El verdadero horror: Sobre Transformers y Michael Bay

Michael Bay no puede ser un buen tipo. No hay posibilidad en este mundo que alguien que filme así sea una persona decente. Y es más, si te gusta deberías hacerte chequear porque es probable que tengas muerte cerebral y no te hayas dado cuenta.

El Arte de Michael Bay

Su seguidilla de espantos se compone de la saga “Bad Boys”, claramente choreada a “Arma Mortal”, con Will Smith y Martin Lawrence; la perla blanca de su filmografía es “La Roca”, con Sean Connery y Nicholas Cage; la horrible “Armageddon” es donde empiezan sus delirios de grandeza con el bueno de Bruce, Ben Affleck y otros; la espantosa “The Island”, con Ewan McGregor y Scarlett “Boobies Laroo” Johannson es su versión de la ciencia ficción seria; la patriotera y patotera “Pearl Harbor”, nuevamente con Ben Affleck es donde el estilo Bay se afirmó y quedo claro para el mundo que Michael es al cine lo que Bush a la política. Todo para desembocar en la Trilogía de “Transformers”, una inmundicia absoluta.

Es fácil juzgar una película por lo aparente. El snob palermitano medio (ahora rebautizado hipster), ese que va a ver obras de teatro montadas en baños públicos en funcionamiento, anda en bicicleta onda vintage, lee a Marcel Proust en bares, siempre y cuando se lea bien en la tapa que es PROUST, va a decir que es obvio que una película de género, americana, con robots gigantes cagándose a palos iba a ser una bosta. Ojo, no es potestad del snob; el trosko que todos conocemos seguro que opina de antemano lo mismo, agregando al discurso el asunto del imperialismo y la mar en coche.

La diferencia con la gente de la 24 Cuadros es decir, yo que escribo, y ustedes que leen es que a nosotros nos interesa el lenguaje cinematográfico y queremos saber más. Y nos fumamos las películas sin preconceptos, porque sabemos que, a primera vista, “Alien” es una de un ET asesino encerrado en una nave con una tripulación humana a la que va a hacer pelota. Pero puede ser una gran película. Nuestros amigos el snob y el trosko no saben un corno de nada. Mejor nos comemos un asado (casi seguro vegano) con ellos, y mantenemos la amistad.

Hacer hincapié en la obsesión de Bay por el Ejercito Americano, la bandera, el himno y el Imperio, es perder de vista sus rasgos distintivos para quedarse en los que lo emparentan con el director americano fascista prototípico. Y les prometo que la tela tiene resto para ser achurada.

“Transformers” es una línea de juguetes fabricada por el gigante Hasbro. El Transformer es un deseable tesoro para cualquier chico: un robot que se transforma en auto, otro en moto, otro en avión y así.

Luego fue un dibujo animado. Este dibujo tuvo varias versiones y encarnaciones por el tremendo éxito del producto en USA y Japón que derivó en versiones yankees y japonesas en formato anime. Las tramas de los dibujos difieren, y siempre giran alrededor de la guerra que mantienen los Autobots y los Decepticons, facciones de buenos y malos creados por la compañía juguetera.

Bay, extrañamente, elige contar su película con una trama tan confusa que nadie tiene ni idea de porque los personajes hacen lo que hacen. Esto, amigos míos, es una rareza. Si la vieron, traten de contarle a alguien de que trata. Es imposible. Usualmente estos tanques basados en un dibujo animado o en un juguete son bastante esquemáticos. Bay, lejos de ser innovador o ir contra la corriente, es tan torpe que su pirotecnia visual tapa completamente la narración.

La frase usual es ”el argumento es sencillo”. Bien, no lo es. Todo tiene que ver con una cosa llamada Allspark o chispa elemental, que vino a parar a la Tierra por 1860. La cosa es que esta chispa elemental da energía ilimitada a quien la posea; los Autobots la escondieron en la Tierra para alejarla de los malosos Decepticons. El capo Decepticon, llamado Megatron, encuentra la locación, pero en su búsqueda, queda varado en el ártico y es encontrado por un barco cuyo Capitán convenientemente lleva lentes. Con el último aliento, Megatron graba con láser la ubicación del “tesoro” en los lentes del capitán ( ? ). El tataranieto del capitán y heredero de estos lentes es el protagonista de la película, Sam Witwicky, quien en estos tiempos modernos publica los lentes en E-bay para venderlos como antigüedad ( ?? ) y juntar plata para comprar un auto. En cuanto son publicados, los Decepticons que están escaneando internet constantemente (???), encuentran a Witwicki y a los lentes y se arma el quilombo, porque los Autobots también. O sea…

No me gusta contar películas; me parece odioso. Aborrezco cuando los redactores de la revista lo hacen, salvo en el caso de rarezas.  Por eso estos párrafos breves. Solo para demostrar que el guión está lejos de ser el típico anestésico del lóbulo frontal, para convertirse en un desquicio que en manos de alguien que realmente fuera un narrador visual, al menos, correcto, podría ser un divertido disparate.

La Técnica de Michael Bay

Michael Bay no sabe o no entiende los conceptos de toma – escena – secuencia. No es que los quiera subvertir: es que jamás tuvo idea de que significaban. Para él, las películas son un ritmo parejito de tomas por minuto. No existe la unidad dramática: solo el gag y la secuencia de acción se separan de la uniformidad de la ametralladora.

No es, meramente, un estilo clipero. El término significó cosas diferentes: en los 80 ser clipero era hacer uso de un estilo fotográfico y estético que abusaba de una pre-concepción de la belleza como era entendida en Occidente en ese tiempo. Una fotografía plena de efectos de difusión en los lentes y en las luces, creando una uniformidad prolija y fácil de digerir.

En los ’90 el estilo clipero mutó hacia una asociación entre una cámara en movimiento constante, y un ritmo monótono y picado, que solo variaba para el beso o el monólogo grave de una figura de autoridad, como para el texano medio es el entrenador del equipo de Fútbol Americano.

Ciertamente, Bay es asociado con esto último. Pero es un error, puesto que está en una categoría unipersonal por mérito propio. El hombre es tan innovador en lo formal, como puede serlo un disléxico.

El lenguaje cinematográfico contempla 2 clases de elipsis: la narrativa y la dramática. Siempre utilizo el mismo ejemplo para explicarlas.

– Una pareja sube a un ascensor. Marcan el piso 38. El ascensor comienza a moverse. Corte a la puerta del ascensor abriéndose. La pareja sale del ascensor. Esto es una elipsis narrativa. Se omitió una parte del tiempo que hace posible ver una película que ocurre en un tiempo que no es el real.

– Una pareja sube a un ascensor. Marcan el piso 38. El ascensor comienza a moverse. Corte a la puerta del ascensor abriéndose. La mujer sale del ascensor. Sus zapatos dejan un rastro de sangre. Esto es una elipsis dramática. El director deliberadamente nos oculta un hecho.

El estilo Bay es más bien un salto temporal permanente en la misma escena, donde jamás tenemos idea del espacio en el que ocurre la acción, ni de como los personajes se mueven en él. Para Michael y su montajista no basta montar plano y contraplano de entradas y salidas de cuadro, sino que en su apreciación personal hay que reducir incluso el desarrollo de la acción que se está efectuando, generando varios micro-cortes salpicados de planos que pretenden acentuar la acción, pero solo logran generar confusión visual.

El querido y recientemente fallecido Tony Scott manejaba a la perfección el estilo rítmico al que Bay aspira emular, pero falla miserablemente. Donde Scott generaba ritmo, Bay hace barullo.

Compositivamente, Bay se destaca por su clara división de aguas. De las cuales abusa, como drogadicto del crédito:

  • Si tiene que filmar un establecimiento en un espacio X, usualmente un ultramegaedificio enorme con la bandera flameando en un mástil, elige la simetría, siempre en travel in.
  • Si tiene que filmar hombres, va a elegir hacerlo con la cámara baja, levemente contrapicada, montada en un travel circular y con lente teleobjetivo. Aunque estén pidiendo pizza por teléfono.
  • Si tiene que filmar acción, siempre la misma ocurrirá hacia cámara. Todo se viene encima de la pantalla y el espectador. Esto tiene que ver con su reverenda torpeza como narrador. Como no podemos empatizar con esta gente, vamos a meternos en su piel, con cirugia mayor.
  • Si tiene que filmar mujeres, se va a centrar en culo o tetas. Y nada más.

Este “estilo”, por llamarlo de alguna manera, hace que se vea todo “bigger than life

La dirección de actores merece un párrafo aparte, que es este. Primero y principal: Michael es misógino, y las mujeres son objetos sexuales con peso en sus narraciones solo cuando tienen actitudes usualmente relacionadas a lo masculino, como pueden ser los conocimientos de mecánica automotriz. Más allá de eso, son unas imbéciles insoportables. La belleza femenina es festejada tanto como el Ejercito Norteamericano. Siendo que “Transformers” deber ser ATP, Michael no puede ir más allá que mostrar escotes y minishorts y situaciones de erección adolescente, que fácilmente provoca Megan Fox en el pavote de Shia Labeouf. El problema es la reiteración como método. Siempre hace lo mismo: escote, piel bronceada y transpirada, labios carnosos que se muerden. Es casi una secuencia leitmotívica. Es Michael diciéndole a los papis que llevan a los críos al cine: “miren que hembra, lástima que no la puedo mostrar en bolas porque estamos haciendo esta bosta para los pibes”.

El protagonista, el mencionado Shia, genera menos empatía que una plancha, o en este caso, que una coupe Camaro amarilla, llamado “Bumblebee”, único personaje digno de la película, por su afición a hablar a través de fragmentos de transmisiones radiales. En el dibujo animado era un simpático Volkswagen escarabajo, pero para Bay los alemanes son todos nazis, los franceses todos putos, los ingleses tienen malos dientes y todos los latinos son mexicanos.

El elenco de personajes secundarios, que en la extensión de la trilogía es notable, compuesto por John Turturro, Jon Voight, Patrick Dempsey, Frances McDormand y John Malkovich, es conciente de estar afanando una valija de dólares y no hace ni un esfuerzo por disimularlo. Todo está dicho a los gritos, todo es exagerado. Hasta el maquillaje.

Si “Transformers” fueran tres películas malas, no sería un problema serio. Lo catástrófico es que Bay está haciendo escuela. “Battleship”, también un producto de Hasbro, dirigida por Peter Berg comparte similitudes con el caso “Transformers”. Lo raro es que Berg venía de dirigir “Hancock” y la serie “Friday Night Lights” que, lejos de ser joyas, no eran adefesios. En “Battleship”, Berg es lobotomizado y en venganza, hace lo propio con los espectadores. Pero esa es otra historia.

El cine industrial de gran espectáculo y entretenimiento no está pasando un mal momento. Directores como Christopher Nolan, Joss Whedon, Matthew Vaughn o Zack Snyder (con sus altibajos) han demostrado que pueden realizar películas bien contadas y dirigidas que hacen millones de dólares. Es por eso que mamarrachos como Michael Bay son un enigma.

Anuncios