Pet Sematary: ¿En serio? ¿Vivo?

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King, siempre King. El rey del terror ha entrado nuevamente en esa vorágine que son las adaptaciones. Por mí, genial; no hay nada más lindo que pelearse en internet con los fundamentalistas de que la adaptación tiene que ser igual a la obra original. Sin embargo, 24 Cuadros es una revista de cine, así que vamos a pasar del libro y hacer una reseña amable de lo que realmente importa: la película.

Si alguno todavía está dormido, el argumento de Pet Sematary (Cementerio de Animales) es de lo más pintoresco (y genial): una familia, los Creed, se mudan de Boston a Ludlow (Maine). Louis tiene un nuevo trabajo como médico de la universidad, así que su esposa Rachel, sus hijos Ellie y el pequeño Gage, y el gato Church, llegan a su nueva casa con muchas expectativas. Al poco tiempo se enteran que detrás de su propiedad hay un cementerio de animales creado por los niños del pueblo para sepultar a sus mascotas. Y mucho más allá, una barrera que no debe ser cruzada: un antiguo cementerio indio que vuelve a la vida lo que allí se entierra.

PET SEMATARY

Esta nueva adaptación es una película de terror más, que no tendría la repercusión que tiene si no estuviera Stephen King ahí, dando vueltas en el título. Un elenco genérico con una supuesta superestrella en ciernes (Jason Clarke) y un gran veterano (John Lithgow), un apartado técnico que cumple sin destacarse en innovación, y una música que te olvidás al salir del cine. Están los clásicos jumpscares, los cuales no son más que eso: jumpscares. Su función es la de hacernos acordar que estamos viendo una película de terror. Y junto al clima solemne, no pretenden salirse de los cánones preestablecidos. Nada de esto es malo, y funciona bien; pero no por ello deberíamos sacarnos el sombrero.

Un punto a destacar es el trabajo en el personaje de Lightgow, Jud Crandall. La película forma un corto juego, estableciendo que en un principio oscile entre la aparente cordialidad de buen vecino y la reserva de un viejo un poco siniestro. Y por un momento esconde algo, lo miramos de reojo. Cuando le confiesa a Louis que le mostró el cementerio indio porque la pequeña Ellie tocó su corazón, la declaración es floja: en realidad el viejo Jud siempre estuvo hechizado por ese lugar.

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Por otra parte, uno de los fuertes de esta historia (que queda más que plasmado en el fabuloso libro de King)[1] era la discusión ética y moral de qué haríamos: ¿enterraríamos a nuestros seres queridos en el cementerio que los trae de vuelta a la vida? ¿Por más que no sean los mismos? En este film se esboza esa idea dicotómica con Louis y Rachel. El primero es escéptico y no tiene problemas en decirle a su mujer que no cree que haya algo después de la muerte. En cambio Rachel, quien carga un fuerte trauma por haber visto morir a su hermana, no acepta el hecho de que su hija Ellie pregunte sobre el tema y quiere alejarla de esa cuestión a toda costa. La niña sufre ante la idea de que un día Church no esté más, y su madre reverencia y teme a la muerte, considera que su hija es demasiado pequeña para abordar eso.

Lo interesante se da hacia el final, cuando Louis, cegado por el poder del cementerio, no quiere reconocer que la resurrecta Ellie no es la misma. En cambio Rachel es quien pone un manto de lógica a la situación, alejándose inmediatamente de su supuesta hija y tratando de hacerle entender a su marido que lo que hizo es una aberración. En el clímax, quien se mostraba escéptico a creer que hay algo más que la muerte es quien menos la acepta.

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Personalmente creo que explotar este punto es lo que hubiera llevado a la película a otro nivel. Tratar el terror desde los verdaderos miedos humanos, aquellos que son casi indecibles, es lo que muchas veces asusta más que un camión pasando de golpe por la carretera o el bufido de un gato en un sótano oscuro. Darle a la historia el enfoque clásico de film de horror es lo que la debilita y no la hace trascendente, y sentimos que estamos masticando esa comida recalentada que cenamos pero no disfrutamos del todo. Las implicancias filosóficas entre el creer y no creer en algo después de la muerte son demasiado fuertes como para tratarlas superficialmente, he aquí la cuestión.

Cómo último comentario, decir que hacia el final todo es un poco decepcionante con ese armado medio zombi de la familia Creed, no siendo más que carnicería y una resolución que peca de facilona. La conclusión es, lejos, el punto más bajo de una historia que siempre ha tenido un potencial tremendo, pero que al tratarla como puro y exclusivo terror se la deja sin matices. Tal vez en veinte años tengamos otro período de nulas ideas originales y Hollywood vuelva a adaptarla.

[1] Dije que no iba a hablar del libro y lo acabo de hacer. Mala mía.

 

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