Los invisibles #14: convertir el guion en proyecto

Un tiempito ausente, complicaciones con internet (gracias Movistar, parecés una pyme familiar y no una multinacional con trabajadores tercerizados), trabajos pendientes y la vuelta a un rodaje por suerte. Esto último me empujó a decidir sobre qué escribir en la columna de Los Invisibles: cómo lograr que un guion se convierta en un proyecto filmable, es decir, lograr la meta de todo guionista al iniciar la escritura de una historia, y para clarificarlo un poco mejor, voy a plantearlo en tres contextos distintos: el ideal, de perseverancia y de sacrificio.

Cuando terminamos un guion con su biblia o carpeta de producción correspondiente, se nos infla el pecho y seguro que a muchxs se nos cruzará por la mente la pregunta: “¿y ahora qué?”. Como en todo, algunxs tendrán las respuestas, pero la mayoría guardaremos todos los archivos en una carpeta de la PC con la esperanza de que algún día se filme o se tenga la chance para presentarlo a una productora. Esto ocurre por diferentes razones, y varían de guionista a guionista, puede ser falta de confianza, falta de tiempo, creer que no es el momento o simplemente no saber qué pasos seguir una vez terminado el guion.

Contexto ideal

Algunas décadas atrás un guionista podía acercarse a una productora y dejar un guion en un sobre papel madera, con la esperanza de que en alguna de esas alguien lo lea y lo llamen. Hoy en día, no digo que no suceda, pero la chance es más remota porque las productoras ni siquiera aceptan recibir guiones que no piden. Esto para evitar demandas de derechos de autor, pero, bueno, no viene al caso, digamos que se atajan. Entonces, ¿qué hacemos?

En un contexto ideal, unx tiene contactos en las productoras o tiene un agente/representante para que ofrezca nuestros servicios o trabajos, y para no matar la vía de la suerte, como remarqué en el número 1 de Los Invisibles, el story line, está la chance de cruzarse con un/a productor/a y vender la historia en un minuto, máximo dos. Esos 60 segundos deben ser concisos, claros y atrayentes. A esto se le llama elevator pitch, precisamente porque se calcula el tiempo que unx está en el ascensor, pero es el que nos puede abrir las puertas para hacer un pitch deck, ya en una oficina frente a personas de la producción, que puede durar entre 3 y 5 minutos como mínimo y llegar a los 10 minutos. Este último, por lo general, se divide en una parte de exposición de la idea y proyecto, y otra parte de preguntas de lxs productorxs interesadxs. Para simplificarlo y no crear confusiones, llamemos a todo pitch (hablando en castellano “presentación verbal para vender la idea”), el cual puede estar dirigido a productorxs que buscan un nuevo proyecto, o apuntar a otra audiencia y realizarse ante inversorxs, exhibidorxs y distribuidorxs para ampliar la financiación. Muchas veces cuando los pitchs se hacen frente a esta última audiencia, se realizan en conjunto con productor o director, pero también el guionista puede asumir y sumar esos cargos y hacerlo solo.

Un pitch puede tener distintos objetivos: financiación para escribir el guion y desarrollar el proyecto o conseguir una productora que apueste por el proyecto y brinde sus recursos. Suena a casi lo mismo, pero hay pequeñas diferencias.

Preparar un pitch es clave, pero se debe tener mucha preparación, como hacen los comediantes de stand up, vale practicar frente al espejo porque hay que presentarse, explicar tu relación con la idea, tener una voz propia y principalmente ganar la atención desde el principio y no soltarla. Hay que conocer bien la historia, no tener dudas, se puede comenzar desde el logline e ir ampliando al tema, formato, género, subgénero, resumir la historia y generar expectativas porque tenemos pocos minutos, y el tiempo, para productorxs, es sagrado. Y clave: guardar información. ¿Por qué? Para la ronda de preguntas.

En esta segunda parte, unx se puede apoyar con un archivo audiovisual, en caso de que haya una pantalla (en general, la hay). Puede ser un video simple editado que exprese la idea o un teaser que dé una muestra de lo que será el proyecto. También es esencial entregar a cada interesadx un dossier de venta del proyecto para que, mientras nos escuchan, vayan pispeando en el dossier. Un consejo que me dieron en Taller de Práctica Profesional del ISER, el bueno de Marcelo Camaño, es que se puede dar con un objeto que resignifique la idea del proyecto. Por ejemplo, si presentamos la serie “Señor de Los Anillos”, cada dossier de venta puede llevar atado un anillo dorado.

Algo que también puede ayudar cuando se hace una exposición de proyecto es algo que me enseñó el Sr. Castaño en IDAC, un análisis FODA: fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. Esto es importante porque demuestra tu conocimiento sobre el proyecto, que estás atentx y prevenidx de algún inconveniente y que lo podés mejorar aún más.

Para simplificar sobre el dossier de venta, a diferencia de la biblia, este apunta a lxs productorxs. Son varios puntos, contar la historia es lo principal, pero hay que desmenuzarla. Principalmente poner el high concept, lo que llamamos la premisa, una frase corta que no cuenta la historia, sino la idea. Y luego, el logline, del que ya hablamos en uno de los primeros números, seguido de la sinopsis y los personajes. Otro de los puntos del dossier es el director, de dónde surgió la idea, la propuesta estética y la puesta en escena, y en lo posible, el equipo técnico que formará parte del proyecto. Un Deakins de DF no sabés cómo te sumaría, pero bueno. Por otro lado, debe haber un punto en cuanto a la producción, un desglose del presupuesto, incluyendo el pago al equipo técnico e intérpretes, y por qué no, elementos que demuestren que hay una base sólida añadiendo apoyo de alguna productora chica, o alguien de renombre o alguna distribuidora. En especial, lo que más llamará su atención, el diseño y marketing, vislumbrar hasta dónde puede llegar el proyecto, a qué público y qué estrategia de publicidad se usará para explotarlo al máximo. En fin, hay diversas formas de cómo hacer un dossier de venta, cada unx tendrá su método y formato, lo principal, es que la idea se entienda.

Contexto de perseverancia

Ahora somos personas que no tienen contactos, que estudiaron cine o guion por gusto, vocación, lo que sea. No hay contactos, o no nos animamos por ser introvertidxs. ¿Guiones que mueren en el limbo de una carpeta maldita de la PC? Puede ser, pero…

En los últimos años crecieron mucho las plataformas de mercados online de proyectos de cine y series de televisión, en especial, Filmarket Hub, o si somos más optimistas, The Blacklist. Estos lugares permiten que mediante el pago de una suscripción (la primera es de España, es en euros, la segunda es yanqui, es en dólares, sí, salado) subas tu guion o proyecto para que las productoras puedan ver el material y contactarte para llevarlo al cabo. La más conocida para todxs será The Blacklist, de donde salieron los guiones de, por ejemplo, El Discurso del Rey, Argo, Slumdog Millionaire, Spotlight, The Revenant, por nombrar las más conocidas.

Por su parte, en los últimos años Filmarket Hub sumó concursos para presentar guiones piloto de series, concursos de pitchs frente a productoras, y demás. Igual, quiero aclarar que el hecho de que unx suba un guion o proyecto no significa que ya lo va a leer todo el mundo. Es perseverancia. Suben las chances si en ambas plataformas contratás un script doctor que, si el guion lo aprueba, te otorga un certificado que lo hará mucho más visible y recomendado para lxs productorxs. Sí, esto significa más plata, en euros y dólares.

Pero para no bajonearse, existen concursos para participar gratis, hay que buscar. El hecho de ganar o no es relevante según cómo lo miren. El hecho de escribir ya es un acontecimiento porque lxs prepara y mejora, es un entrenamiento. Y una idea que no gane en un concurso es una idea que mañana se puede mejorar. En fin, más allá de que el guion se produzca o no, en estos concursos se puede ganar la participación en clínicas o laboratorios de guion o desarrollo de proyecto, que suman muchísimo como experiencia, para el CV y en el aprovechamiento de generar contactos.

También hay que estar atentxs a los concursos del INCAA o el Fondo Nacional de las Artes. Con respecto al INCAA, tenemos (o teníamos, ya nadie sabe nada) el Historias Breves, Ópera Prima y Desarrollo de Proyecto, pero nunca se confirman y por lo general te enterás cuando falta una semana para el cierre. Así de mal está lamentablemente, pero si regulariza, son concursos muy importantes para tener en cuenta.

Algo más que se está instalando en los últimos años entre guionistas es armar un portfolio de guiones online, sin pagar y a la vista de quien quiera. Se puede pasar por LinkedIn, Workana y similares. Es tan solo subir todos los guiones que unx tiene, producidos o no (esos que hablo de que quedan en una carpeta tipo limbo de la PC). Sirve para que algunxs interesadxs vean cómo unx escribe, qué puede dar, qué variedad maneja, etc. En fin, perseverancia, paciencia. Se da o no.

Por último, y súper importante, estudiar cine. En una escuela de cine, tener la oportunidad de escribir guiones en prácticos o cortos estudiantiles es una primera muestra de lo que unx va a ser como guionista, y que puede mejorar. En especial, el ida y vuelta que puede haber con compañerxs, y con docentes, y aprender de lxs que tienen más experiencia y recorrido que nosotrxs. Ojo, hay profes chantas, pero los sacás al toque cuando viven contando anécdotas y no enseñan.

Contexto de sacrificio

La autogestión. La mejor manera de llevar a cabo un proyecto de la forma que quieras. Porque en los contextos anteriores, vas a estar supeditado a voces ajenas que apuestan a tu guion, y unx por querer llegar puede cometer el error de ceder mucho y la idea se termina desdibujando.

Unos párrafos más arriba recomendé estudiar cine, y en este contexto es lo ideal, porque nos brinda las herramientas para saber autogestionarnos un proyecto (en realidad, si les preguntan a los profes ideales, ya aclaré que hay chantas).

Cuando hablo de autogestión, no hablo de que tenés que poner toda la plata, porque si no volvemos al primer contexto, si tenés toda la plata es un contexto ideal. Se trata de tener el empuje para hacer que la maquinaria empiece a funcionar. Obvio que hay que apostar y poner de nuestro bolsillo para que esto arranque, y cuando está en marcha, empezar con los crowdfundings (Ideame) o los cafecitos, todas esas apps para conseguir financiación de proyectos. Así como leo este párrafo, parece fácil a diferencia de los otros, pero aseguro que es lo más difícil (de hecho, hasta ahora nunca me animé) porque hay que vivir el día a día, con la sensación de que no se llega, de que se va a caer el proyecto, de que hay que cambiar escenas o la trama por el presupuesto ajustado. Moverse para que la familia, conocidxs o amigxs apoyen, armar el equipo y saber con qué se cuenta. El mejor ejemplo que tenemos es al compa Vallarelli, con dos películas que se autogestionó y que recogen la recompensa de apreciarse en distintos festivales del mundo.

Es animarse y ponerse al hombro todo, sufrir y seguir, con perseverancia, pero remarco el sacrificio, aunque quizás, quienes así lo hacen con razón me puedan corregir y escoger una palabra más acorde.

Ya que es un número en el que nombré tantas personas, termino con una anécdota de unx de lxs mejores docentes que me tocó tener: Marcelo Gil. En una charla de cine y San Lorenzo, le dije que me sentía ignorante porque me aburrían películas que todxs destacaban y se me hacían de intelectualoides, que mis guiones quizás eran básicos. Simplemente me dijo “podés escribir de vampiros, de zombis, de lo que sea, por más que parezca una idea tonta para muchos, todo es filmable si lo trabajás bien. Hay que tener ganas. Animarse y hacer”. Es eso quizás, animarse y hacer. Animarse y escribir.