NINGÚN LUGAR DONDE ESCONDERSE – A propósito de esa joya llamada It Follows

No es sencillo sentarse a ver y ulteriormente analizar una película que ha generado tanta expectativa como It folows. Hace mucho tiempo que no se insistía tanto con las bondades de  un producto del cine independiente norteamericano –en este caso una coproducción con Canadá-, lo que inevitablemente condiciona el visionado y lleva a uno a pensar si este excesivo hype no será simplemente una sobrevaloración producto de esa ola masiva que no se sabe bien de donde viene, pero que de vez en cuando arrastra a críticos y espectadores por igual hacia ese extraño lugar denominado unanimidad.

Lo cierto es que la excelente recepción que tuvo tanto en Cannes como en el Festival de cine de Mar del Plata y en el último BAFICI la transformaron en un “must see” del nuevo cine de terror, los problemas con su estreno en nuestro país y la espera acrecentaron su aura de película maldita, y sus virtudes y cualidades cinematográficas la convirtieron en una película de culto.

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Porque, claro, es verdad que en It Follows hay un poco de John Carpenter, otro poco de David Lynch, y cierta influencia del cine de terror de los ’80. Pero lo interesante es que con todos esos elementos logra generar un lenguaje/universo particular, con características propias y singulares que rompen con el esquema tipificado por directores como Wes Craven, Clive Barker, Sean Cunnigham, y escapa a ciertas reglas de hierro del slasher o las películas de terror con adolecentes como protagonistas –o mejor dicho carne de cañon- en el cuál los personajes que quieren perdurar hasta el final de la película deben procurar evitar tener sexo, a riesgo de ser descuartizados incluso en el momento mismo del acto. Acá la cuestión es un poco menos lineal y se plantea de manera ambivalente: el acto sexual que mata, también da vida. Quien se vea perseguido por la muerte multiforme y quiera sobrevivir a un deceso dilatado pero seguro, se verá obligado a tener sexo. O dicho con otras palabras, la única manera de no morir en manos de un antagonista intangible e implacable es garchando. Y sin profilaxis. Así qué, no. Descartemos de entrada la alegoría facilonga y moralizante del virus del sida.

It follows tiene una premisa tan sencilla como original. Aunque cierto tipo de espectador posiblemente vaya a torturarse haciendose/haciendole miles de preguntas mentales, hay muchos otros que con seguridad no se las planteen más que casualmente, que las deje pasar como quien no quiere o no le importa la cosa. Olvidémonos del “por qué”. No nos interesa, nos tiene sin cuidado, es irrelevante.

En la película hay un ente-asesino que persigue a su víctima a paso firme pero lento, dándole tiempo para escapar pero no por mucho tiempo. Porque el ente no corre, pero tampoco se cansa, ni se rinde, y nunca va a detenerse hasta cumplir con su misión asesina. Es posible que solo sea un cazador divirtiéndose con su presa ¿Por qué no? Si ni siquiera sabemos las razones por las que “eso” mata. Pero claro, tampoco es que interesen demasiado. Lo único importante es el desarrollo y el resultado de la cacería.  Cómo en la paradoja de Zenón, los adolescentes que corren desesperados representan a Aquiles, y el “ente” que los persigue es la tortuga que siempre está un paso adelante, por más esfuerzo que pongan en intentar escapar.

Conozco mucha gente que tiene muñecos y figuras de colección de personajes de películas de terror, asesinos y psicópatas que se cargaron a muchísimos personajes de las maneras más brutales y sangrientas, pero sin embargo posan en repisas y cajas originales sin abrir como héroes de acción. Intuyo que en el caso del asesino de It follows eso va a ser medio complicado, porque se trata de una entidad incorpórea per se, que va tomando diferentes formas físicas para cazar a sus víctimas. Posiblemente esta sea una de las razones por las cuales no estamos deseosos de que los adolescentes sean liquidados lo más rápido posible y de las maneras más perversas. Digamos que uno puede sentir empatía por personajes como Freddy Kruegger y sus filosas garras, o Jasón con su máscara de hockey y machete, pero en It follows es imposible empatizar con un asesino que no sabemos ni siquiera qué es. Entonces comenzamos a ponernos del lado de los chicos, que además no son los típicos tarados superficiales y tienen un tono cuasi existencialista. Queremos que sobrevivan, que lleguen al final, queremos saber de qué manera van a derrotar o al menos escapar de ese ente que los persigue, aunque a veces hagan pavadas sin sentido –como en la preciosa pero incoherente escena de la piscina, o cuando juegan a los “bugchasers” por amor o por obtener un poco de esa droga natural llamada adrenalina- simplemente porque son adolescentes y tienen miedo.

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It follows es una película paranoica que pone todo el peso del relato en el clima gracias a una narración precisa, esquivando de manera más que acerada el susto fácil y predecible. Pero además posee un clima entre onírico –pesadillesco antes que agradable- e hipnótico, con esos adolescentes recorriendo los suburbios de una Detroit siempre quebrada y espectral, una fotografía del carajo y un ritmo increíblemente atrapante que la hacen sobresalir largamente entre las de su especie, que se pelean por mostrarse quien más efectiva, simplemente apelando al sobresalto o los espíritus chocarreros, y terminan siendo burdos productos descartables. It follows no busca el susto facil a través del típico sobresalto apoyado en el ruido repentino o el golpe de efecto simplista, ni tampoco parece buscar generar un horror extremo. La película de David Robert Mitchell es puro clima y belleza estética. Se apoya en el terror sobrenatural -un ente asesino que toma distintas formas- anclado en los miedos cotidianos. ¿Por qué nos pone tensos una anciana que camina a paso rengo o un niño flacucho? ¿cómo es posible que algo tan insólito y bizarro como un anciano desnudo arriba del techo de la casa genere esa sensación de que está todo mal y se va poner peor? En ese terreno es donde juega todo el tiempo y se hace fuerte esta película. Un grupo de adolescentes asustados, lucha por sobrevivir a un asesino del cual no lorgan comprender ni siquiera sus motivaciones. Son jovénes en un suburbio industrial en ruinas, y están solos. No existe otro universo más que el del adolescer jovén, solo se tienen entre ellos, y la poca ayuda externa al grupo que reciben proviene de otro adolescente, un vecino temerario. ¿Y los adultos? No están, no son, no existen más que verbalmente. Nunca se muestra a los padres o a los vecinos, solo se alude a ellos como seres casi que podría decirse extraños, de otro mundo. Los chicos están solos, y solos deberán sobrevivir a un momento doblemente complicado en sus vidas: la adolescencia y la muerte sobrenatural que acecha.

It follows sobresale, además, porque es una película insólitamente atemporal, y eso genera un clima de desconcierto que enriquece la extrañeza de un relato de por sí extraño. Imposible saber si el tiempo diegético es 1980 o 2018. Hay varios elementos anacrónicos que delatan este suceder en un universo paralelo o un limbo temporal. Un personaje lee El idiota de Fedor Dostoievski en un aparato tecnológico retrofuturista que solo puede existir en esa realidad, una especie de concha marina pequeña, digital, táctil y rosa, pero en la escena posterior se observa claramente en la habitación de una de las protagonistas un antiquísimo televisor a válvulas. O el hecho de que un personaje se lo pase mirando películas de terror muy antiguas mientras su compañera se entretiene con lo que parece ser un Smartphone.

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Sin duda It follows está entre los más destacados estrenos de este año, así como también en la cúspide del cine de terror contemporáneo. Como cada tanto suele suceder, cuando uno comienza a perder la fe en un género –en este caso, el terror- aparece alguna joya entre la basura y renueva las esperanzas de un mejor cine de género.

Y la banda sonora, una gema de la música electrónica compuesta por Richard Vreeland (A.K.A Disaterpeace) que mezcla a John Cage con John Carpenter y el polaco Krzysztof Penderecki, elemento esencial aporta lo justo y necesario para ayudar a crear ese clima enrarecido que se percibe durante todo el largometraje, merecería un post y un análisis aparte. Análisis que no pienso hacer, sino solo recomendar que no se pierdan los extras del dvd, donde el mismo Disasterpeace explica su trabajo como compositor y la génesis de la banda sonora de It follows.

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