Ragnar, el Vikingo

No me resultaba muy atractiva la idea de ver una serie producida por History Channel. No es que no disfrute gemas como “El precio de la historia, o “Cazadores de Tesoros”. Están muy bien para relajarse a la hora de la cena. Pero cuando veo una serie quiero algo más.

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Vikings es algo más. Al parecer, La Saga de Ragnar Lothbrok ( O Lodbrok, como es frecuentemente nombrado) es bastante conocida en los países escandinavos, principalmente a través de una serie de registros conocidos como las Sagas Islandesas, un compendio de historias, cuentos y poesías acerca de eventos ocurridos en las tierras nórdicas durante la Edad Media. No tengo en mi biblioteca ese libro, pero me gustaría. Avisen si lo ven por ahí.

Les decía entonces, que Vikings nos cuenta la historia del ascenso al poder de Ragnar Lothbrok, interpretado por el ignoto Travis Fimmel, un joven vikingo, padre de familia, que se permite soñar con expedicionar hacia el Oeste, hasta ese momento un destino desconocido para su gente. Ahora, expedicionar es un término un poco romántico para lo que va a pasar. Ragnar le pide al Conde Haraldson, su señor, (un soberbio Gabriel Byrne) que instruya a una flota para viajar hacia estas tierras. Por supuesto, el Conde Haraldson se niega. Como era de esperar en un Vikingo, Ragnar zarpa de todas maneras. Y descubre Inglaterra. Y acá se acaba la presunción romántica. Nuestro grupo de Vikingos, que hasta ese momento nos caían bastante simpáticos, mata, viola y roba todo lo que está en su camino.

Como en The Shield, Los Sopranos, Breaking Bad y otras series, en Vikings, el protagonista es, esencialmente, un sociópata. Como es común en estos esquemas, es un sociópata más inteligente que los demás sociópatas, y la diferencia es que, francamente, no hay escasez de sociópatas en la Baja Edad Media. Pero bueno. Ragnar Lothbrok mata gente. A lo pavote. Y lo disfruta. Muchos de esos indefensos, con el solo fin de robarles.

Vikings tiene una pulsión didáctica que se agradece. Sabe que muchos de sus espectadores  no están familiarizados realmente con la vida de la Baja Edad Media, porque no ha sido la más popular como escenario de novelas, películas y demás. Estamos en el Siglo IX, tiempos aún anteriores al mito Arturiano, con sus castillos, caballeros y armaduras. A la muerte de Carlomagno, su Imperio se desmoronó, dando paso al dominio de señores feudales y reyes menores que gobernaban sus porciones de tierra.

Mientras que en Europa Occidental e Inglaterra el cristianismo era la religión predominante, gracias al Emperador Carlomagno y su evangelización a espadazos, los nórdicos adoraban una cosmogonía diferente. La mitología nórdica es un complejo sistema de creencias que adora a Odín, Thor, Frigga, Loki y muchos, muchos Dioses más. Esta mitología pone a los Guerreros en un lugar preponderante, ofreciéndoles un asiento en el Valhalla, junto a su Odín, en un banquete eterno. No es de extrañar que estuvieran tan excitados por la batalla.

El choque de culturas está representado por Athelstan, un monje que Ragnar secuestra en Inglaterra. De hecho, todos los personajes secundarios tienen una doble función. Así como tienen importancia en la trama, a su vez nos muestran un aspecto significativo de la vida de esta era. Lagertha, la esposa de Ragnar, es una Shield Maiden (Dama del Escudo) por tanto una guerrera reverenciada. Floki, el armador de barcos y fiel acompañante de Ragnar, es quien más fanatismo demuestra por los mitos Nórdicos. Harraldson es quien nos muestra en sistema feudal vikingo. Rollo, el hermano de Ragnar, será quien represente el pensamiento del Vikingo medio.

Vikings está tan bien escrita que esta pulsión didáctica pasa desapercibida, pues se incorpora a la trama sin esfuerzo. Esto se lo debemos a Micheal Hirst, guionista y productor ejecutivo, que escribió el binomio de películas sobre la Reina Elizabeth (las de Cate Blanchett) y las series The Tudors y Camelot. Quiero recalcar que en Vikings el tono es muy diferente. La aproximación es realista, sucia y sangrienta.

Mientras escribo esto no puedo dejar de relacionar Vikings con Sons Of Anarchy, la serie contemporánea sobre el Club de Motoqueros del Norte de California. Obviamente, no son calcos, pero los puntos en común son demasiados. Ambas tienen un joven líder, para quien lo más importante son sus hijos, en una disputa con el señor al que le deben lealtad. En ambas el personaje, sumergido en la violencia, trata de negociar su salida hacia un modo de vida distinto. En ambas los personajes femeninos son de una fortaleza extraordinaria y pelean con uñas y dientes para mantener su posición. En ambas existen líderes externos que alteran las fuerzas internas. En ambas hay un personaje outsider que nos sirve de ojos hacia el interior. En ambas la capacidad especial de los grupos es la capacidad de ser más violentos que sus vecinos. En ambas la organización de los grupos responde a reglas diferentes a las de la sociedad imperante. Y finalmente, los protagonistas de ambas podrían ser hermanos, pues están calcados.

Vikings va por su tercera temporada, y el año que viene tiene programada una cuarta. De todos los intentos de series históricas es, por lejos, la mejor y la más ambiciosa. Y sino, que les hagan un águila de sangre, por traidores.

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