Cuando las cosas se hacen bien: apreciaciones sobre En la zona gris

Me encantan las películas de Guy Ritchie, desde su primer largometraje del año 1998: Lock, Stock and Two Smoking Barrels, hasta la malograda The Man from U.N.C.L.E. del año 2015, basada en la popular serie homónima de los 60. Me resulta muy atractiva su manera fragmentada de narrar, debido al esfuerzo que exige a los espectadores poder completar toda la trama, aunque muchos afirmen que tiende a repetirse y que puede aplicársele una fórmula a sus historias. Hay que tener en cuenta que además muchos de los guiones también son suyos, por lo que para estos casos el sello autoral es definitivo.

Transitando la frontera entre la ética y la amoralidad

Este año se estrenó su, hasta el momento, última película titulada In the Grey (En la zona gris), en la que dos expertos en protección de personas, Sid y Bronco, interpretados por Henry Cavill y Jake Gyllenhaal respectivamente, deben mantener sana y salva a Rachel, en la piel de Eiza González, una abogada que negocia la recuperación de una fortuna valuada en mil millones de dólares, que fuera prestada a Manny Salazar, un capo narco encarnado por Carlos Bardem.

La premisa es sencilla, los personajes no son para nada complejos y hasta algo esterotipados, la acción se da casi desde el comienzo, entonces… ¿Qué la hace tan atractiva? Los ejes temáticos que, sumados a una historia de desenlace regresivo, aquellas que empiezan por el final o muy cerca de él, para luego por medio de una narración establecida a partir del montaje fragmentado reconstruir cómo se llegó a ese punto, nos obligan a realizar una reflexión sobre el mundo en el que vivimos.

El tema principal es la corrupción, la realidad geopolítica actual se encuentra atravesada por ella; las soberanías política, económica, militar y jurídica se han privatizado y se encuentran subordinadas al crédito corporativo. En este contexto opera la firma Spencer Goldstein[1], cuyo dueño que se mantiene siempre en las sombras representa a la aristocracia anglo-estadounidense de la Costa Este que se fusiona con el pragmatismo amoral moderno: un espacio en el que el dinero pierde toda filiación ideológica, nacional o ética, y se convierte en puro ejercicio del poder. Esto nos lleva directo al segundo tema, no menos importante, que es la amoralidad. Spencer Goldstein no tiene ideologías; representa la cúspide de la pirámide del poder global, el capital tecnocrático que financia tanto gobiernos legítimos como importantes carteles criminales. Más allá de la peripecia, la película muestra el retrato de una época cuando la verdadera soberanía reside en los escritorios de las grandes firmas de inversión capaces de manipular las leyes y desplegar una fuerza privada para saldar sus balances, estableciendo una “zona gris” legal y ética dentro de la cual el capital privado financia tanto la estructura global como su desestabilización.

Conclusión

In the Grey tal vez no sea la mejor película de Guy Ritchie y podamos encontrar cierta correlatividad técnica con sus filmes anteriores, tanto en su manera de estructurar la narración, como en la dirección y el montaje; pero es indudable que esto mismo es lo que hace a su sello personal tan característico de sus historias. Si además le sumamos una temática profunda que atraviesa la realidad política y económica mundial, tenemos ante nosotros un film que, no sólo nos hará pasar un buen rato, sino que nos llevará a reflexionar acerca de cómo se manipulan las relaciones internacionales en la actualidad.


[1] Nótese que el apellido Goldstein significa “piedra de oro”, lo que simboliza su alto valor monetario dentro de los parámetros de nuestra sociedad. (N. del A.)