Reseña: The Last Movie Stars

Hay ideas que se convierten en la “bala de plata”; diferencian, potencian a otro nivel una película o una serie. No todo el tiempo se encuentran. De hecho, son cada vez más raras. La mayoría de lo que vemos, ya sea en cine, streaming o TV, se atiene a las fórmulas reiteradas una y mil veces. Cuidado: no hay limitaciones ni conspiraciones en esta falta de ideas. Es solo falta de creatividad.

La idea “bala de plata” nos sumerge en un nivel más profundo de interés que el que podríamos tener usualmente por un relato. Es una forma de encararlo que vale por sí misma. Es la creatividad puesta en el medio, más allá del gancho que provea el mensaje.

Ethan Hawke dirige una miniserie documental sobre una de las parejas de actores más amadas de la historia del cine: Joanne Woodward y Paul Newman. El trabajo le sale de estética “pandémica”, lo que significa que las imágenes provienen de horribles webcams, con un sonido ad hoc y, sin embargo, encuentra su “bala de plata” y se eleva por encima de la media gracias a ella.

No vamos a contar en esta reseña la historia del matrimonio de Woodward y Newman. Para eso está el documental. Basta decir que se casaron antes de convertirse en estrellas; que vivieron como pareja sus derroteros con distintos hitos que incluyen Óscar, películas taquilleras, Palma de Oro de Cannes, clásicos instantáneos de la historia del cine, amistades con otras celebridades, tragedias, alcoholismo y una vida plena, siempre enamorados el uno del otro.

Todo esto podría haberse contado en un documental de material de archivo o de entrevistas con hijos, hijas, amigos, colegas, directores y contenidistas. O con una mixtura de ambos. Estaríamos ante el mismo documental que vemos siempre. Más o menos interesante, mejor o peor montado, más o menos riguroso. Pasaría a los catálogos y al olvido minutos después de haber terminado su emisión. Y, sin dudas, no se hubiera contado en 6 capítulos. En cambio, obtuvimos un documental con una idea sobre cómo hacerlo más interesante. Una bala de plata.

A finales de los años ochenta, Paul Newman encargó la escritura de su biografía. Para ello, el biógrafo (o el equipo de biógrafos) entrevistó a decenas de personas. Directores importantes como Martin Ritt, George Roy Hill o Sidney Lumet, el novelista e intelectual Gore Vidal (amigo de la pareja), y actores como Robert Redford o Karl Malden. Todas esas entrevistas fueron grabadas. Sin explicación, un buen día, el mismo Paul Newman prendió fuego todos los casetes. Pero sobrevivió una trascripción.

Contactado por la familia Newman / Woodward, Ethan Hawke accedió a esas transcripciones, y se le ocurrió contactar a sus amigos actores para interpretar las voces de los entrevistados. Así, George Clooney y Laura Linney interpretan a Newman y Woodward, Alessandro Nivola interpreta a Robert Redford, Zoe Kazan a Jackie McDonald (primera esposa de Paul Newman), Tom McCarthy a Sidney Lumet, Brooks Ashmanskas a Gore Vidal, Josh Hamilton a George Roy Hill, Karen Allen a Frances Woodward, y siguen las firmas.

Todas esas interpretaciones están montadas con entrevistas y comentarios de los mismos actores como ellos mismos, además de la charla con Ethan Hawke. Además, aparecen otros entrevistados célebres como Martin Scorsese, Sam Rockwell o Billy Crudrup, siempre en la misma estética de “entrevista pandémica”.

La segunda bala de plata es que estas interpretaciones, montadas en medio de entrevistas varias, comentarios al pie y desviaciones, se parecen bastante a una “lectura de guion”, tal y como se realiza en un primer ensayo con todo el elenco en cine y en teatro.

Siguiendo las carreras de Newman y de Woodward, ambos en el oficio desde muy jóvenes, ambos también con un renacimiento profesional en el Actors Studio de Nueva York con Lee Strasberg, en la época en la que se podía ver a Marlo Brando haciendo un ejercicio, se estudia la particularidad de cada uno. Mientras que Joanne Woodward tenía un talento natural para la actuación, que enseguida pudo sistematizar y enriquecer con las técnicas aprendidas, a Paul Newman siempre le costó. No se consideraba un natural. Tenía que trabajar mucho. Esa diferencia se ve además en las trayectorias de las carreras, que son opuestas a la capacidad actoral. Mientras Paul Newman se convertía en una superestrella, Joanne Woodward, que había picado alto bien temprano en su carrera, se veía limitada a roles menores; su carrera se vio afectada por ocuparse de la familia y porque la industria audiovisual tiene una obsesión con la edad de las mujeres y cómo deben lucir.

El documental, dirigido por un actor, sobre la vida de dos actores, con la colaboración de otra decena de intérpretes, se vuelve tanto una biografía como un documental sobre el oficio de la actuación. No es sobre las musas ni la metafísica, sino sobre el trabajo. Un poco de aire fresco en un medio, el documental sobre artistas, superpoblado de sandeces.

Hawke aprovechó el medio para hablar de otra cosa, y elevó la obra. Trazó líneas invisibles y paralelas entre su propia vida como actor, su relación con su hija (Maya Hawke, también actriz) y su exmujer, Uma Thurman. Lo hizo con amigos en el mismo oficio. Homenajeó a Paul Newman y a Joanne Woodward con calidez y respeto, y lo hizo de tal manera que no hubiera puesto colorado a Newman, tan poco afecto a estas cosas que se ausentó de la entrega del Óscar que le otorgaron por El color del dinero (The Color of Money, Martin Scorsese, 1986).

Los buenos profesores de actuación y de dirección de actores siempre hablan de oficio y casi nunca hablan de arte. Es bueno ver que, más allá de lo ruidosos que son los autoproclamados artistas, hay lugar para los sencillos artesanos. Ethan Hawke se considera uno. Tuvo una buena idea. La llevó a cabo. No debería ser tan raro y, sin embargo, lo es.