Johnny Worricker: El hombre que nunca se preocupa.

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Cada uno tiene actores que son su debilidad. En mi caso, es Bill Nighy. Veo todo en lo que trabaje. No sé porque. Ni siquiera estoy tan seguro que sea un gran actor, ya que parece interpretar siempre al mismo personaje: un inglés educado, flaco, elegante, desgarbado, capaz de pasar desapercibido, con algo de malicia y mucho de autoconciencia y sentido del humor. Una suerte de encarnación humana de la Pantera Rosa.

A Nighy le llegó el calor de las luces de grande; nacido en 1949, recién se hizo notable a finales de los 90. Estoy seguro que muchos de ustedes, que no lo quieren como lo quiero yo, recién ahora relacionaron el nombre con la foto del artículo. Y se empezaron a acordar de donde fue que lo vieron. Fue el viejo rocker Billy Mack en Love Actually (2003), fue el General Olbricht en Valkyria (2008, fue Viktor en la saga Underworld, y por supuesto, como casi todos los actores ingleses, estuvo en Harry Potter, interpretando al Primer Ministro Rufus Scrimgeur.

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Particularmente, me hice fan desde Still Crazy (1998), gran película usualmente desapercibida, sobre una banda de los años setenta, que 20 años después de su trágica disolución, decide juntarse una vez más para una gira europea. Allí interpretaba al cantante Ray Simms, divo, problemático y adicto en recuperación.

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Siempre atento a la carrera de Nighy, es que me encontré con estas películas. Es difícil encontrar una trilogía de la que uno no sepa, sobre todo porque si alguien financió tres películas, se espera que al menos la primera fuera un éxito descomunal. Salvo que se trate de la TV inglesa, y los filmes fueran producidos para ella, como es el caso.

Verán, los ingleses producen decenas de policiales por año, distribuidos en series, miniseries y películas para la TV. Todos los actores británicos tienen un papel en alguno, en algún momento de su carrera. Usualmente, la producción se desvía del policial clásico y se encamina hacia otros misterios, como pueden ser el del subgénero “thriller de espionaje”. Es en esta clasificación que se inscribe la trilogía de Johnnie Worricker.

La primera película se llama Page Eight (2011) y la dirige David Hare, con una carrera más cercana al teatro, pero que sin embargo cuenta en su haber con el guión de The Hours (2002), película que le valió un Oscar a Nicole Kidman por su interpretación de Virginia Woolf.

En Page Eight, Nighy personifica a Johnny Worricker, alto oficial de la inteligencia británica (MI5), que lleva una vida despreocupada en una organización que perdió las viejas mañas y se parece más a una corporación privada. Un buen día, su Jefe le entrega un archivo para su análisis, que incrimina a la CIA y al Primer Ministro británico en la tortura de prisioneros ilegales. No contento con la papa caliente, el Jefe convoca a una reunión con representantes del Primer Ministro. Durante la reunión, el jefe en cuestión, Benedict Barón, interpretado por el siempre carismático Michael Gambon, rompe con todos los recaudos propios de los espías y da a entender que ellos saben sobre las actividades del Primer Ministro – un desagradable Ralph Fiennes –  y la CIA. A la mañana siguiente, el Sr. Baron muere de un infarto, dejando a Worricker con un hermoso quilombo, al que se suma la sospecha de que su vecina, Nancy (Rachel Weisz) lo está espiando.

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Presionado por el poder político, y viendo que todo está en juego, hasta el bienestar de su hija, Worricker tiene que volver a las viejas mañas para salir del embrollo. Un relato de espías de los de antes. Una evocación a Graham Greene y John Le Carré, en el que el personaje principal, lejos de ser un James Bond, y más cercano a George Smiley, no se despeina, y sobre todo, como gusta decir, jamás se preocupa.

A Page Eight la sigue Turks & Caicos (2014). Worricker pasa sus días en una islita del Caribe, que resulta ser un paraíso fiscal. Está fugado del Reino Unido, todavía buscado por la Inteligencia Británica, debido a los sucesos relatados en Page Eight.

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En la islita, es reconocido por un supuesto colega de la CIA, interpretado por Christopher Walken. Presionado por el americano, bajo amenaza de denunciarlo ante el MI5, es arrastrado a una trama de negocios sucios, ya que en la isla se está preparando una conferencia de una corporación con estrechos vínculos con la política británica. Para la ocasión, Worricker requerirá la asistencia de una ex pareja, Margot, interpretada por Helena Bonham Carter.

Su misión, por extraña que parezca, es lograr la confianza de Melanie Fall (Winona Ryder). Seducirla, como no ha podido Christopher Walken, para lograr que revele sus secretos.

El secreto, nuevamente tiene al Primer Ministro como protagonista.

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La tercera entrega es Salting the Battlefield (2014). Worricker y Margot huyen a través de Europa. Están siendo perseguidos por los servicios de seguridad. Llevan identidades falsas y se les está acabando el dinero.

La única salida es el enfrentamiento final con el Primer Ministro, y para eso, los ex agentes de inteligencia usan una de sus armas más viejas: la prensa.

Estableciendo un juego de pistas, sugerencias y trascendidos, tendidos en los artículos de un periódico, Worricker va salando el campo de batalla. El poder político, que le pisa los talones, tiene un as en la manga: su hija.

La trilogía de Johnnie Worricker no es sumamente oscura, ni violenta. Sus misterios no son sorprendentes. Su atractivo pasa por un personaje fuera de este tiempo, con el que podemos sentir simpatía. Sus reacciones frente a las dificultades son la contracara absoluta de la desesperación o la histeria. Siempre manteniendo la flema inglesa, logra abrirse camino, con dignidad y hasta sentido del humor, aún en la derrota.

El elenco de notables brilla en cada escena. La trama, como dije, no es sorprendente, pero eso no quiere decir que sea sencilla. Va hilando, de manera comprensible, los vínculos estrechos entre la política de seguridad de las grandes potencias y los intereses económicos que se mueven con ella. Pone de manifiesto, además, la infiltración que los organismos de seguridad mantienen desde hace años en la prensa.

Y por sobre todo, tiene de protagonista a Bill Nighy: un hombre que nunca se preocupa.

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