La primavera de la ciencia ficción “indie” – El cine atado con un alambre más fuerte que toda la estructura que sostiene a hollywood

Hace un tiempo uno de los fundadores de esta revista se preguntaba (y nos preguntaba) en un post dirigido tanto a lectores como redactores: “¿Qué géneros le van mejor al mainstream?”, y después de reflexionar sobre como la llevan algunos géneros dentro y fuera del mainstream, finalizaba el post preguntado(se): “¿Y dónde estarán la ciencia ficción y el sci fi? ¿Pesan más las historias inteligentes y los planteos filosóficos que la carga de FX, de técnica, fotografía y grandes actores?” La ciencia ficción es un género que siempre le ha dado buenos resultados al mainstream (entiéndase “buenos resultados” como eufemismo de gran recaudación). En los últimos años Hollywood está lanzando tanque tras tanque, sino directamente de CF, al menos con una estrecha relación con el género. El público acude en manada a ver grandes producciones (Planet of the apes, Robocop, Edge of tomorrow, Trascendence, After heart, Oblivion, Elysium), tanques afines al género (Avengers, Transformers, Guardians of the galaxy, Godzilla), sagas adolescentes (Hunger games, Maze Runner, Divergent), o películas de directores reconocidos que se aventuran –una vez más- en los terrenos de la especulación científica (Prometheus, Interestellar, Lucy). Por otro lado están las películas de ciencia ficción clase B que no llegan al grueso del público, transformándose algunas en obras de culto reconocidas por reducido grupo de cinéfilos, y las basuras que se quedan en los límites de los FX baratos y la burda imitación de las grandes producciones hollywoodenses, ofreciendo poco más que eso. Sin embargo, en estos últimos años han aparecido dos grupos de realizadores que se la juegan por un cine de ciencia ficción de bajo presupuesto, pero sin relegar las buenas historias. Por un lado están quienes cuentan con un presupuesto acotado pero intenciones estéticas más que interesantes (Another Earth y I Origins de Mike Cahill, Predestination de los hermanos Spierig), y por otro lado los que tiene un presupuesto mínimo (estamos hablando de un presupuesto que nunca supera el millón de dólares, y en algunos casos es tan escaso que apenas llega a los 7.000 verdes), demostrando que no necesitan más que buenas ideas y pericia técnica para narrar películas increíbles. Si en su opera prima Another earth Cahill lleva sus ideas a un plano elevado más allá de lo terrenal, tocando temas especialmente concernientes a la física cuántica y las teoría modernas como los universos paralelos y los mundos duplicados, en I Origins baja las expectativas en cuanto a lo espacial/extra-terrenal y explora cuestiones del ser humano como individuo, científico y creyente, centrándose en una temática mucho más terrenal pero menos tangible, aunque no por eso menos fantástica. La obsesión de un científico, los ojos como espejo del alma, la reencarnación y la unión entre ciencia y religión son algunos de los tópicos de este original relato de ciencia ficción. pic_2985535   Sin desmerecer lo realizado por Mike Cahill o la australiana Predestination –una película atompunk sobre viajes en el tiempo, adaptación de un excelente cuento del siempre recomendadísimo Robert Heinlein, titulado Todos ustedes, zombies-, creo que el segundo grupo de este subgrupo (si sienten nauseas es porque están mareados) es lo más interesante que se está dando en cuanto al cine de ciencia ficción en estos últimos años. ¿Por qué? Porque levantan otras banderas y contrastan con todas esas fortunas en presupuesto, esos miles de técnicos, esas millonarias construcciones y esos inmensos croma que, en muchos casos, están en función de un cine poco profundo, insulso, vacio y repetitivo, que suele subestimar al espectador y solo busca una buena recaudación  con la primera película para seguir robando con una larga saga. Además, en estas películas pequeñas, independientes, libres de las ataduras y las imposiciones de los productores, se pueden encontrar algunas de las ideas más interesantes y en muchos casos, más fieles al corazón y el alma de la ciencia ficción más profunda. A continuación podrán encontrar cuatro ejemplos de películas para tener en cuenta, todas con un bajísimo presupuesto, pero altísimo vuelo de ideas, estético y narrativo:

1 – Shane Carruth, el nuevo geniecillo de la ciencia ficción independiente (es increíble entrar a IMDB o a Wikipedia y no ver otro nombre más que el suyo en los rubros dirección, producción, guión, música, montaje, protagonista). Con tan solo dos películas (Primer, de 2004 y Upstream Color, de 2013) supo ganarse un lugar entre los fans de la ciencia ficción gracias a dos excelentes película de bajo presupuesto y alto vuelo creativo. Primer aborda el tema de los viajes en el tiempo y las paradojas temporales desde una perspectiva original (desde la concepción de la máquina o “caja”, hasta la extrañas reglas que se autoimponen los viajeros para evitar problemas espacio-temporales), con una narrativa poco convencional, diálogos con exceso de tecnicismos y una estructura precisa y meticulosa, donde cada pequeño detalle es fundamental para armar este rompecabezas que mezcla física cuántica, viajes temporales y la extraña relación de tres amigos. Aun así, la ópera prima de Carruth tiene un ritmo cautivante, es todo un rompecabezas para el espectador, seguir a estos tres muchachos sin perderles la pisada es casi un juego de ajedrez en el cual es espectador puede perderse, inmerso en una película que lo condiciona a un debate entre el dejarse llevar por lo que propone el relato o prestar atención a cada mínimo detalle para desatar este nudo gordiano de 77 minutos de duración.   ERBP_PRIMER_04 2 – Por su parte, Upstream Color se aleja bastante de la ciencia ficción clásica –llamemosle ciencia ficción no convencional- y se adentra en un terreno más filosófico. Si Primer abusaba un poco de los diálogos y monólogos, Upstream color es una película más introspectiva, reflexiva y con largas secuencias sin diálogos. Es de esas películas que exigen mucho del espectador. Hay que estar atento a cada plano, cada detalle, cada signo desperdigado en diferentes momentos de la narración para no quedar afuera de lo que nos está queriendo contar el director, productor, músico, DF y protagonista (o sea, el mismo Carruth), y aun así puede que no comprendamos del todo el significado final del relato. Vendida como una película de ciencia ficción (aunque del género no tenga nada), tiene un argumento complicado y unos personajes sumamente extraños, aunque no por eso menos interesantes: un gusano usado como droga que deviene en parasito, un lazo psíquico y espiritual que une a las personas que hayan albergado en su cuerpo a este huesped y también los une a ciertos animales que en determinado momento pasan a ser portadores, un músico talentoso al que a veces le falta inspiración pero demuestra un excesivo ingenio (acá se va un poco al carajo el verosímil) para saber cómo funciona el parasito al igual que este extraño lazo entre portadores y ex portadores sacando provecho de esto para inspirarse, un dealer-estafador que descubrió los efectos del gusano/futuro parásito como droga exótica y los utiliza para beneficio personal… en fin, todo un mundo de situaciones extrañas, psicodélicas y abiertas a mil interpretaciones diferentes. Upstream color es la típica película que volvés a ver porque te dejó intrigado y querés buscarle nuevos significados y unificar teorías, o la dejas a la mitad puteando porque te parece un bodrio insoportable. Como sea, es de las que no dejan a nadie indiferente. Haciendo fuerte hincapié en la relación hombre/mujer alienados, con una fotografía exquisita, un montaje tan versátil como hipnótico, cortes extraños, extrapolación de sonidos, predominancia de cámara en mano inestable y un cuidadísimo tratamiento de los colores (lo que hace imposible no relacionarla con To the wonder y hasta con The tree of life de Terrence Malick) Carruth entrega una película diferente, extraña e hipnótica, jugándosela por un cine arriesgado, obligando al espectador a asumir un rol activo al momento del visionado. Puede verse una evolución entre el debut y esta segunda película del ingeniero devenido realizador. Si Primer con sus viajes en el tiempo y sus delirios paradójicos era física cuántica, Upstream color es biología. La primera es fría y calculada, la segunda apunta puramente a lo sensitivo y lo emocional. Ambas películas tienen destino de culto, y merecen más de un visionado para sacarle todo el jugo y la pulpa a esas historias tan ricas. Sería recomendable no perderle los pasos a Shane Carruth.

3  – Coherence (2013) es la opera prima de James Ward Byrkit y una grata sorpresa para todos los que adoramos la ciencia ficción. Con tan solo una locación (una casa y la calle de entrada de esa casa) y cinco actores (con un nivel desparejo, esos sí) Byrkit narra un interesante relato sobre universos paralelos y las complicaciones que pueden devenir de un cruce entre esos universos. Pura física cuántica para principiantes, con meteoritos, paradojas espacio-temporales y teorías del gato de Schrödinger incluidas. Inquietante, bien narrada, tan original como atrapante. Y claro, hecha con 2 pesos con 50. coherence_xlg4 – The man from earth (2007), de Richard Schenkman. Otra más que demuestra que no hacen falta grandes presupuestos, efectos especiales de última generación ni locaciones espectaculares para contar una buena historia de ciencia ficción. Partiendo de una premisa más que interesante (¿puede un hombre de cromagnon nacido hace 14.000 estar vivo hoy, para contar sus peripecias alrededor del mundo y el tiempo?), un grupo de actores (de nuevo, actuaciones desparejas) encerrados en una casa, y un relato increíble que va cobrando fuerza y se hace cada vez más verosímil a medida que pasan los minutos, son suficientes para atraparte y dejarte con el culo pegado al asiento con el solo deseo de que el protagonista te/les cuente más y más sobre su sorprendente y original historia. Un lindo cuento de ciencia ficción clásico, que se podría haber encontrado en cualquier antología de los mejores relatos del género. Atención los ateos, que van a encontrar un relato dentro de la película que les va a robar, cuanto menos, una sonrisa.   Por último, no quisiera dejar de nombrar tres películas que escapan a la clasificación propuesta en esta nota, fundamentalmente por contar con un presupuesto bastante más elevado que las antes reseñadas, pero aún así menor en comparación con lo que acostumbra una gran producción hollywoodense. Estás películas son la reciente Ex Machina (2015) del otrota novelista/guionista Alex Garland (28 days later, 28 weeks later, The beach, Dredd), Moon (2009) de Duncan “Zowie Bowie” Jones, y Autómata (2014), del español Gabe Ibáñez. Probablemente más adelante analicemos estas películas y unas cuantas más que se irán sumando con el correr del tiempo en esta primavera del cine de ciencia ficción de calidad.

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