Reseña: “Fargo” Segunda Temporada

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Cuando allá por finales del 2013 se anunció la producción de una serie basada en la obra maestra de los hermanos Coen,“Fargo”, la gran  mayoría de los mortales –incluido quien aquí suscribe– quedaron un poco preocupados. Una mirada repleta de desconfianza y recelo asomaba ante este proyecto, y la pregunta fundamental que sonaba era ¿para qué?. Una película brillante, una historia cerrada en sí misma, ¿Con qué necesidad trasladarla a la TV?.

Lo cierto es que había muchísimas más posibilidades de que todo fuese un fracaso estrepitoso a que el programa se convirtiera en un éxito inesperado. Afortunadamente, ocurrió lo segundo.

Sorpresivamente, la primera temporada de Fargo fue de lo mejor que se pudo ver en pantalla durante el 2014. En este sentido, el mayor acierto de Noah Hawley -el padre de la criatura- fue engañar a la audiencia. Hacerle creer que todo era una remake, cuando en realidad lo que se estaba haciendo era crear una suerte de universo expandido del mundo cinematográfico ideado por los Coen.

Fargo entonces pasaba a ser un microcosmos, una suerte de escenario que reunía no sólo el ambiente de la película que homenajea, sino también todo el espectro de personajes, climas y situaciones habituales en la propuesta estética-dramática de los Coen.

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El problema con Fargo era entonces ahora su nivel. Luego de una primera temporada superlativa, resultaba difícil pensar en una segunda entrega de alto nivel ¿Qué más nos podían contar?

Bueno, una vez más, la respuesta fue la más ingeniosa de todas.

En una nueva muestra de inteligencia, de esas que no abundan en la industria actual, los productores de Fargo decidieron llevar la historia al pasado. Se determinaron entonces a narrar aquella anécdota que Lou Solverson (el personaje que interpretó genialmente Keith Carradine en la primera temporada) contaba respecto de los hechos truculentos que habían acontecido en el condado a finales de los 70’ cuando estalló por una nimiedad una guerra mafiosa sin precedentes.

El relato entonces nos traslada varios años al pasado, donde el ahora protagonista Lou (una versión joven interpretada por un soberbio Patrick Wilson) era un oficial del departamento de policial que investigaba una serie de crímenes cometidos por Rye Gerhardt (Kieran Cukin), hijo de la familia mafiosa más grande de Fargo.

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En el primer capítulo de la temporada se nos introducía también al matrimonio compuesto por Peggy y Ed Blumquist (Kirsten Dunst y Jesee Plemons), una joven pareja estereotipada de la época: Ella sumisa, con ganas de independizarse pero sin carácter, y él un americano típico que busca tener su propio negocio y una familia numerosa.

Accidentalmente Peggy atropella a Rye luego de que este cometiera un feroz asesinato en un parador de la ruta. El matrimonio verá entonces amenazado su sueño del American way of life y tomará la peor decisión de todas: Esconder y encubrir el accidente.

Fiel a la naturaleza Coen, un pequeño hecho en la vida de personas intrascendentes y una muy mala elección generarán toda una cadena de eventos desafortunados que estallarán en una sangrienta guerra de mafias a lo largo y ancho de todo el territorio de Dakota del Norte.

La familia Gerhardt comenzará a sospechar que a su pariente le ha dado muerte otro grupo mafioso de la ciudad de Kansas; grupo que a su vez intenta apoderarse del territorio dominado por los Gerhardt.

El conflicto avanzará entonces a lo largo de toda la trama de la temporada, hasta que un desenlace, digno de las películas de los hermanos Coen, tiene lugar –palabra clave aquí: OVNI-.

Hawley, acertando nuevamente, toma entonces la decisión de realizar un mix entre “Blood Simple.”, “No country for old men” y “True Grit” (todo ello dentro del contexto del universo Fargo, por supuesto).

Las relaciones entre estas películas con la trama, la progresión dramática, el planteo realizativo, e incluso los personajes que aparecen en la segunda temporada de Fargo están más que marcadas (es imposible no trazar un paralelo entre el maravilloso personaje que interpreta Zahn McClarnon y el Anton Chigurh de Javier Bardem).

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Todo en estos segundos diez episodios de  Fargo está bien: Un tratamiento estético superador de muchas de las películas que se estrenan habitualmente; personajes compuestos de forma extraordinaria por actores que desafían el verosímil con una calidad notable (lo que hace Ted Danson es superlativo); una historia que avanza a paso firme; y, por sobre todas las cosas, una selección musical envidiable, que sin dudas transformó nuevamente a esta serie en una de las mejores propuestas televisivas de su año.

A la fecha ya hay una tercera temporada confirmada que, aparentemente, se estrenará en abril de 2017. El cast es de por sí sumamente prometedor: Ewan McGregor, Mary Elizabeth Winstead, David Thewlis, Scoot McNairy y Carrie Coon. Resulta difícil pensar que Noah Hawley pueda superar el nivel visto en estos dos años pero, si algo ha quedado claro en este tiempo, es que se puede estar muy equivocado al momento de prejuzgar a Fargo.

 

 

BONUS TRACK: De regalito, así como quien no quiere la cosa, le comparto esta lista de Spotify que reúne la hermosa selección musical de la temporada. Ideal para cualquier cosa. CLICK AQUÍ

 

 

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