Terminal

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Terminal (Vaughn Stein, 2018) es una suerte de pastiche posmoderno. Cuenta a la vez varias historias entreveradas, la imagen alterna el noir clásico de luces mortecinas con el neo plagado de neón y, sobre todo, reúne un puñado de influencias: tiene diálogos a lo Tarantino, giros a lo Guy Ritchie y exhibicionismo visual a lo Winding Refn. Es un policial negro que parece transcurrir en el subsuelo de un barrio de aquel Los Ángeles oscuro de Blade Runner con personajes que recuerdan a villanos escapados de Sin City. Así, si prolongamos este ejercicio de referencias corremos el riesgo de perdernos en el infinito, ya que todo en el filme remite, de manera más o menos velada, a algún otro momento, lugar o personaje. Podríamos decir que este juego funciona bastante bien al principio de la cinta. Pero luego, a fuerza de repetirse, este mecanismo se torna un recurso excesivo que le roba consistencia a la historia. Porque, a pesar de sus artificios, la historia de Terminal no carece de atractivo.

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Annie (Margot Robbie) es una asesina que desea trabajar para el misterioso Sr. Franklyn. A modo de prueba, el Sr. Franklyn le propone que, en una noche, Annie elimine a todos sus competidores, los asesinos que él mantiene bajo contrato. Annie acepta la propuesta y, a su vez, le solicita un favor al Sr. Franklyn como condición para iniciar su tarea. Esta es la situación que pone en marcha la historia. De inmediato, los hechos se trasladan a la Terminal, una estación del subterráneo en la que, entre otras cosas, hay un café llamado End of The Line. Allí trabaja Annie, de manera encubierta, como mesera. Y allí Annie habrá de entrevistar a tres personajes oscuros. Por un lado, mantendrá una larga conversación con Bill (Simon Pegg), un hombre que padece una enfermedad terminal (aquí la referencia, ya sabemos, no es gratuita) y, por otro, con Vince (Dexter Fletcher) y Alfred (Max Irons), una pareja de asesinos que se mantienen en vigilia a la espera de su objetivo. En medio de esos intercambios, cada tanto se asoma también un peculiar encargado de limpieza (Mike Myers), una suerte de bufón sabio y retorcido que brinda alguna que otra palabra oportuna a los personajes. El relato, como cabe esperarse, no sigue una continuidad cronológica, sino que se entrecruza y avanza a los saltos. Y este cúmulo de presencias, que al principio parecen desconectadas, poco a poco irán revelando relaciones insospechadas mediante giros que, en su mayoría, se adivinan a la distancia.

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Fuera de toda duda, el punto fuerte de Terminal son las interpretaciones actorales. Margot Robbie se carga al hombro una película que, con una protagonista menos carismática, se habría diluido en un mero ejercicio académico. No se puede decir menos del compromiso de Simon Pegg con su papel. Con el tono conmovedor, la mirada empañada y una barba a lo Van Gogh, Pegg le otorga espesor a una figura traída a la función como por accidente. El duelo verbal entre Annie y Bill (atención a la resonancia de este nombre) es impecable. El tercero que se destaca en este juego, a pesar de la brevedad de sus apariciones, es Mike Myers. Luego de pasar años alejado de la gran pantalla, Myers regresa con un personaje en clave de clown siniestro para el cual da la nota justa.

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En esencia, Terminal es un producto de receta, un ejercicio que aplica la técnica que otros cineastas han convertido en su marca registrada. Cuenta no obstante con una historia interesante, que se tuerce y se retuerce en exceso, sin brindar mayores sorpresas, pero que se sostiene y logra su efecto gracias a las interpretaciones de los actores principales. En cuanto a la línea estética del director, está más que claro que adopta la intertextualidad como forma de expresión básica. Sin embargo, algo de estilo personal aflora durante el cierre, en el momento en que (sin dar mayor detalle para no entrar en terreno de spoilers) el relato estalla en un delirio a lo Lewis Carroll. En este sentido, ojalá que Vaughn Stein se dedique a explorar esta línea en sus próximas producciones en vez de repetir de nuevo las fórmulas con las que otros alcanzaron su celebridad: Terminal ha agotado esta vía.

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