La monja o The NunCa deberían haberla hecho

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No sé si alguna vez tuvieron algún turbo o ventilador al que era necesario empujarle las paletas para que arrancara. En mi casa había uno de esos armatostes pesados de puro fierro y ruido ensordecedor, al que había que hacer girar manualmente una vez enchufado y después seguía andando solo. Esto último no ocurre con La monja, película a la que hay que darle patadas y empujones a cada rato para poder llegar al final. Y no por lo aburrida, sino por lo intrascendente, forzada e inverosímil.

La historia comienza con el suicidio de una monja en una abadía de Rumania en el año 1952. El Vaticano, al tanto de esta situación, decide enviar a un sacerdote (Demian Bichir), experto en posesiones y exorcismos. En el camino deberá encontrarse con una novicia (Taissa Farmiga, hermana de Vera), quien supuestamente “conoce el territorio”. Y se unirá a ellos El Franchute (Jonas Bloquet), un desopilante personaje que, me parece, trata de poner un toque de comedia y ridículo, o hace el ridículo tratando de sobrellevar semejante guion, no entendí.

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Cabe aclarar que esta película pertenece al Universo Warren, el cual comprende la buenísima The Conjuring (2013), la “ponele que mantiene el nivel” The Conjuring 2 (2016), la “no jodamos” Annabelle (2014) y la “no la vi” Annabelle: Creation (2017). ¿Qué quiero decir con esto? Así es, gente: con The Nun se sigue explotando al máximo lo que ya todos sabemos y se mete a los Warren en una escenita por ahí para decir que esta película pertenece a dicho universo.

Explicando el porqué de los adjetivos al principio de esta nota, podemos decir que la intrascendencia de la película radica en el constante uso de los ya conocidos clichés de terror, que van desde los típicos jump scares hasta la profanación de lo religioso como un acto terrible de maldad. Con esto no estoy descubriendo nada nuevo ni diciendo algo que no se haya escrito en algún otro portal de cine y series, pero vale la pena recalcar que el film no tiene un armado que intente ser algo medianamente original. Tal vez el mejor momento sea la primera secuencia, vertiginosa y un tanto desesperante, pero no es más que el primer paso de una escalada imposible.

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Además de preocuparse por establecer un clima acorde, una película de terror tiene que tener en cuenta lo verosímil que se genera para narrar su historia. En el caso de La monja nos vamos a encontrar con saltos y más saltos de situaciones que no se terminan de conectar una con la otra. Y es que desde el principio, en reunión con los obispos que le encargan la misión, el sacerdote dice “me están ocultando algo”, tratando de meter suspenso en medio de la nada misma. Otro ejemplo de esto se da cuando los protagonistas llegan a la abadía y hablan con la madre superiora a cargo: no hay razón alguna para confiar en ella, y en el afán de hacer que todo sea siniestro y extraño se genera una escena que no se sostiene y da más improbabilidad que miedo. Y bueno, ni hablar de esos poderes mentales que aparecen alrededor del minuto 40 sin ningún tipo de aviso.

En general, durante toda la película hay una indiferencia bastante grande por parte de los personajes ante sucesos paranormales que deberían impactar de otra forma, y esto se debe a las intenciones de forzar una historia que se nota mucho como una Stacy Malibú con el sombrero nuevo.

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El apartado técnico es el normal, no destaca. Y esa fotografía tan oscura a la que terminamos acostumbrándonos es el punto que tal vez se creía fuerte, pero que se cae enseguida al no tener un contrapunto o variar en algunos momentos. Termina siendo tan repetitiva como opaca.

El Universo Warren se expande cada vez más, y es probable que sigamos asistiendo a un derrumbe de calidad en el cual La monja es el punto final. Esperemos que las predicciones sean erróneas y nos den El exorcista del nuevo sig… jajaja, perdón, mandé cualquiera. Les deseo lo mejor si la quieren ver.

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