Reseña: Megas XLR

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Cada tanto viene bien rescatar alguna joya animada del pasado, y este es el caso de Megas XLR, un show que mezclaba un poco de todo lo que nos gusta de la cultura popular (y lo hacía bien).

Producida por Cartoon Network y emitida entre 2004 y 2005, Megas XLR fusiona el mecha japonés con algo que podría ser una comedia de Adult Swim. El resultado es una serie desopilante que sigue a un robot gigante llamado Megas y, más precisamente, al grupo de antihéroes que lo pilotea: Coop (un gordo fanático de la comida y los videojuegos), Jamie (el mejor amigo de Coop) y Kiva (una piloto del futuro que se quedó atrapada con ellos).  

La historia comienza como si quisiera tener sentido: en el futuro, la humanidad está perdiendo la guerra contra una raza extraterrestre. Los humanos consiguen robarle el robot Megas al enemigo, con la intención de enviarlo al pasado y usarlo para defenderse, pero son interceptados y lo pierden en la Nueva Jersey del año 2000. Así es que Coop encuentra al robot en un depósito de chatarra y, tras  comprarlo por 20 dólares, empieza a hacerle todas las modificaciones inútiles que se le ocurren: sustituir la cabeza por un auto, agregarle una heladera, pintarle flamas y demás.

Para cuando Kiva llega desde el futuro a recuperarlo, Coop volvió al robot tan inentendible para una mente normal, que nadie más que él puede pilotearlo. El destino de la humanidad ahora depende de que el gordo se vuelva un héroe.

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El opening dice simplemente “nos gustan los robots gigantes”, y la verdad eso resume el espíritu de la serie. No se toma en serio ni su propia historia. El robot gigante anda por la ciudad como por su casa y a nadie parece importarle en lo más mínimo, llegando a quedar atrapado en el tráfico o a ser remolcado por estacionarse mal. El argumento principal queda sujeto a subplots genialmente patéticos, o a parodias a otros shows (Power Rangers, Sailor Moon, etc.), pero sigue teniendo un desarrollo.

Algo inconfundible es que no hay ni un solo episodio en que los “héroes” no dejen la situación peor de lo que estaba. O bien causan mayor destrucción que los villanos, o generan problemas donde no los había. La serie no te deja olvidar que estás viendo a un par de vagos que de la nada consiguieron un robot, pero de algún modo es casi imposible no quererlos. Pegan bien. Coop es básico como una piedra, pero hace todo con las mejores intenciones. Jamie no aporta absolutamente NINGUNA ayuda (es el personaje más inútil que se haya visto), pero su relación con Coop cuadra perfectamente. Queda en Kiva ser la voz de la razón que le da al grupo el poquito de lógica que necesita.

Esta es una de esas series que mejoran el humor. También es una de las que muchos recordamos por haberlas visto durante la infancia, pero que puede ser disfrutada a cualquier edad (posiblemente todavía más ahora) y vale la pena volver a mirar. La pila de referencias y gags que antes podían pasarnos desapercibidos es enorme, y bueno, nos gustan los robots gigantes.

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