Reseña: Molly’s Game

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El debut detrás de las cámaras de un apreciado por la casa como Aaron Sorkin es medianamente auspicioso. Molly’s Game, nominada al Oscar por Mejor Guion Adaptado (de Sorkin) tal vez no merezca semejante promesa de galardón, porque en definitiva es una película chiquita con una suma interesante de cualidades que quizá habría funcionado mejor como miniserie.

El juego

Es probable que los espectadores más afilados en la búsqueda de similitudes noten el parecido en general que tiene Molly’s Game con The Social Network, la peli de Fincher, que tuvo a Sorkin en la adaptación del guion (por el cual ganó el Oscar). Un montaje que alterna el pasado del protagonista mientras gestiona aquello por lo cual tendrá problemas legales en el presente. Un protagonista brillante e ingenioso –una marca personal del guionista– con algún que otro trauma. Y, el mayor escollo de ambas películas: un héroe / heroína que no lo son.

Molly Bloom (la fabulosa Jessica Chastain), “la princesa del póquer”, se ve perseguida por el FBI por sus conexiones con la mafia rusa, el lavado de dinero y algún cargo más. Hace dos años que ella clama haber abandonado todo y, apretada por la acusación, busca los servicios legales de Charlie Jaffey (el también fantástico Idris Elba) que termina accediendo a representarla contra el Gobierno de Estados Unidos en una voltereta argumental al menos floja.

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La protagonista llega a este estadio poco feliz de su vida después de años de manejar y ser anfitriona de una de las mesas de póquer más importantes de EE. UU., hecho que se explica en la segunda voltereta argumental al menos floja. Molly fue una promesa del esquí americano, proveniente de una familia, si bien no rica, exitosa en lo académico. Kevin Costner (de notables minutos de actuación), como el padre exigente, tiene una de las mejores escenas sobre el final del film, donde le dice algo así:

“Voy a hacer con vos lo que se les exige a todos los psicólogos del mundo: darte las respuestas a tus preguntas”. Una línea de diálogo tan Sorkin que resulta imposible imaginarla por otro autor.

"Molly's Game" Film - 2017

Lo que tiene Molly son tantos interrogantes sobre su destino que tras una fuerte lesión, abandona el esquí y se toma un año sabático que se transforma en una década. Así, en otra flaqueza del plot, demuestra sus dotes como anfitriona de un juego de póquer donde conocerá al afamado “Jugador X” (Michael Cera) que será, primero, amigo y después no tanto. Hago un parate aquí para detallar algo con respecto al Jugador X, nombrado así porque según Sorkin y la real Molly, no es alguien en particular, sino una composición de varios actores triple A, a saber: Tobey Maguire, Ben Affleck, Leo DiCaprio, Macaulay Culkin, y un par más. Sin duda, alcanzado ese punto, habrá habido una discusión particular al respecto, porque hubiera sido una película peligrosa de hacer, de producir y finalmente de estrenar.

La corrupción

Entre alguna (otra) explicación floja de papeles, actuaciones convincentes y un guion que le saca bastante partido a una historia que no detalla muchas cosas relevantes para el espectador, hay una persecución de dos historias: la evidente, “el juego de Molly”, y la que siempre le interesa más a Sorkin como autor, la personal del personaje. La forma de su ser. Estas manifestaciones se dan en las interacciones de Molly con su abogado y también con su padre. Lamentablemente (para nosotros), los mejores momentos de la cinta son también los más escasos. Son los que nos muestran la humanidad de Molly, que de ninguna manera puede ser presentada como una heroína. Es más, si rascamos un poco la superficie, a la legua se nota que el guion  hace todo lo posible para dejarla mucho mejor parada de lo que seguramente se merece. Suma a eso la representación de Chastain que no para de recibir papeles similares desde “Zero Dark Thirty”, con casos testigo como su rol en “Interstellar” y “Ms. Sloane”. Este hecho sin duda se diferencia de la imagen de Jesse Eisenberg como Zuckerberg en La red social, donde es tan detestable como es posible y la narrativa termina siendo mucho más compleja, neutral e integral. Molly’s Game sufre de estar centrada por completo en la protagonista, generando en el guionista / director el enfoque obligatorio para que ella nos agrade. Al final de la película, nos termina cayendo bien, pero se siente forzado por los eventos que describe la película que en la vida real no sucedieron de esa manera. La magia del cine.

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Conclusión

Hay una razón por la que Molly’s Game no está nominada más que a mejor guion adaptado y tiene que ver con su naturaleza. Sí, es una buena historia para contar, pero no habla de grandes cosas. No tiene un gran tema detrás. No busca dilucidar nada. Es “chiquita”. Entretenida, bien hecha, bien escrita a pesar de sus flojedades varias y de tener pocos momentos “auténticamente Sorkin”, que descubrió que los personajes pueden hablar sin estar caminando, y por último, enormemente actuada. Y ya está. Podemos nombrar 1500 películas por año con esas mismas características. Alguien puede aventurar que el gran tema es: “mujer intentando dominar a hombres poderosos”. Es un tema fuerte en esta época, pero sin duda es una mentira. Al final del día, la película nos muestra como Molly fracasa una y otra vez en ese intento de “dominio” que no existe como tal porque al final siempre sale derrotada e, incluso, requiere del acercamiento y la compasión de otros hombres poderosos para salir mejor parada de lo que quizá debió.

No hay aquí una metáfora ni un gran relato de redención. Tampoco hay una demostración ideológica. Hay una historia decente y súper mirable, que no es poco. Pero tampoco es mucho.

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