EL DIABLO VISTE DE ROJO – Sobre Daredevil, la serie. Por Marcelo Acevedo

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EL DIABLO VISTE DE ROJO – Sobre Daredevil, la serie.

 

Por Marcelo Acevedo

 

 

-¿Quién es Matt Murdock?

Conocí a Matt Murdock de grande. Durante muchos años comulgué con esa pavada de “Marvel vs. DC”, y para mí, un niño influenciable y apasionado, no había lugar a dudas: DC le ganaba a Marvel por goleada y por lo tanto era digno de mi admiración y exclusividad. Detective Comics contaba entre sus filas a colosos y semidioses como Batman, Superman, Flash, Green Lantern, Wonder Woman, y grupos increíbles como Justice League, Suicide Squad, Doom Patrol o Legion Of Super Heroes.  El problema era que a la contra, en realidad, no la conocía demasiado porque básicamente no la leía. Sabía que Spiderman, los X-Men y los Avengers eran del bando de Stan Lee, pero no mucho más. Y para colmo, en mi adolescencia descubrí a Vértigo, un sello subsidiario de DC Comics orientado a un público más adulto, que supo publicar historietas de un nivel superlativo: The invisibles, Sandman, Hellbalzer, Transmetropolitan, V for Vendetta, The filth, Preacher, The books of magic, Animal Man, y una lista interminable de obras maestras que me volvieron un lector incondicional.

Y así andaba, esquivando todo lo que fuese Marvel y devorando todo lo que llegaba a mis manos con el sello de DC, hasta que un día me crucé con una historia llamada The man without fear, escrita por Frank Miller e ilustrada por un tal Romita Jr.  Miller era el mismo autor de Batman: Año uno, El regreso del caballero de la noche o su personal visión de un samurái en el futuro llamado Ronin. No me dejaron opción, tenía que darle una chance -aunque se tratase un comic de la Marvel- por respeto a Miller, quien tantas alegrías me había procurado.

Así conocí a Matt Murdock y quedé impactado por su alter ego, su alias que llevaba como nome de guerre Daredevil. La historia era soberbia y me enamoré al instante de los dibujos de John Romita Jr. Estamos hablando de dos autores de primer nivel quienes juntos lograron una narración tan precisa como exquisita. El hombre sin miedo era una historia adulta, oscura y clarificadora, la cual narraba el origen y los comienzos en la lucha contra el crimen de Murdock/Daredevil en La cocina del infierno. Compacta se la mire por donde se la mire, The man without fear no tenía baches argumentales, cerraba por todos lados y para colmo contaba con un nivel estético envidiable. Fue a partir de ese momento cuando empecé a arrepentirme de esa estúpida decisión de no leer nada que proviniese de La casa de las ideas. Luego vendrían Born again, Love and war y Electra assasin, y a partir de allí el universo Marvel entraría en mi vida. Pero eso ya es otra historia.

 

-¿Puede una historia sobre “superhéroes de comics” convertirse en una serie de calidad superlativa?

Unos cuantos años después de aquellos sucesos que expandieron mi acotado universo historieteril, cuando ya casi no recordaba aquellas épocas de negación y post descubrimiento, me topé con una serie de Netflix sobre el diablo rojo invidente. Siendo sincero debería decir que antes de toparme con la serie, me topé con el boca en boca, con los rumores, las apreciaciones positivas y las recomendaciones de cientos de espectadores y fanáticos de las series en general, en redes sociales, en la calle, en el trabajo. ¿Tan buena podía ser una serie protagonizada por un superhéroe? Tenía solo una manera de contestarme esa pregunta. Tenía que mirar Daredevil.

Lo primero que llamó mi atención y automáticamente encendió el botón del recuerdo, fue ese tono oscuro y denso que impregna toda la primera temporada desde el primer al último capítulo. Esta serie creada por Drew Goddard se caracteriza por hacer énfasis en el lado lóbrego de un barrio de la ciudad de Manhattan llamado “La cocina del infierno”, infestado por la corrupción y el crimen organizado, pero también por darle protagonismo a los pequeños focos de resistencia ante la maldad y el odio, esas atípicas flores que crecen en el pantano simbolizadas por personajes como Franklin “Foggy” Nelson -abogado y amigo de Murdock-, Karen Page -secretaria de Nelson y Murdock- o Ben Urich -periodista de investigación incorruptible y testarudo-. Pero sin dudas el personaje más interesante dentro de este foco de resistencia es Matt Murdock, no solo por porque es el héroe y el protagonista, sino por una dualidad que anida en su ser y que por momentos lo asemeja a su némesis –el  otro personaje fuerte de la serie– lo que en muchas ocasiones lo coloca demasiado al borde del abismo. Murdock es un abogado joven e idealista, un luchador que desde pequeño se las vio complicadas y nunca se rindió, sin importar la magnitud de las adversidades. Pero por otro lado también es Daredevil, un vigilante violento que parece obsesionado en demasía con su enemigo Wilson Fisk/Kingpin. Y como dijo alguna vez Nietzsche “Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

Wilson Fisk –interpretado por un Vincent D’Onofrio pletórico- se va revelando paulatinamente como un antagonista tan feroz como bipolar, digno enemigo de un vigilante que descree del dualismo. Fisk es un gigante que tan solo necesita una mirada dura para atemorizar. Puede ser refinado y al instante bañarse en la sangre de un enemigo, puede ser el tipo más romántico y momentos después  asesinar a sangre fría y con una violencia inusitada, utilizando tan solo sus manos.  Tiene una personalidad tan fuerte y un carisma tan magnético –a pesar de ser un psicópata, o tal vez por esa misma condición- que logra que por momentos sintamos culpa como espectadores por empatizar con un criminal, un asesino, el villano de la serie. Fisk es tan protagonista de esta primera temporada como Murdock. Kingpin y Daredevil son ying/yang y yang/ying, respectivamente.

La segunda cuestión que llamó poderosamente mi intención a medida que avanzaba la serie tiene que ver con un hecho seminal en las historias de súper héroes; el traje y la máscara. Que en una serie sobre un justiciero enmascarado el protagonista no vista su traje de batalla sino hasta el final de la misma, es cuanto menos arriesgado. Lo mismo sucede con su fuerza, agilidad y habilidades de combate. Lo único que sabemos es que Matt Murdock cuando niño sufrió un accidente que lo puso en contacto con una especie de material radioactivo que lo dejó ciego, y partir de eso podemos intuir que sus sentidos se vieron beneficiados con un incremento exponencial, lo que lo pone en clara ventaja y superioridad con el ser humano promedio en cuanto a la percepción del mundo que lo rodea, pero eso no explica ni su destreza en las artes marciales, ni esa habilidad extrema para moverse y saltar como un veterano acróbata de circo. Sin embargo, por alguna razón aceptamos inmediatamente sus habilidades casi sin cuestionamientos, y no molesta que recién promediando la mitad de la temporada se nos explique la manera en la que Murdock logró transformarse en un experto y sigiloso guerrero. Exactamente igual que en el comic The man without fear, de Frank Miller. Y en ambos casos la estrategia funciona de manera impecable, la verosimilitud prima por sobre todo lo demás, posiblemente porque al estar acostumbrados a las historias de vigilantes enmascarados, al haber crecido entre relatos que reproducen el camino del héroe analizado por mitólogo Joseph Campbell, conocemos casi todas las maneras en las que un hombre común puede transformarse en un héroe épico o en un temible guerrero vengador, y esa posibilidad ya se forjó en nuestra cabeza de antemano y de manera inconsciente.

Ningún hombre de acción, ningún personaje involucrado activamente en las peleas, es plano o chato en esta serie. Si los personajes periféricos a las violentas batallas que se libran en la oscuridad de los bajos fondos –otra vez la trilogía Nelson-Page-Urich, luchadores de la pluma, el papel y las leyes- son más bien básicos, bonachones y pacíficos, los guerreros en su mayoría tienen dualidades. El mentor de Daredevil es un asesino frio y despiadado que trabaja para una temible organización criminal, pero también es lo más cerca que Murdock tuvo de un padre desde que quedó huérfano.

Matt es un católico que por momentos parece odiar a su Dios, y en repetidas oportunidades contempla la posibilidad de matar como solución final. Kingpin por un lado dice querer lo mejor para su ciudad pero por otro está dispuesto a destruirla. Puede demostrar un profundo amor por una mujer, pero es capaz de llevar a cabo una masacre si la ofenden.

No todo es blanco o negro en Daredevil.  La trama está llena de grises y los personajes tienen muchos matices. Esto enriqueces no solo a los personajes sino también al relato en general.

Es en ese registro donde se mueve Daredevil, en el límite entre el héroe y el anti héroe, entre el hombre que duda si es correcto segar una vida para salvar otra. Por eso no es casualidad que para acompañar al diablo rojo en la segunda temporada de la serie hayan elegido a personajes complejos como Punisher o Elektra, verdaderos vigilantes/anti héroes.

 

-¿Quién es Daredevil?

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Daredevil tiene una ventaja por sobre otros “héroes” de la franquicia, y es que no es un personaje demasiado popular: nunca fue un Avenger y es demasiado oscuro para ser personaje querible como Spiderman. Ergo, para muchos espectadores la historia de Daredevil es algo que desconocen, por lo tanto la irán descubriendo poco a poco a medida que se sucedan los capítulos.

Con esta excusa los creadores de la serie podrían haber hecho cualquier cosa con el origen y la historia de Daredevil, pero sin embargo decidieron mantener el espíritu y la esencia del personaje, tomando como referencia dos sagas insignes de la mejor y más oscura etapa de Daredevil: The man without fear y Born Again, escritas por Frank Miller. Punto a favor para los creadores de la serie.

 

Daredevil es una serie que engancha sin recurrir al viejo truco de cortar el clímax dejando el capítulo en una situación límite que obligue a ver el siguiente. Atrapa por su narración, por la composición de los personajes, por su estética, por las impecables coreografías y sangrientas peleas –quien lo dude, que mire el plano secuencia al final del segundo capítulo, claro homenaje a las violentas Oldboy de Park Chan-Wook y The Raid de Gareth Evans-, y por su inolvidable antagonista. Cualquiera puede verla sin perderse, no hace falta que ser un espectador calificado. Tanto si te gustan los súper héroes como si no, si te gusta DC o Marvel, podrás disfrutar de esta serie al cien por ciento, al igual que el más obtuso fanboy. Y ese es el punto más positivo de Daredevil.

Esperamos con ansias la segunda temporada.

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