Reseña: Bojack Horseman, temporada 3

BoJack Horseman Season 3 premiering on Netflix on July 22, 2016. The series stars Will Arnett, Aaron Paul and Amy Sedaris. (Photo Netflix)

Kurt Cobain fue la cara visible de un producto súper exitoso que lo llevó al estrellato a principios de los 90s. Uno de los integrantes de su producto generó otro a su vez también súper popular. También fue drogadicto y quizás alcohólico. Ambas adicciones fueron producto de la depresión que sufría desde temprana edad por su situación familiar la cual canalizó a través de su arte, el cual no era una maravilla técnica ni mucho menos, pero alcanzó niveles inesperados de popularidad por ocurrir en el momento exacto de la historia. El principio del fin del siglo XX.
¿Qué hubiera sucedido con Cobain si no hubiera decidido cabecear un cartucho de escopeta ese lluvioso día de abril de 1994?

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Algo en el camino

Bojack Horseman, el titular de la serie animada original de Netflix, no lo hizo. Quizás por cobardía. Por muchos momentos de las tres temporadas de esta maravillosa “sadcom“, suponemos que el final de Bojack, tal cual el de Kurt (diferencias aparte), está cercano. Cada uno está en su vida, pero es imposible que no lo piensen como lo pensaba la esposa de Cobain, Courtney Love, o sus compañeros de banda, Dave Grohl y Krist Novoselic. O cualquiera con dos dedos de frente para verlo. Una persona así de deprimida (y depresiva), con tantas chances de patear el banquito.
La tercera temporada de “Bojack Horseman” se estrenó el 22 de julio y nos muestra a grandes rasgos el camino que transita Bojack en su búsqueda del Oscar por su rol en “Secretariat” que fue el plot central de la temporada 2.
A lo largo de los doce capítulos vemos cuatro tramas: la de Bojack y los tejemanejes de Hollywoo(d) junto a su asesora Ana (Angela Bassett) con la cual tiene una relación romántica. La de Princess Carolyn (Amy Sedaris) y su agencia la cual tiene problemas económicos graves. Todd (Aaron Paul) y su nuevo emprendimiento, un Uber para mujeres que no quieren ser acosadas, mientras define su sexualidad. Y la relación de Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins) y Diane (Alison Brie) que vive a los tumbos por los miedos de ambos.
Los primeros capítulos parecen algo desordenados y un tanto desparejos. La trama tarda en acomodarse y después de dos temporadas ya tenemos claro que “Bojack” como “Rick & Morty” no es una ‘comedia de dibujitos animados’. No es fundamental la batidora constante de juegos de palabras y comedia. Es necesaria porque no deja de ser lo que es. Una crisis turbulenta que estamos viendo por televisión a cien mil kilómetros de distancia.
En “Bojack Horseman” el humor funciona como un distractor. Van a decir “Eso es todo lo que el humor es”. Pero sería malograr conceptos. En las sitcom o, Los Simpsons o Futurama por nombrar productos mas similares en las formas, la seriedad es lo que distrae. Ni dos segundos después de ver a un personaje muriendo, nos tiran un chiste por la cabeza para que no olvidemos, nunca olvidemos, que lo que estamos viendo tiene a la comedia como eje central. No es así en “Bojack”. La catarata de chistes son el equivalente al vacío de sonido en las películas modernas de terror. Presagian. Si en el cine, en la película de terror te tapas los ojos, durante “Bojack” tener que ir yendo a buscar un frasco de miel para combatir la amargura.

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Litio

Pero no es porque la serie sea triste. La serie es realista. Podríamos argumentar que la realidad es triste y que no queremos presenciarla en una serie. Bueno, un garrón. “Bojack” no fue creada para que te sientas bien. Bojack no está bien. Nos puede importar dos huevos la tristeza de los ricos. Incluso, hasta nos debe. ¿Pero que pasa cuando lo único que diferencia a los ricos de uno, un pelagatos, es la caja de ahorros? Y acá hablo a titulo mas personal que general. Yo no me siento identificado con Bojack para nada. Pero el personaje al que le da voz Will Arnett no es irreal. Existe. El narcisista egomaníaco depresivo y necesitado de afecto es particularmente corriente. Y esta tercera temporada pone de manifiesto todos sus clichés de manera contundente.
Hay dos capítulos que yo considero magníficos y definitivos. El primero es el cuarto de la temporada. Bojack viaja al fondo del mar para el “Festival de Cine del Océano Pacífico”. El capítulo es un homenaje al cine mudo de Chaplin y Keaton que en el ínterin maneja un sub argumento muy cercano a “Perdidos en Tokyo”. Es maravilloso porque la ausencia de palabras, despojar a Bojack de su karate verbal, lo reduce al nivel del caballo mas humano de todos. Lo vemos solitario mientras intenta encontrar a un hipocampo que extravió a uno de sus hijos, intentando recomponer su relación con la directora indie Kelsey Jannings que está en el mismo festival presentando una película que no le interesa a nadie.
El otro episodio es el anteúltimo. Sarah Lynn reaparece para acompañar a Bojack en un juerga infinita de drogas y alcohol. Es un capítulo totalmente predecible y por eso mismo, inexplicablemente, es fantástico. Sabemos desde el minuto uno que va a suceder y ningún chiste puede arrancarnos una risa. Son distracciones puestas a propósito y con el único fin de hacer el final más doloroso.
El final de la temporada tres nos muestra al Bojack mas cercano al infierno. O a los que no creen en él: a la nada.
Minutos antes del final, Bojack contempla la nada.

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Veni como sos

Kurt Cobain se suicidó por miles de razones probablemente. Ninguna que una persona sana pueda comprender. Millones de dólares, gente que te ama, vivir de lo que te gusta… Imposible comprender la mente de alguien que sufre de depresión. Cobain tomó el camino corto tal vez, y se mató. Bojack no lo hizo. Es muy complejo averiguar cual es el destino del protagonista. Sin duda puede seguir bajando en la escalera caracol hacia el infierno, pero ¿cuánto mas esperan que soportemos?
El único camino que le queda a la serie es hacer que Bojack se encuentre por fin con la felicidad esquiva. La pregunta, como en la realidad, es ¿existe?

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