Reseña: NARCOS

En un clásico movimiento de conquista de T.E.G., cuando la tarjeta marca el objetivo de dominar América Latina, Netflix lanzó una más de sus series originales: Narcos. Porque ¿quién es la figura más popular y con más capacidad de magnetismo de la región?. Exactamente, Diego Armando Maradona. ¿Garpa para Netflix y para el público gringo hacer una serie sobre El Diego?. Por supuesto que no. Entonces ¿qué, pues?. Claro -ahora en serio- el narcotraficante más grande de la historia: Pablo Emilio Escobar Gaviria.

La figura de Escobar es una mina de oro para las adaptaciones. Desde libros, biopics, inspiración tanto para personajes como para mundos enteros; incluida aquella serie que fue el suceso argentino en el verano 2013, El Patrón del Mal. ¿Se puede tener, entonces, en algún momento “demasiado Escobar”?. La respuesta, por supuesto, es no. Siempre más Escobar es mejor que ningún Escobar. Lo que sí se puede hacer es buscar un ángulo distinto respecto a cómo encarar el tema y algunas variantes desde lo técnico para refrescar.

En el caso de Narcos tenemos la voz en off casi permanente de Steve Murphy, un agente de la DEA -si no vieron suficientes películas, es la policía antidrogas de EEUU- que pasa de corretear hippies marihuaneros en ojotas de Venice Beach, Los Angeles, a estacionarse en la Colombia narco de fines de los 80’.

Debo confesar que al principio encontré el recurso bastante molesto. Por momentos se abusa del mismo y se atenta contra la sensación de compenetración del mundo de la serie. Pero a mitad de temporada ya es un elemento más que adquirido, y termina, contrariamente a lo pensado, generando una mayor inmersión porque le da un estilo de narración de documental que funciona muy bien. Incluso se intercalan fotos y videos de archivo del Escobar real, noticias de atentados, discursos políticos.

En este sentido, todo sería mejor si el personaje de Murphy tuviera alguna gracia característica. Sobre todo para jugar de contrapunto de su compañero Javier Peña (Oberyn de GoT), que tiene mucho más rock ‘n roll encima y se acuesta con sus informantes, como debe ser.

Además del aire a documental por la narración y las imágenes de archivo, la dirección y la fotografía son espectaculares. José Padilha (Tropa de Elite, RoboCop) y los demás directores realizan un gran trabajo en mostrar distintos aspectos de la hermosa Medellín. La ambientación, desde los autos, el vestuario,  hasta los picos, la selva… todo cierra perfecto, de tal modo que aunque se tratara sobre la historia de un cantante de boleros, igual nos daría ganas de ver Narcos.

Hablando de cantante de boleros, el tema de la presentación, los créditos al inicio, ya lleva más de tres días en loop en mi Spotify. Seguramente noten el aire a True Detective en la secuencia, muy linda, muy bien hecha, mezclando lo onírico con los golpes de realidad de ver al verdadero Pablo Emilio andando en moto o su legendaria mugshot. Toda la banda sonora es para adoptar, con el plus especial de la hermosa canción de Soda Stereo, “Lo que Sangra (La Cúpula)” sonando, mientras Pablo se fuma un habano en las playas panameñas.

El aspecto técnico es sin dudas uno de los ganchos más fuertes que tiene Narcos, pero su verdadera arma -no tan secreta- es otra, y se llama Wagner Moura. El actor brasileño que da vida a la leyenda de Escobar, oportunamente rodeado de un cast de habla hispana que también está a la altura de la producción. Sí, es cierto que se le notan a Moura algunas patinadas de su portugués, pero una vez que podemos tomar eso como algo natural, nos permitimos disfrutar de una de las performances más magnéticas, a mí entender, desde Leo en The Wolf of Wall Street. No porque el Escobar de Moura dé discursos motivacionales simil-pastorales o porque ande a los gritos como varios narcos/mafiosos de la ficción, todo lo contrario. Es un approach de hielo, de calculador, pero también de tipo que toma resoluciones, y que se sabe número 1. A veces no conocemos exactamente qué piensa o qué va a hacer Pablo, y generar esa pequeña intriga es todo mérito de Moura, que se las arregla para esquivar los clichés de antihéroe tan presentes los últimos años. Sepan o no la historia de Escobar, siempre hay detalles que sorprenden y hasta el más moralista llega a sentir una especie de admiración por la figura de Pablo a pesar de todo. Un efecto similar al generado por el Jordan Belfort de DiCaprio, otro bandido.

Narcos es otro acierto de Netflix, el conquistador de mundos, esta vez dando el paso hacia el voto latino. Con una de las historias reales más atrapantes de todos los tiempos, un costado técnico de nivel extraordinario y la mística de Wagner Moura como punta de la lanza, le alcanza y sobra para ser un éxito destinado a verse de a más de un episodio por vez.

“El realismo mágico es definido como lo que pasa cuando un mundo detalladamente realista es invadido por algo demasiado extraño para ser verdad… No por nada el realismo mágico nació en Colombia”. Con esta cita abre Narcos y, como la cocaína de Pablo, genera adicción mientras nos lleva en un viaje a través de aquella Colombia increíble. ¿Ya quieren verla, no?

Hágale, pues.

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