Strong Island: Retratos de familia y catarsis

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El documental Strong Island sondea el impacto y las consecuencias que el asesinato de Willam Ford Jr. (a sus 24 años) causó en el seno de su familia.

Los Ford: el matrimonio de Bárbara Dunmore y William Ford, y sus tres hijos: William Jr., Yance y Lauren, eran una familia de color que había escapado de Brooklyn para tener chances de encontrar una vida tranquila y sin problemas con la comunidad blanca. Para ello se instalaron en Long Island, en la ciudad de Central Islip: un suburbio predominantemente negro, lugar donde finalmente el crimen ocurrió con el tiempo.

Tras un breve lapso de existencia en armonía, comunidad y algo de prosperidad, los Ford comenzaron a experimentar un tipo diferente de segregación y las dificultades raciales reaparecieron en sus vidas. Fuera del barrio, que por confortable que pareciera terminaba funcionando como un gueto para ellos, la tensión entre los negros y blancos se mantenía latente, pero en muchas ocasiones se transformaba en acciones que castigaban a los primeros por cuestiones de racismo, sin justicia, como parece haber ocurrido en el caso del joven Ford. A saber:

Semanas antes de la tragedia, Lauren, una de las hermanas de William Jr., regresaba en auto a casa, acompañada por un amigo, cuando recibió un choque violento de parte de una grúa sin luces que manejaba un joven mecánico blanco llamado Mark Reilly.

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Para evitar las consecuencias de su mala acción y salir del atolladero en el que se había metido, el agresor prometió a los damnificados que el taller en el que trabajaba se iba a hacer cargo del arreglo del auto, siempre y cuando quedaran las cosas ahí y no se hiciera la denuncia ante la policía. Lauren aceptó y eso fue un primer error.

Pasaron los días y en ocasión de un reclamo, su madre fue groseramente insultada por Reilly. Al enterarse del acoso a su hermana y del insulto a su madre, William fue indignado hasta el taller, y ese fue otro error.

Un amigo lo acompañó. Discutió con una persona fuera del galpón y al detectar la presencia de Mark, William Jr. lo fue a buscar al interior del taller, cuando este volvió a meterse. Este fue el error final que posibilitó que la tragedia aconteciera.

El amigo permaneció en la puerta, junto a la otra persona, esperando.

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Momentos después, sin mediar mayor violencia, William recibió de parte de Reilly un balazo en el pecho, dentro de las instalaciones. Salió malherido de bala, agonizó hasta que lo vinieron a buscar y, finalmente, murió en el hospital.

A pesar de lo sucedido, el agresor resultó sin cargos y fue absuelto, dándose en los hechos un carpetazo al homicidio. El gran jurado no habilitó el debido proceso y burló la confianza de los deudos de la víctima, en especial de su mamá.

La sorpresiva muerte ocurrió en 1992. Aproximadamente, dos décadas después, Yance Ford, en ese entonces una joven estudiante en Hamilton College, hoy un hombre transgénero cineasta, hizo realidad una necesidad personal al convertir aquel suceso doloroso que destruyó la armonía en su familia en un documental en el que recopila y expone testimonios, fundamentalmente propios y de su madre, con la finalidad expuesta de sembrar conciencia sobre el racismo en su país, los Estados Unidos de Norteamérica.

Con pocas evidencias materiales, solo un montoncito de fotografías comunes y familiares; unos pocos videos caseros; algunos testimonios de amigos de su hermano muerto, con versiones parciales y de algún modo contradictorias; o de ex fiscales que, de alguna manera, tomaron contacto, directo y no tanto, con la causa, los hechos o la víctima; los audios de llamadas telefónicas, con diversos resultados, relacionadas con distintos momentos del relato o la investigación; y como fue dicho, con la sentidas y emotivas declaraciones del director-protagonista-hermana/o de la víctima y de su afectada progenitora. Con solo estos pocos elementos, Yance ha podido construir un documental, que concebido como un objeto estético enrarecido, es inteligente, emotivo y entretenido. ¿Cuáles son los recursos de los que se vale para maximizar lo básico?

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Creo, sin agotar los fundamentos posibles, que una de las estrategias que utiliza el director para crear la textura emocional atrayente del filme es: explotar al máximo la emotividad de las expresiones de Bárbara y las suyas propias cuando se pone ante la cámara; no abandonar, en los tramos escénicos bajo control, la idea de una puesta escena redituable y la libertad de jugar convenientemente con el tiempo de los eventos presentados, al mismo tiempo que se reserva cierta información para usarla en el momento oportuno o nunca, con la picardía de un avezado narrador de género. Eso hace que en gran parte del filme no se profundice sobre lo que sucedió en la noche en la que mataron a William Jr. y se manipulen determinados datos para evitar aclarar antes de tiempo los pormenores del suceso fatal, reservándose para el final uno especial que dejará pensando al espectador cuando, por lo visto y escuchado hasta su aparición, creía haber llegado a una conclusión. Además, Yance demuestra ser muy creativo y de buen gusto al insertar cada tanto fragmentos con (prácticamente) motivos libres que mojonan y airean la puesta en serie de piezas testimoniales dominadas por cabezas parlantes testimoniales que no siempre resultan parejas y equivalentes en su valor audiovisual, estético y narrativo, pero que en conjunto sirven para completar el largometraje sin huecos visibles ni monotonías desestimulantes y cansadoras.

En general, frente a una propuesta temática de este tipo, cualquiera supone que quien se sienta atraído a ver la película espera recibir, en principio, algo así como una crónica investigativa que devele las características del asesinato de un joven afro estadounidense en los años 90 y en un contexto de racismo, y de cómo ese crimen fue barrido bajo la alfombra por la policía; sin embargo, en el documental de Ford se filtra además un generoso conjunto de temas que, al contrario de confundir, densifica y nutre el argumento y contribuye a ponderar su estructura discursiva ayudando, incluso, a que el producto audiovisual resultante sea adecuadamente entretenido. En este orden de ideas, Yance Ford fructifica el cuadro fílmico, al exponer de manera virtuosa su vulnerabilidad, ya que además de ser de raza negra, como el resto de su sufriente familia, está luchando por ser considerado un auténtico hombre cuando ha nacido mujer, y en ese contexto, se propone la búsqueda de una igualdad de oportunidades para todos y todas, empezando por él.

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