Reseña: “The Keepers”

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Hace un par de años y contra todos los pronósticos, el Oscar a Mejor Película lo recibió Spotlight (Tom McCarthy, conocido hoy por 13 Reasons Why). En la terna competían: Bridge of Spies, Mad Max: Fury Road, Brooklyn, The Martian, Revenant, Room y The Big Short.

Fue una sorpresa cuando Morgan Freeman anunció con su famosa voz que el drama investigativo, basado en hechos reales, era el elegido para la estatuilla.

Los testimonios, tras la sorpresa, fueron claros: ganó por lo que dice, no por la forma. El director de Spotlight no demuestra un valor apreciado en el cine: destreza visual e imaginación narrativa. La película es sencilla y directa. The Keepers, el documental thriller que Netflix estrenó este año y que sigue la senda de Making a Murderer, acierta del mismo modo.

Crudeza

A fines de los 60, en una ciudad de Baltimore, ese paisaje tan bien retratado por The Wire, un asesinato conmueve a los parroquianos. La monja Catherine Cesnik, ex profesora en una escuela para chicas, aparece asesinada en un descampado, tras un tiempo de estar desaparecida. Los sospechosos se empiezan a acumular: su compañera de piso también monja, un cura con el cual mantenía una relación sentimental platónica, algún vecino.

Pero como se reitera una y otra vez en el documental: la historia del encubrimiento es aún más escandalosa que el asesinato mismo.

Luego de décadas de silencio, los testimonios de sus ex alumnas emergen. El principal implicado es el cura y asesor de la escuela Joseph Maskell. Cathy Cesnik sospechaba que Maskell estaba abusando de una o varias de sus alumnas. Y quizá no fuera él solo.

El relato es llevado adelante por Gemma Hoskins y Abbie Schaub, dos alumnas de la monja que no fueron víctimas de Maskell, e investigan todo el asunto como si fuera un Cold Case.

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Con el pasar de los capítulos, nos enteramos que realmente es así. El FBI y otras ramas policiales están investigando el caso. Se presume que la Arquidiócesis de Baltimore estaba al tanto de las acusaciones informales que había sobre Maskell y lo protegía mediante el método que ya nos había detallado Spotlight. Licencias indeterminadas, desaparecer, aparecer en otro lado.

Investigadores amateurs se suman a la requisa mientras el documental, editado con maestría, nos pone y nos saca sospechosos armando algo que funciona incluso como ficción, aunque, lamentablemente, no lo sea. Las víctimas, principalmente Jean Hargadon y Teresa Lancaster, nos relatan con una crudeza absoluta todos los recuerdos reprimidos que tienen de la época. Solo nos queda asumir que los realizadores eligieron que los relatos fueran gráficos en su crudeza, llegando al límite de describir detalladamente como se realizaban los abusos sexuales: en qué consistían directamente.

Limpiar la herida

Ryan White es el premiado director de The Case Against 8, que trata sobre el intento de hacer ilegal el matrimonio entre personas del mismo sexo en California. Se nota una tendencia de ir contra la Iglesia y contra el Estado y de hacerlo de la manera más virulenta posible, buscando una conexión con el espectador desde la bronca. Las veces que sentí una pelota de playa en el pecho durante el visionado de The Keepers son incontables. Más de una vez me vi agarrando el celular e intentando distraerme. Los testimonios de las víctimas son realmente duros. Imposibles de aguantar por momentos. Pero, durante esas partes, es vital hacerlo (aguantar) tal como lo es en 13 Reasons Why. Es ideología por demolición. Es entender o entender. O rechazar y, de alguna manera, ser cómplice del que está del otro lado. Del que culpabiliza a las víctimas.

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En el documental moderno, el motor no es la denuncia en sí misma, que está presente y es inobjetable: lo que lleva adelante el relato es el misterio. Ya vimos esta metodología en The Jinx (Andrew Jarecki), The imposter (Bart Layton) y Amanda Knox (Rod Blackhurst y Brian McGinn), entre otros. The Keepers no es la excepción, pero de alguna manera, por su duración y la falta de avance en ciertos puntos, se diluye.

A veces, cinematográficamente, la narración le juega en contra a The Keepers, porque la entrevista larga es el parámetro con todos los involucrados y así como es entendible que sostengan varios minutos de monólogo de una víctima (que a la vez, se está descargando), el relato se torna denso cuando se sostiene la misma práctica con un policía que estaba de servicio en 1970 y que, posiblemente, no tiene mucho recuerdo real del evento casi cincuenta años después. Es posible que este documental adolezca del efecto Netflix de estar ligeramente estirado. Sobre todo, porque el final es muy abierto.

Conclusión

The Keepers es un documental fuerte, fuertísimo, pero como Spotlight, necesario. Visualiza una problemática social que a los argentinos nos toca de cerca (ver caso Grassi, entre otros) pero que es sin duda universal. Se sugiere verlo, preparado para recibir una serie de golpes bajos que pondrían orgulloso a Mike Tyson.

A las valientes víctimas, ojalá que algún día puedan superarlo y encuentren justicia.

 

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