RESEÑA: House of Cards (4ta temporada)

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{LIGEROS SPOILERS}

 

El jueves, antes de su estreno mundial en Netflix, un usuario de nuestro foro de Facebook de la 24 Cuadros, animó la tarde con un intento de polémica:

“La versión UK de ‘House of Cards’ es mucho mejor que la versión americana. Que empiece la polémica”.

Dicha polémica no se suscito porque no hay ninguna. Es una verdad inobjetable que la serie original es mejor que su remake. Por muchas razones que invito a descubrir haciendo el visionado. Esto nos llevó a ver de un tirón la cuarta temporada para poder hacer esta reseña análisis.

 

SERIE: House of Cards

PRODUCTOR: Media Rights Capital / Panic Production

AÑO: 2016

 

Primarias

“House of Cards” tendría que haber terminado en la segunda temporada. La tercera temporada es evidencia real de eso. La merma en la calidad del guión es estrepitosa. Los guionistas, la temporada pasada, se vieron con una situación en la que se metieron solos y por eso les costó tanto remontarla. Un Frank Underwood rodeado totalmente de enemigos, pero ninguno que lo superara en poder político real. ¿Cómo generar tensión? El dickmove es evidente: nuestro no tan amigable vecino Rusia. Petrov, ese alter ego de Putin bien intepretado por el hermano de Hannibal Lecter, fue lo mejor de la temporada tres. Por lejos. Un descalabro argumentativo en el segundo acto de la serie casi la lleva a pasitos de la vergüenza. La temporada cuatro tenía que, mandatoriamente, voltear los resultados.

¿Lo logra?

Es indudable que el equipo de guionistas de “House of Cards” deja todo en la cancha. Pero no todos los equipos voluntariosos ganan. Prosiguiendo la metáfora futbolera, acá, el once dirigido por Beau Willimon, araña un empate digno.

La cuarta temporada de “House of Cards” –la serie en si- pierde ante la comparación constante que se hace contra otras dos series del género que al estar ya terminadas, reciben un examen mas somero. “Boss” con Kelsey Grammer, es la parte siniestra de “House of Cards”. La serie, también producida por un laureado director de cine, Gus Van Sant, desde el vamos se nota que es un thriller disfrazado de drama político. “West Wing” de Aaron Sorkin es la versión de los entramados y entresijos de la política americana. El cotilleo y los pasillos. “House of Cards” mete ambos en un bol, los bate y saca algo que ya para su última temporada tiene bastante menos sentido aunque se deje consumir y entretenga.

Voto a voto

Nos encontramos con que Frank y Claire (dato curioso, Robin Wright dirigió muchos capítulos de esta temporada), estan virtualmente separados. La Primera Dama se refugia en la casa de su madre (Ellen Burstyn) que sufre de cáncer terminal. Se detestan mutuamente, pero Claire, con su perfil siempre tranquilo de WASP logra de cualquier manera forjar un plan que la incluye a ella y a la nueva adición de la serie, LeAnn Harvey (Neve Campbell): conseguir la banca del distrito 30 de Texas. Por supuesto, Frank le complica la vida, y ella viceversa hasta el punto donde se dan cuenta que todo lo que lograron fue Estando Unidos (je). Es así que Frank pone a su equipo de cercanos junto a LeAnn a trabajar en el lodo en el orden de conseguir que Claire pueda ser su vicepresidenta en la próxima votación a presidente de los Estados Unidos.

Muchos enemigos irán apareciéndole a lo largo de los trece episodios y la dinámica va a ser textual:

  • Frank se va a enterar de que lo están cagando/traicionando.
  • Frank va a anoticiar a Doug que se va a enojar y a crujir los dientes.
  • Frank va a tomar cartas en el asunto.
  • Frank va a cagar/traicionar al que lo cagó/traicionó y a ganar al final.

Repetir por la extensión de trece capítulos. Nadie parece tener el nervio suficiente. Nadie parece poder soportar la presión asfixiante que ejerce Frank con sus risas falsas y su acento extraño. Nadie –inentendiblemente- quiere renunciar. Nadie se da cuenta de nada. Y es inverosímil. El único a su altura tenía que ser un personaje bastante parecido a él políticamente, pero sin lo excesivamente siniestro: el rival republicano, gobernador de Nueva York, Will Conway (Joel Kinnaman, la otra cara nueva).

La política no funciona así. Sí, hay mafiosos. Sí, hay asesinos. ¿Pero así de burdo? El presidente mas parecido a Nixon en la historia no utiliza a la CIA para sus pecados. Utiliza a su mano derecha, Doug Stamper (Michael C. Kelly). Ahora, en la primera temporada, cuando Frank era Chief Whip (algo así como jefe de bancada), era simpático. En la cuarta temporada, siendo Frank presidente plenipotenciario, suena dolorosamente irreal y toda esa insensatez alcanza el nivel de “me estoy tirando de los pelos” en varias secuencias. Tomar nota las diferentes palabras clave: “Seth Grayson” y “Vaso”.

El argumento total de esta última temporada, sin embargo, esta bastante bien y es una mejora notable que tapa mucho las flaquezas de la temporada anterior, pero no llega en ningún momento a alcanzar el grado de virtud de sus primeros 26 capítulos.

 

Conclusión

Kevin Spacey y Robin Wright ya están haciendo la plancha en sus respectivos roles. El primero, falso como moneda de tres pesos, la segunda con esa imperturbabilidad insoportable. Agota. Cansa que tengan una sola versión de si mismos y de que los guionistas no quieran romper con el tedio de sus personalidades las cuales se terminan tornando planas.

“House of Cards” es una serie de 52 capítulos basada en una serie de 12 capítulos que se emitieron en tres temporadas de cuatro capítulos cada una en un lapso de 5 años. Esto proviene del mismo país que tomó tres series de anime distintas de la misma productora y con la magia de la edición y el doblaje las convirtió en una sola (“Robotech”). Es lógico que no se suscite ninguna polémica sobre cual es mejor. Tampoco se suscitaría una polémica con respecto a “Sherlock” y “Elementary”. Una obra tratada con respeto, lógica continuista, y apego a la realidad (o el máximo apego posible) siempre va a ser “mejor”.

Todo esto no implica de ninguna manera que la versión americana de “House of Cards” sea mala. Por el contrario, entra en un top ten de las mejores series para ver hoy en día. Pero si la criticamos por su consistencia interna, sin duda, viene recibiendo golpes bajos de a montones.

 

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