35° FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA: RESEÑAS DÍA I

Competencia Argentina, por Benjamín Héctor Minevitz

  • Un cuerpo estalló en mil pedazos, de Miguel Sappia (2020)

… cada instante se forma, se colma, se desmorona…

Inaugura la Competencia Argentina del 35° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata la ópera prima de Miguel Sappia Un cuerpo estalló en mil pedazos. El guion, montaje y dirección estuvieron a cargo del propio Sappia, acompañado en la dirección de fotografía por Ezequiel Salinas y en la dirección de sonido por Atilio Sanchez y Federico Disandro. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Lorena Quevedo y Pablo Di Patrizio.

Martín Sappia es editor cinematográfico, trabajó en numerosas películas de ficción y documentales, fue docente en Barcelona en la maestría de Cine Documental.

Un cuerpo estalló en mil pedazos podría encuadrarse dentro del género documental, y así lo hace la ficha técnica, pero como todo encasillamiento, esto es dudoso porque el hilo del relato va construyendo un personaje que tal vez no sea Bonino, sino alguien que “hace de Bonino”, un Bonino construido por su sombra. Ficción y realidad se amalgaman para armar una historia sobre una imagen del personaje. El film se ocupa de la figura de Jorge Bonino, arquitecto, actor y artista conocido en ambientes intelectuales de la década del 70. Descubierto por Marilú Marini, Bonino actuó en el Instituto Di Tella, viajó y actuó en varias ciudades europeas. Improvisaba todo un espectáculo basado en un lenguaje totalmente inventado pero que permitía entender aquello puesto en escena por la inflexión de la potente voz del actor. Bonino retornó a la Argentina donde pasó mucho tiempo internado en hospitales psiquiátricos.

Un cuerpo estalló en mil pedazos comienza con un texto de Henri Michaux a modo de epígrafe que señala el camino que pretende recorrer la película. El film no pretende ser una biografía, más que ello aspira a ser una mirada sobre la imagen que proyectó el personaje. Está armado en base a un relato que hace de hilo conductor y de testimonios de varios artistas, entre ellos Marilú Marini, Miguel Yannover, Norman Briski y Luis Felipe Noé. No existen registros de sus presentaciones, solo algunas cartas, fotografías, afiches y algún documento fílmico de Marta Minujin donde aparece. Los árboles, que abren, transitan y cierran la película, son una presencia permanente, un signo que acompaña.

A la luz del tratamiento que le dio a la película, la decisión de Sappia de filmar en blanco y negro devino en un gran acierto. La fotografía y el lenguaje poético de los textos, que no se corresponden necesariamente entre sí, hablan de distintas interioridades. Ambos elementos, imagen y sonido conforman un universo de sutileza y belleza. Un gran trabajo de Eugenia Almeida componiendo la voz en off del relato.

Buen comienzo para la Competencia Argentina.

Competencia Internacional, por Anna Ciaffi

  • Isabella, de Matías Piñeiro (2020)

Lo primero que puede percibirse de Isabella es su obsesión con el color violeta. Eso se desgrana y se encuentra por el hecho de que hay una mujer azul y hay una mujer roja, y que ambas sostienen contienda, pero a la vez se ayudan, y a la vez libran cada una por su cuenta batallas personales. Juntas forman el violeta, y nada puede describir mejor el tema del film: “Si es violeta algo va a morir”. La muerte es transformación, y los personajes de Matías Piñeiro pasan toda la duración del film en dicho proceso.

La fragmentación de un gran suceso en cuatro momentos temporales ordenados alternadamente va dando a conocer la historia de Mariel y Luciana, ambas pretendientes del rol de Isabella, unidas por el nicho del teatro, las sierras cordobesas y un hombre en común, hermano de la primera y amante de la segunda.

Piñeiro logra en su sexto largometraje contar una historia compleja sin pecar de pretencioso, con una puesta en escena y una fotografía exquisitas, un elemento humano bien presente y un alma gigante.

  • Sophie Jones, de Jessie Barr (2020)

Ópera prima de la estadounidense Jessie Barr, Sophie Jones es una suerte de coming of age que narra cómo su protagonista, que comparte nombre con el título del film, lidia con haber perdido a su madre, recientemente fallecida. Sophie canalizará su dolor en una sexualidad naciente e incómoda y en una postura ególatra e inmadura frente a sus viejos amigos y el mundo en general.

Lo más destacable del film sea probablemente su estética, que luce una gran dirección de arte y algunas ideas fuertes sobre puesta en escena, con usuales saltos de cámara que se ven totalmente pensados y naturales para la lógica del film.

Está en el gusto del espectador definir si la película cumple con su cometido y si su decisión más celebrada por la crítica general es o no un acierto: la personalidad de Sophie, desagradable e insufrible hasta la médula, sin casi un momento de vulnerabilidad con el que empatizar, que vuelven al personaje un poco más que difícil de querer.

Visione a discreción: según el nivel de tolerancia del espectador, la película puede pasar de ser tierna a ser un martirio.

Competencia Latinoamericana, por Fabio Vallarelli

  • Al morir la matinée (Red Screening), de Maximiliano Contenti (2020)

Esta película uruguaya es un slasher con tintes de giallo, narrada con muchísima maestría y factura técnica.

La película transcurre en su totalidad en el interior de un cine en una galería de Montevideo donde un hombre muy extraño comienza a asesinar al escaso público que asistió a una función nocturna.

El uso de la banda sonora, el encuadre, el tono y la construcción de la atmósfera del relato, mediante la utilización recurrente del extrañamiento para con el espectador, están muy logrados a lo largo de toda la película, que en ningún momento se vuelve pesada o molesta. La mayoría de las críticas seguramente apuntarán a cierta liviandad en la construcción de los personajes, pero no creo que sea algo defectuoso de la película, sino más bien un sello del género en el que se enmarca. La mayoría de este tipo de relatos adolecen de cierta falta de profundidad o de cierta superficialidad.

Si se deja esto último de lado, la película funciona muy bien, e insisto con el hecho de que está filmada como pocos films de género en Latinoamérica. Una grata sorpresa y un lindo gesto del Festival animarse a programar estos films en las secciones competitivas. Habla de una pluralidad y diversidad en la selección que enaltecen al evento.

  • La escuela del bosque, de Gonzalo Castro (2020)

Ocho años después de su última película regresa el director de Resfriada, Cocina, Invernadero y Dioramas, con un film en clave mumblecore, filmado en Barcelona y protagonizado por la actriz y también cineasta Guillermina Pico.

La escuela del bosque es una película muy pequeña, con momentos muy logrados de puesta en escena, en los que los personajes dialogan entre el presente y el pasado de la Argentina y la emigración hacia Europa. El paralelismo de la crisis actual con el 2001 es inevitable, pero todo está abordado de una manera muy sutil y cotidiana, no hay subrayados innecesarios.

Técnicamente tiene momentos mejor abordados que otros, pero así y todo logra mantener una coherencia en el tratamiento y mucho cuidado de la narración. Pico lleva adelante con mucha soltura su papel, confundiéndonos en muchas escenas respecto a si lo que vemos forma parte de un registro documental o de una puesta en escena de ficción.

Existe cierto sesgo burgués del que relato mucha veces toma consciencia, exponiendo el conflicto y haciéndose cargo, aunque en otros momentos eso no ocurre, y quizá sea en aquellos pasajes donde la película pierde un poco de organicidad y deriva un poco.

Otra linda sorpresa del Festival y de la Competencia Latinoamericana, en este caso de la mano del regreso de un cineasta argentino que supo ser muy prolífico una década atrás.

Adendas

  • Hora cero: Teddy, de Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma (2020)

Teddy es un film francés que dialoga muy bien con los films de Quentin Dupieux o de James Cummings, en especial con la reciente The Wolf of Snow Hollow.

Un joven que vive en un pequeño pueblo francés cerca de los pirineos es mordido por un lobo y a partir de allí de inician una serie de hechos que desatarán en situaciones absurdas, sangrientas y disparatadas.

Como sucede con la mayoría de estas películas, la importancia está más en el clima, en cómo se construye la tensión a partir de la banda sonora, el uso de la imagen y cierto trabajo estético, que generan la idea en el espectador de que están ocurriendo cosas que son más relevantes de lo que efectivamente está viendo. Allí es donde la comedia y el absurdo entran a jugar y hacen lo suyo.

Teddy es divertida, un poco incorrecta y por momentos grotesca, pero logra mantener un eje y una coherencia que la convierten en una gran película, con varias líneas de análisis posible. Por alguna razón, pienso que sería muy difícil ver una película nacional que se maneje en esos terrenos. Creo que lo más cercano que se me ocurre son ciertas ideas que aparecen en Muere, monstruo, muere de Alejandro Fadel o en La araña vampiro de Gabriel Medina. Algún tufillo hay por ahí.

Gran comienzo de esta sección y para lo que hubiese sido una hermosa función de trasnoche en la sala principal del querido Ambassador.

  • Estados Alterados: El tango del viudo y su espejo deformante (The Tango of the Widower and its Distorting Mirror), de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento (2020)

La cineasta y compañera del fallecido realizador chileno Raúl Ruiz recupera y reinterpreta el metraje de lo que habría sido la ópera prima del autor de Poéticas del cine, a partir de un material recuperado e inconcluso durante más de 50 años.

El resultado es una película que no hace más que hacerle justicia a la competencia en la que se proyecta: un film alterado, intervenido y modificado a partir de la visión de una gran cineasta, que además pone a jugar todos sus dotes de montajista con mucha precisión en el armado de la estructura narrativa de la obra.

Hay muchísimo para analizar o para pensar en lo que cuenta y muestra El tango del viudo y su espejo deformante, incluso cosas que en el momento de su realización no podían ser entendidas. Allí hay un gran trabajo de Sarmiento en, por ejemplo, introducir con mucho cuidado cierta perspectiva de género en el desarrollo de la trama.

Se trata de un film único, sensorial, experimental, donde no hay mucho que entender, sino más bien estar dispuesto a entrar de lleno en un relato sensorial. Una lástima no poder ver esta película en una sala.