. Si uno no tiene para comer siempre va a recordar el pedazo de pan. Ante la opción se elige la que mas se adecúa al gusto. La ausencia de ella se conforma en una evidencia, un rescoldo en el alma. Por eso el reseñista se decanta por opciones difíciles. Podría haber elegido las antes citadas, o Caballeros del Zodiaco, o Sailor Moon, o Dragon Ball o Ranma 1/2 . Pero no. Elige una que es muy vieja, muy cursi y que tiene una característica emblemática: el doblaje es autóctono. Tres o cuatro voces para mil doscientos millones de personajes. Un desafio tremendo llevado a cabo de manera mediocre huelga decir.

La elección fílmica es rara. Las pelis son muy populares sin duda y se basan en la figura de su monolítico y pedregoso (al actuar) actor principal. Estoy hablando del gran maestro de Aikido: Steven Seagal. Decir que un actor es mejor en artes marciales que en el arte de la actuación es enunciar muchísimo. Steven Seagal es de esos héroes de acción que han aportado muy poco al mundo de la actuación en particular y muy poco al cine en general. Las películas, dispares (muy buenas como “Nico”, horribles como muchas de las demas) no dejan de ser entretenidas por el festival de extremidades destrozadas que promete la figura de Seagal y que cumple a lo largo de la hora treinta, hora cuarenta que dura cualquiera sea la cinta. Entonces… allá vamos.

Para animes, “Candy Candy”.

Candy Candy

“Quiero vivir y disfrutar la alegria de la juventud, no habra noche para mi, sin estrellas que den luz… gira gira carrusel, tus ruedas de cristal, recorriendo tus caminos, mi destino entontraraaaa…. CANDYYYYYYY CANDYYYYYYY CANDYYYYYYY CANDYYYYYY”

Abuso de mi memoria. No recuerdo exactamente si los versos iban de esa manera. Lo que si tengo claro es el “Candy Candyyyyy” con el que terminaba, y que siempre me pareció raro lo de las ruedas del carrusel. Un carrusel no tiene ruedas. Al menos no que tengan una función. A veces tienen unas ruedas que van insertadas en la estructura pero meramente escenográficas. Todo muy raro. Candy Candy es un anime arquetípico de la época en la cual fue producido en Japón: mediados a fines de los 70´s. La animación es fiel a los estandares de esos años. Personajes estilizados y espigados, colores fuertes, homenaje a Disney…

Basado en un manga hecho por dos mujeres, Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi (distanciadas años mas tarde por un quilombo de derechos), el anime adapta honradamente lo que dictamina el manga. La tragedia eterna que es la vida de nuestra heroína, llamada, logicamente, Candy que es una chica que vive en un orfanato al mando de una monja y una señorita llamada Pony (si. Pony). El hogar se llama pues ‘Hogar Pony’ y esta a pasitos del Lago Michigan, ya que la acción transcurre en EEUU en un momento muy particular. Candy y Annie, siendo solo bebes, son encontradas abandonadas en la nieve un dia de invierno de 1898. Al crecer juntas se vuelven mejores amigas para siempre, hasta que llega la familia Brighton a armar quilombo. Los Brighton son una familia muy rica que quiere adoptar a una niña que reemplace a su fallecida hija (porque #morboal2020). Su primera elección es Candy, pero al negarse nuestra protagonista para cumplir su promesa de estar con Annie por siempre (lesbian alert) deciden adoptar a ésta última que se pasa por el orto la amistad de Candy. Al menos por el momento.

Este evento principal signaría a futuro el esquema de la serie que dura unos buenos 115 capítulos. El desarrollo es similar a lo largo de la serie. Candy esta siempre a punto de conseguir lo que desea cuando una guachada o una muerte inesperada le arruinan absolutamente todo. Sin duda, el fenómeno shoujo de Candy Candy trascendió fronteras. Las nenas se vieron fascinadas por el desarrollo de la blonda protagonista. Esto esta muy bien llevado en la serie. Los años van pasando y los personajes “crecen”. Por dentro y por fuera. Candy sigue siendo la misma boluda llorona “siempre para los demas”. Pero, que persona cambia tanto… vamos. La gente es asi. Uno diría que los traumas que sufre Candy (muchos, miles, millones) comparados con los triunfos, aplacarían su inocencia y la harían una mujer acorazada. No. No es asi. Usted se ha equivocado. Candy es la personificación de la inocencia desde el capítulo 1 hasta el capítulo 115. Y esta bien. Porque el mensaje de Candy Candy es el mejor mensaje de todos. Hoy que la televisión, el cine, el teatro, las historietas, los dibujos animados y casi cualquier expresión artística nos quieren vender un modelo de persona cínica, amargada y anti heróica que consigue lo poco que consigue en base al argumento de “no importarme nada”, Candy Candy trasciende por poner la alegría primero. El argumento de la otra mejilla es invaluable en tiempos de desidia. Candy Candy es un monumento a la tragedia. Y una efigie hecha de sueños de esperanza y apuntalada por la bondad.

 

Steven Seagal, el gordo rompededos

Cuando yo era chico veía las películas del buen Steven con una felicidad inexplicable. Las que dejaron su pisada mas fresca fueron dos: “Marcado para la Muerte” y “Dificil de Matar”. Difícil de Matar… Duro de Matar. Hard To Kill, Die Hard. ¿Notaron a que caballo se quisieron subir? Ambas pelis del buen Esteban son un desastre en muchos sentidos, pero buenísimas películas de acción. Steven Seagal contrasta con el citado Bruce Willis a nivel actor de acción en muchos parámetros. Primero Bruce Willis es un poquito mejor actor. Le sale mejor la comedia. Apenas. Pero le sale. Tiene mas expresión facial (que es basicamente lo mismo). Y le dan mejores guiones o elige guiones mas acertados para su figura. Eso es cierto. También sucede que a Bruce Willis le pegan mucho mas que a Steven. Quizás por su orgullo como septimo Dan en Aikido, y sensei de Dojo en Japón, a Seagal la idea de que lo lastimaran mucho no le cabía. Los insto a que revisen la filmografía y cuenten los golpes que le asestan. No hablemos de la explosiones o balas. Hablemos de las trompadas. Cuando Bruce Willis, Stallone, el gran Arnold o cualquier otro comía al menos una piña por cada cinco que tiraba, a Steven Seagal no le llega nada. Cada brazo o pierna que vuela a cinco centímetros de su piel se convierte en un miembro descuajeringado. Por eso me gustaba Steven. Era un duro de verdad. Todos los que nombré son duros, pero Steven es un intocable literalmente. Es una bestia que avanza causando dolor como un tornado en Oklahoma.

En “Marcado para la Muerte” se enfrenta a unos jamaiquinos narcotraficantes a la vieja usanza ochentosa norteamericana. Negando toda ley internacional, todo código de conducta. Todo. It´s payback bitch.

 

En “Hard to Kill”, a Mason Storm lo dejan por muerto en su propia casa. En coma durante siete años vuelve para saber que carajo sucedió, reencontrarse con su hijo en peligro y ponerla a lo loco con la minita que le hace acupuntura. Lindante a lo bizarro. Con la participación del casi siempre malo William Sadler.

Ambas cintas son un desastre lleno de goofs, agujeros de guión, malas actuaciones en general, mala dirección casi siempre. Pero enormes fuentes de baratísimo divertimento. Con Steven Seagal pasa lo mismo que pasa con Bruce Willis en Duro de Matar. Casi todas las pelis son iguales. Todas las pelis de Steven Seagal son similares. Los malos son muy malos. Malísimos. Casi nunca tienen un motivo para ser tan perversos. O el motivo deja tan perplejo al espectador que no tiene por mas que creer que tiene que ser asi. Y por eso gusta tanto la brutalidad contenida que despliega Seagal. Casi nunca grita ni levanta la voz. No esta en sus posibilidades sonreir efusivamente. Su cara es de granito. El granito es incluso mas moldeable que las facciones raras de Seagal. Es una mezcla de indio navajo con gigante (mide 1,93).

Se preguntaran porque no reseñé “Alerta Máxima” o “Nico” (o “Por Encima de la Ley”) que si tuvieron mas éxito a nivel crítica. Mi respuesta es simple. Las otras dos me gustaron mas. En el caso de “Alerta Maxima”, en mi cabeza no entraba tanto la idea de un chef de barco que masacraba rivales a mansalva. Tampoco me llegó tanto su secuela (en un tren). No digo que fueran malas. Son entretenidas y bastante bien llevadas. Pero a mi me alcanzaron de manera muy juvenil “Marcado para la muerte” y “Difícil de Matar”. Y miren como me llegaron, que he visto (decepcionado en tanto esperaba brutalidad políciaca) su programa donde es sheriff comisionado en Louisiana.

En una discusión que hemos tenido en el grupo de Facebook se planteaba que una película puede ser muy mala y aun asi ser entretenida, en tanto muchas de las mejores películas jamas filmadas pueden ser bodrios insoportables. Hola cine irani. En ese apartado creo que Steven Seagal (que ha producido la mayoria de sus filmes) ha descollado siempre. Todas y cada una de sus películas son una montaña rusa. ¿Y que le importa mas a un pibito que pasarla bien? Para fijarse en la fotografía estan los críticos y los estudiantes de cine.

 

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