Viene de Noche: ídolo en potencia

It comes at nigh

Ya sea porque uno pretenda ser un realizador, crítico, cinéfilo apasionado o una combinación de todas las anteriores, siempre va a existir ese ídolo que nos inspira y nos motiva con sus películas, las cuales anticipamos con el solo hecho de saber que existen. En mi caso, este ser divino es, como los que me conocen ya saben, el maestre Bong Joon-ho. De todas maneras, Mr. Bong es el primero en una lista de realizadores que, con solo escuchar sus nombres, ya tengo la necesidad de estar frente a la pantalla más grande posible para deleitarme (o decepcionarme) con sus creaciones. En mi lista existen directores de todas las edades pero, curiosamente, la mayoría de ellos sigue en actividad y son relativamente jóvenes. Mientras que personas mayores (tengo 21), durante sus épocas de juventud y mayor ingesta de contenido, probablemente tomaban de referentes a artistas contemporáneos y activos como podían ser Tarkovsky, Kurosawa o Hitchcock –para siempre en sus listas de preferidos– la nueva generación de amantes del cine se nutre y toma de referentes a directores que surgieron a finales del siglo XX y principios del XXI (sin dejar de lado a Andrei, Akira, Alfred o tantos otros). Como ejemplos de gusto personal puedo mencionar a Denis Villeneuve, Edgar Wright, Paul Thomas Anderson o Christopher Nolan, todos ellos con una película por estrenar este año.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Ni más ni menos que al ídolo en potencia. Ese director que al día de la fecha tiene pocas películas, una o dos quizá, y que su ópera prima no tiene más de diez años pero que desde el vamos demuestra un manejo del lenguaje cinematográfico y una visión creativa excepcionales, va camino a reclamar un lugar junto a los grandes referentes del cine que ahora son fuente de inspiración para muchos. En ese grupo podría incluir a Jennifer Kent con The Babadook (2014), Liam Gavin y su ópera prima A Dark Song (2016), Jordan Peele y su reciente Get Out (2017) o Robert Eggers con The Witch (2015), curiosamente todas óperas primas que en mayor o menor medida obedecen a los códigos del terror. En este grupo de realizadores entraría Trey Edward Shults, director de It Comes At Night (Viene de Noche), y razón por la cual escribo este artículo. Solo el tiempo dirá qué director o directora podrá alcanzar el status de “ídolo”…, aunque me siento confiado en decir que Trey Edward Shults será uno de ellos. Ahora sí, la película.

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En Viene de Noche la humanidad, o al menos Estados Unidos, parece haber sido devastada por una extraña enfermedad mortal. Sin mucha más información que esa, proporcionada no mediante una placa de texto o voice over, sino a través de una secuencia inicial donde el abuelo de la familia demuestra una etapa tardía de la enfermedad y es ejecutado e incinerado por sus pares, somos sometidos a un estudio de la mente humana bajo intensa paranoia y desconfianza, encabezado principalmente por el padre de la familia, Paul (Joel Edgerton), quien está dispuesto a tomar las medidas necesarias para mantener a su esposa e hijo a salvo. La cosa se complica cuando, luego de una serie de eventos desafortunados, Paul decide dar refugio a otra familia de igual composición (madre, padre e hijo).

Antes que nada y para explicar de qué tipo de relato se trata, vale aclarar una cosa. ¿Qué es lo que “viene de noche”? Si esperan una respuesta, entonces la película no es lo que buscan. Lejos de tratarse de una película de terror tradicional, el film funciona más como un thriller con elementos formales del terror. Sin embargo, hay un aspecto que la diferencia del género y es el manejo de la información. En ningún momento sabemos más que los personajes… y ellos saben muy poco. Es así como la incertidumbre y el desconocimiento son las fuentes principales del terror, tanto para los personajes como para el espectador. Al final de la película tendremos muchas más preguntas que respuestas en cuanto a la trama, pero ninguna duda acerca de lo que es capaz de hacer el ser humano en situaciones de extrema ignorancia de los hechos y hasta qué punto la supervivencia de uno es más importante que la de los demás.

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La segunda película de Trey Edward Shults demuestra que el autor no tiene miedo de tomar riesgos extremadamente anti-comerciales para lograr sus objetivos. El marketing se ocupó de venderla como un producto más del cine de terror, y con razón. Si Viene de Noche hubiese sido vendida como lo que es, muy poca gente habría ido a verla, y las chances de que A24, productora de cine independiente responsable de películas como Ex Machina y The Witch, apoye este tipo de proyecto sería menor.

La ópera prima de Shults, Krisha, es un excelente ejemplo de cómo hacer una película que varía en cuanto a técnicas cinematográficas con muy poco presupuesto –muchos de sus familiares estuvieron involucrados en la producción desde lo técnico y lo actoral– para lograr un resultado increíble. Transcurre todo el relato en una casa y es más cinematográfica que muchas producciones con altísimos presupuestos. En Viene de Noche quizá no haya sido tan inventivo como con Krisha, pero sigue siendo perfectamente capaz de generar un ambiente inquietante con muy pocos recursos, utilizando las herramientas que le da el medio con precisión e inteligencia.

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