Roma: la grieta útil

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Todos pudimos notar en estas últimas semanas la irrisoria división que generó el estreno de la octava película de Alfonso Cuarón.

Para muchos, es de las mejores cosas de la década, para otros tantos, un bodrio insostenible.

Roma es una obra que hace de los contextos algo protagónico y esto se puede sostener en todos sus aspectos. Y la situación principal de contextos protagónicos podemos notarla sin siquiera ver la cinta: todo este revuelo es a causa de que la misma se estrenó en Netflix.

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Es sumamente necesario aclarar esto porque gran parte de la discusión cinematográfica que se da en torno al film tiene raíz en esto.

De manera clara, Netflix amplía cada vez su mercado y el prestigio de los premios es algo por lo que el gigante del streaming comenzó a interesarse desde hace un tiempo.

Roma es una película hablada en español, en blanco y negro, con una estructura narrativa críptica y un trabajo visual poético y muy elaborado. Pero también es una película que ofrece una historia potente de una familia en decadencia y un reflejo social descarnado y preciso.

Cuarón fue acusado de grandilocuente más de una vez en su carrera y algunas cosas de esta película pueden llegar a reafirmar esas acusaciones pero, mas allá de las críticas contextuales y algunas decisiones por parte del director que alejan la atención de los espectadores, Roma logra recompensar a quienes logren sumergirse en su mundo.

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Los fanáticos de las referencias pop no van a estar muy a gusto buscando similitudes en Roma pero sí se pueden ver varias reminiscencias de la época de Buñuel trabajando en México o algunos coqueteos con Fellini.

El personaje de Cleo es tal vez una de las mejores creaciones del mexicano como realizador audiovisual. Su función como nexo entre dos mundos que buscan evitarse e inevitablemente se encuentran es impecable y conmovedora. Esto es sin lugar a dudas lo mejor de Roma: es una historia sumamente humana.

En este punto, las intenciones de Cuarón como director pueden jugarle un poco en contra a la dirección que toman sus personajes. Las ambiciones visuales del director lo hacen estar presente todo el tiempo en la película y los ambientes que supo componer muchas veces se terminan difuminando.

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Nadie puede decir jamás que Alfonso Cuarón no sabe cómo o dónde poner una cámara pero en su esfuerzo por intentar incentivar el cine “alternativo” en el monstruo del mainstream, algunos vicios se le van de las manos.

Todo lo que se generó a partir de Roma es interesante.

Es una película que, para algún espectador casual con cierta apertura, puede ser la llave a un estilo de cine al que quizás no está muy acostumbrado. Y el cinéfilo de paladar negro tendrá algo más para ver cuando esté algo cansado de seguir buscando alguna joya oculta por inhóspitas páginas de piratería.

La función social de Roma es valiosa y rica. Roma como pieza cinematográfica es lograda e interesante pero se queda a mitad de dos caminos. Dos caminos que su director no sabe cómo unir desde hace un tiempo largo.

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