“Allí andan las naves; allí este Leviatán que hiciste para que jugase en el mar”

Este es un documental de corte experimental dirigido por Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel,  ambos antropólogos y cineastas, sobre la pesca en altamar. Leviathán toma lugar en las aguas de New Bedford, en el estado de Massachusetts.

Lejos de ser un documental de corte observacional acerca de una de las actividades más primigenias del hombre, como lo es la pesca, este film apela a inmiscuir al espectador en el mundo de los pescadores y a enfrentarse a una naturaleza más que brutal quien cobra un protagonismo fantástico y místico.  Todo esto, sumado a una atmósfera sonora cuasi fantasmagórica, donde los sonidos del barco, de la máquina, se ven acentuados en desmedro de las  voces  humanas (las pocas que se logran escuchar son inentendibles), dan cuenta de una voluntad por mostrar la prevalencia de la máquina y del mar, por sobre el hombre.

Estructuralmente hablando, ésta película se construye mediante el ritmo generado por el montaje y el sonido, como elementos portadores de la carga dramática y contrapuntística.  Son los mayores constructores de la atmósfera y del elemento místico bestial que rodea todo el documental.

Para filmar este largometraje, se valen de doce cámaras GoPro, generalmente utilizadas para deportes extremos, que instalan en los cuerpos de los pescadores, en lugares inusuales del barco, en los peces y  otras atadas en palos generando puntos de vista y angulaciones extrañas. Podríamos arriesgar que mediante este recurso, Leviathán propone un punto de vista humano y un punto de vista cuasi animal generado por el efecto que tienen las GoPro bajo el agua o montadas en los animales.  Logra así, distintos puntos de vista subjetivos en  un relato descentrado.

Es una película que hay que observarla a su tiempo, que nos va adentrando a veces de manera abrupta, a veces poco a poco, en la vida en alta mar. Las tomas por lo general son largas, pero logran una propuesta muy interesante en donde el encuadre se va modificando en toma, poco a poco, afectado por el ambiente: debido a las salpicaduras de agua o los flares (destellos en el lente) que se generan por las luces del barco, la composición del cuadro va cambiando, el paisaje se va transformando debido a la intervención del contexto.

Haciéndose de una paleta cromática compuesta por colores saturados y virada al alto contraste, logra planos de fuerte pregnancia y atractivo estético sin igual, que uno no siempre relacionaría con la actividad pesquera. Por momentos, el alto contraste es tal, que sólo dándole el tiempo necesario a la toma logramos visualizar nítidamente las figuras de las gaviotas carroñando los desechos y pescados muertos que vomita el barco.

En Leviathán hay una apuesta estimulante a la dimensión simbólica de lo que representan el barco pesquero y el mar. El barco y el oleaje son construidos mediante una exaltación del sonido y tomas avasallantes, como un personaje más de este documental, materializando la gran bestia marina, el Leviatán que devoraba  a los barcos dando vueltas a su alrededor rápidamente, creando un torbellino. En este sentido, el título del documental queda lejos de ser casual y la dedicatoria a los barcos hundidos en alta mar con la que finaliza esta película, nos invita a reflexionar si realmente es sólo un documental sobre la actividad pesquera o más bien, apuesta a abrir una especie de múltiples abordajes .

La manera en que se  construye lo errante en  Leviathán está acentuando uno de estos abordajes: es un barco del cual no tenemos visualización del contexto, debido al uso del alto contraste, las tomas del mar son sumamente expresivas y apremiantes generando más una sensación de miedo y brutalidad ante la naturaleza que una suerte de ubicación geográfica o de establecimiento. Da cuenta de un espacio en el que sólo están la naturaleza y el hombre. Pero éste es un hombre-máquina, un hombre totalmente dependiente del oficio, mecanizado. En el libro de Hobbes, el autor dice que el hombre es únicamente cuerpo, y a juzgar por  la manera en que éstos  destazan los pescados y los tiran en el barco, da cuenta de una humanidad  deshumanizada y alienada en su trabajo. Este documental nos invita a poner en duda realmente, quién es el depredador de quién en este oficio.

El film, se adentra  de una manera nunca antes vista a la pesca en altamar. Debido a los planos elegidos, consigue un extrañamiento, una distancia reflexiva, acerca de la actividad que se está llevando a cabo y la interacción con el contexto. El Leviathán de Hobbes parte de la premisa de que  “el hombre es un lobo para el hombre”, negando el plano de la relación y de la comunidad, catalogándola de artificial. El documental de Castaing-Taylor y Parávél materializa esta afirmación: los pescadores casi no dialogan entre sí, no hay lugar para la palabra sino sólo para el cuerpo en acción, abocado al trabajo. Haciéndolos dialogar,  el pensamiento de Hobbes  sobre la naturaleza humana afirma que el hombre en la naturaleza se aboca al sobrevivir y no deja lugar para la convivencia.

Leviathán, el documental, nos interna en esta reflexión suscitándola mediante las sensaciones  y un tratamiento estilístico poco antes visto.

FICHA TÉCNICA

Realización y montaje: Lucien Castaing-Tayler, Véréna Paravel

Postproducción de sonido: Ernst Karel

Diseño de sonido: Jacob Ribicoff

Producción: Arrête Ton Cinema, Harbor Picture Company

País y año de edición: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, 2012

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