El Día D: Bajo presión: una tormenta pasajera

El “Día D” designa la fecha en la que las fuerzas de los aliados desembarcaron en las playas de Francia para derrotar a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El Día D: Bajo presión (2026), la nueva película de Anthony Maras, se sitúa en los momentos previos al suceso. La situación es crítica y el reloj está contando, ya que, si bien el general Eisenhower y todo el batallón poseen cierta ventaja, cuanto más tarden en llevar a cabo el plan, más posibilidades existen de que del otro lado descubran la operación. Lo que falta es una ficha determinante: el pronóstico de la fecha elegida.
Ciertamente, el clima no suele ser el tema central en las películas pertenecientes al género del drama bélico. Cada un par de años, un nuevo film de guerra aparece en pantalla para recibir múltiples nominaciones en las premiaciones: Sin novedad en el frente (2022), 1917 (2019), Dunkerque (2017), Corazones de hierro (2014), Salvando al soldado Ryan (1998), solo por mencionar algunas. Pero a diferencia de estas, El Día D: Bajo presión no tiene grandes escenas en el territorio de batalla (exceptuando su secuencia final). Más bien, se dedica a observar de cerca a los hombres que deben tomar las grandes decisiones. En parte, esto se debe a que el guion, escrito por el director en conjunto con David Haig, está basado en una obra de teatro del mismo nombre, escrita en 2014. Por eso, la mayor parte de la película sucede puertas para dentro, en los cuarteles secretos de las fuerzas, donde lo que importa son las conversaciones privadas de los personajes, sus vacilaciones y sus enfrentamientos.

El elegido para estimar lo inestimable es el meteorólogo James Stagg, definido como un “genio” por Winston Churchill. Lo primero que conocemos de él es su lado personal: en la primera escena, desayuna con su esposa embarazada, a quien debe dejar por un tiempo para cumplir con el trabajo. Este consiste en determinar el pronóstico de la fecha programada con tan solo dos días de anticipación. Su estimación, la cual indica que habría que postergar el día, va en contra de lo esperado por los superiores, por lo que Stagg deberá mantenerse firme en su decisión. En el camino se encontrará con personajes agradables, como el propio Eisenhower y su secretaria Kay, y no tan agradables, como su principal rival, el meteorólogo Irving Krick, y el general Montgomery, a quien poco le interesa lo que sucede con el clima.
Más allá de lo atípico en la focalización del tema y la falta de acción, la película de Maras se presenta como un thriller dramático de guerra bastante convencional. La manera en la que construye la tensión y sostiene el ritmo a lo largo del relato es lo mejor que tiene. Posee el condimento épico, del hombre sufrido que busca hacer lo correcto y se enfrenta a aquello que es más grande que la humanidad. A la vez, exhibe la ingenuidad y emocionalidad propia de los arquetipos a los que adscriben sus personajes: el líder sensible y noble en Eisenhower, la mujer fuerte (la única) y generosa en Kay, el general inhumano en Montgomery y el profesional, un tanto ventajero pero finalmente bueno, en Krick.

El Día D: Bajo presión no es más que eso: es exactamente lo que uno se imagina al ver los anticipos y es muy parecido a lo que ya vimos muchas veces en pantalla. En su conjunto, logra construir un suspenso que en la mayoría de los momentos funciona bien y que se apoya en gran medida en las interpretaciones de los actores. Comprendido, además, en una hora y cuarenta minutos, lo que resulta extraño en tiempos en los que las películas tienden a durar más de dos horas. Sin embargo, en su visionado es como una tormenta pasajera: un breve momento de tensión que transcurre sin generar mucho alboroto y que olvidamos rápidamente a la salida del cine.



