El documental que retrató a Bob Dylan – Análisis de “Don’t look back”

El documental registra la gira de Bob Dylan por Londres de 1.965, todo mediante registro directo en blanco y negro con cámara en mano (excepto los shows y la primera escena). El film abre con un plano secuencia estático donde Dylan está en un callejón y va pasando carteles con palabras que pertenecen a la canción que suena en primer plano, “Subterranean homesick blues” (que se transformaría posteriormente en el considerado “primer videoclip de la historia”). Esta es la única toma (y escena) del documental que fue completamente armada por el equipo de filmación (al menos de manera evidente), la cual fue idea de Pennebaker (director de este documental), la caligrafía de los carteles que va pasando Dylan fueron escritas con errores de ortografía tanto por el músico como por el director. Esta sirve como carta de presentación del personaje que es Bob Dylan, en un lugar descuidado, donde la única gente cerca de él son unos desconocidos que apenas lo miran de reojo y el mismo Bob muestra un gran desinterés que se ve reflejado tanto en la forma en la que están escritos los carteles como en la manera que tiene de ir pasándolos, al punto de desincronizarse con la letra de la canción casi sin inmutarse, además de tener carteles desordenados y otros que no corresponden a la letra. En contraposición a esta imagen que vemos en cuadro, la letra de la canción nos muestra todo lo contrario, una crítica que de desinteresada no tiene nada y en conjunto con la imagen nos indica que no todo es lo que parece.

Luego de esto la película está estructurada con una línea cronológica lineal, desde la llegada de Dylan a Londres hasta el fin de su gira. Intercalando los registros directos de los momentos más privados del artista con presentaciones del mismo en vivo.

A lo largo del documental se muestra el otro lado de la cara de un artista, la relación con sus fanáticos, con la prensa, sus arreglos comerciales, su trato con sus amigos, con músicos rivales, músicos amigos, músicos que lo homenajean y hasta con los gerentes del hotel donde se hospeda que van a presentarle quejas por ruido. El material muestra a un músico desafiante, sin miedo de decir lo que piensa, con un gran respaldo racional detrás y seguro de sus ideales, esto a su vez se conlleva muy bien con las letras de sus canciones, las cuales tienen características discursivas similares a las que le oímos decir cotidianamente, mostrándolo como alguien honesto tanto consigo mismo como con los demás, esto evidenciado gracias a la intercalación de sus presentaciones abajo y arriba del escenario a lo largo del documental, donde en ambos casos se muestran actitudes y discursos con similitudes.

Por otro lado también nos muestra el Bob Dylan relajado, sin apuros, donde en uno de sus shows se para él solo frente a una multitud de gente, con una luz iluminándolo y aun así se toma todo su tiempo para cambiar y probar la armónica que sonara en la siguiente canción, incluso tocando el comienzo de ésta solo para volver a empezarla tras asegurarse de que todo está en orden, así como interrumpiendo otra canción porque alguien del público le gritó algo que no entendió y tras aclarar el hecho amigablemente continua tocando como si nada. Por si fuera poco Dylan mantiene totalmente la compostura incluso cuando sale al escenario y arranca su show con un micrófono que no suena, mientras sigue adelante con la canción como si un desperfecto técnico no fuera suficiente como para alterar su momento personal con su obra.

La concentración en su arte que refleja el ejemplo anteriormente dado, se muestra también muy enfatizado en otra escena donde Dylan está en una habitación junto a una amiga que está tocando y cantando una canción. Mientras las demás personas presentes en la habitación escuchan atentamente, Dylan no quita la atención de la máquina de escribir donde está dando forma a la letra de una nueva canción. No solamente no está prestando atención a la canción que toca su amiga, sino que demuestra que tampoco le importa la posibilidad de molestar y entorpecer la canción con el ruido de la máquina de escribir, todo en pos de terminar su letra, hasta pasado un tiempo cuando es que decide detenerse y unirse a la música sonando en la habitación.

También se muestra su mixta relación con la crítica, donde mientras un periodista defenestra al músico y su público, hay otro que le pide la previa aprobación de las preguntas que le va a realizar. A su vez Dylan no se queda conforme con el trato recibido y deja muy en claro que él no va a dar ninguna explicación a nadie sobre nada que no quiera, invitando a los periodistas a escuchar sus canciones para mayor información. Esta sinceridad se aplica también a los fans, a los que tampoco tiene reparo en hacer preguntas y decir algo si no está de acuerdo, pero con un trato más cordial y respetuoso, incluso preocupado por ellos al ver que los fanáticos persiguen el auto donde él va y que podrían lastimarse. Dylan tampoco escarmienta con sus amigos íntimos, los increpa y arma un escándalo al enterarse que alguien en su habitación tiro un vaso de vidrio por la ventana y más tarde da la cara por el hecho en nombre del responsable. También le cuestiona el trabajo a un escritor de la revista Time y tiene una discusión casi filosófica sobre la amistad con un estudiante de ciencias que solo intentaba tener una agradable conversación y ser respetuoso con él, mientras que a Dylan solo le importa dejar en claro que no tiene ni interés por su amistad ni respeto por su visión de la situación.

A pesar de la imagen de desinterés o incomodidad reflejada a lo largo de la película, Dylan se muestra alegre respecto a la concurrencia de gente y la experiencia vivida, incluso admite sentir haber vivido “algo especial” y a pesar de que los periódicos locales lo tilden de anarquista, Dylan prefiere reírse y relajarse fumándose un cigarrillo.

El montaje cumple un rol fundamental para llevar adelante el tema del documental, simplemente cortando canciones y entrevistas en el momento justo. Uno de los ejemplos más claros es cuando un periodista está charlando informalmente con Bob antes de comenzar a hacerle unas preguntas, luego el periodista lanza el primer interrogante y luego de que Dylan se toma un segundo para pensar hay un corte brutal a otra escena completamente distinta justo antes de que Dylan comience su respuesta. Esta simple acción de montaje sintetiza muy bien un aspecto fundamental del documental, que nos trata de mostrar el artista humano, el artista detrás de la imagen, donde no importa saber cuándo va a sacar su próximo álbum o cómo comenzó su carrera en la música, sino que la importancia está en el presente del humano que es Bob Dylan, sencillo, razonable, desafiante, a veces educado, otras veces no tanto, abocado a su arte, responsable, sincero y crudo, en todo momento y con todos. Y a la vez, todo esto es tan natural en él, que el documental no precisa de grandes recursos, solo necesita grabarlo en cualquier momento para que todas estas cualidades queden retratadas.

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