Reseña: She’s Gotta Have it

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Pasaron más de treinta años desde aquella película dirigida por Spike Lee con el nombre de She’s Gotta Have it, de presupuesto bajísimo, filmada solo en doce días y en blanco y negro. Se convirtió en una de sus mejores cintas, fundamental para comprender su mirada sobre la relación entre la sociedad estadounidense y la comunidad afroamericana.

A sus 60 años, Lee decidió llevar a su personaje emblema, Nola Darling, al gran monopolio de la N roja. Así, junto a Netflix, creó una serie de 10 episodios de media hora cada uno y se encargó de la dirección y el guion, junto a otras autoras.

Como siempre es mi deber advertir que quizá algo de lo que escriba a continuación se considere spoiler.

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La historia gira en torno a Nola Darling (DeWanda Wise), una artista que intenta lograr reconocimiento en la industria pero no tiene suerte. Trabaja dando clases de arte en una escuela, pinta retratos de mujeres que la inspiran y hasta pasea perros. Nola tiene tres amantes y medio podría decirse, pero esquiva los compromisos. Tres hombres y una mujer. En uno de los episodios, su psicóloga la define como una persona adicta al sexo pero ella la corrige diciendo que es una persona libre, disfruta de su sexualidad y no es propiedad de nadie.

Mars Blackmon (Anthony Ramos) es un puertorriqueño, amante del básquet y el hip hop que lleva una bicicleta a todos lados y un gran sentido del humor.

Greer Childs (Cleo Anthony) es un fotógrafo y modelo demasiado narcisista, ególatra e insoportable.

Y el último, Jamie Overstreet (Lyriq Bent), es un banquero posesivo y millonario que no puede (ni quiere) separarse de su esposa.

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Quizá el vínculo más fuerte es el que establece Nola con Opal Gilstrap (Ilfenesh Hadera), una mujer independiente que es dueña de un vivero y tiene una hija pequeña.

DeWanda le aporta al personaje frescura y es quizá mejor que la Nola del 86, con un carisma excepcional. Por momentos es una mujer tan fuerte que parece que nada le va a afectar, pero con el correr de los capítulos demuestra su costado vulnerable dentro del entorno machista y su constante lucha por ganarse su lugar en el mundo del arte.

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Cada monólogo es directo a la cámara e impecable, tienen un toque de gracia y nunca se siente nada de más. La fotografía es muy buena y la banda sonora es hermosa, repasa el hip hop clásico, leyendas del jazz, hasta Frank Sinatra y John Coltrane.

La película resultó ser un poco más intensa, ya que está ambientada en los años ochenta y la mujer no tenía tanta libertad como, por suerte y de a poco, se tiene en 2017. Funciona y muy bien, por eso anunciaron que fue renovada para una segunda temporada que aún no tiene fecha de estreno.

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