La Odisea: la modernización del mito

La Odisea es el caballo de Troya que busca entrar como una epopeya, grandiosa y ambiciosa como se propone, pero que debajo de aquella carcasa se encuentra una obra superficial, de gran puesta en escena, pero de una ejecución artificial y endeble. Christopher Nolan vuelve a utilizar la misma narrativa de Oppenheimer del Prometeo que desata la catástrofe y se envuelve en culpa, con varios de sus diferentes vicios, que de todas formas contiene algunas secuencias espectaculares y un entretenimiento que logró constituir un fenómeno en los cines.

Pocas obras dejaron tanta huella en la cultura occidental como La Odisea de Homero. El viaje de Ulises en pos de regresar a su hogar luego de diez años de cruenta guerra en Troya dejó una estela en La Eneida de Virgilio, Ulises de James Joyce o en las páginas de Shakespeare, Virginia Wolf o Borges. Fueron diferentes las transposiciones en la pantalla grande, como Ulises (1954) de Mario Camerini o La Odisea (1997) de Andréi Konchalovski, y diferentes las huellas más subliminales en filmografías de realizadores. Ya Godard quiso expresar la imposibilidad de ejecutar tal obra en forma de película en El desprecio (1963) y los Hermanos Coen hicieron su propia versión en O Brother, Where Art Thou? (2000).

El mismo Nolan quiso dirigir en su momento Troya,luego bajo la batuta de Wolfgang Petersen, y hace años buscaba llevar a la pantalla grande la descomunal travesía de Ulises, que al fin y al cabo ya se traslucía en su cine: ¿qué es después de todo Interestelar (2014) sino el viaje de un hombre que debe abandonar a su familia e internarse en lo desconocido, con todos los peligros y desafíos que eso conlleva?

La trama de La Odisea se desenvuelve en el ya consolidado estilo del realizador, con montajes paralelos y distintas líneas temporales en relatos enmarcados (cuya estructura también se halla en el libro original). Mientras Odiseo se encuentra bajo el hechizo de Calipso y recuerda sus aventuras previas desde Troya hasta llegar allí, en su hogar natal Ítaca transcurre la intriga palaciega, con los pretendientes de Penélope disputándose el poder mientras esta ya se encuentra de luto por su esposo y su hijo Telémaco busca noticias.

Hay que decir que la tarea masiva de adaptar un relato épico de 24 cantos a una película actual se encuentra lograda en distintas secuencias de alto calibre, como el terror del cíclope Polifemo en la caverna, el pasaje inefable de las sirenas, el advenimiento de los gigantes o la metamorfosis a lo body horror efectuada por Circe a los soldados. La maestría del realizador sobresale en retratar lo extraordinario con efectos prácticos, luego realzados con CGI, y filmando en general en entornos reales. Está allí presente la influencia del creador de efectos especiales Harry Harryhausen (Jason and the Argonauts, Clash of the Titans) y por lo tanto cierto método del cine más clásico, algo que siempre se celebra.

La presencia de Travis Scott cuando canta al inicio del relato esconde una intención clara: modernizar el mito. En palabras de Nolan, el rapero sería un descendiente temático de aquellos bardos como Homero. La lectura más moderna del antiguo mito trae consigo ciertas cuestiones. La ruptura de la Ley de Zeus (un código sagrado que obliga a los anfitriones a tratar bien a sus huéspedes) y la carga negativa y no heroica (más tendiente al antiheroísmo) de Odiseo y su séquito que arrasa con todo en su camino, hablan de los peligros del colonialismo y de un imperio en decadencia. Los acentos estadounidenses (y no ingleses, como suele ocurrir en este tipo de producciones peplum) y términos como “veteranos” para referirse a los soldados podrían hacer pensar en la narrativa de Medio Oriente y en la intervención de Estados Unidos como un imperio que da sus últimos manotazos de ahogado.

En ese sentido, también, se hace de Ulises un hombre de mayor profundidad psicológica que en el relato en el que se basa, con una culpa judeocristiana más cercana al Oppenheimer creador de la bomba que a su personaje original. El caballo de Troya es el equivalente a la bomba atómica del mundo antiguo, un arma que en esta versión se habría utilizado no tanto con astucia, sino con suciedad. Tal decisión va en línea con una mayor terrenalización del mito, restando en el proceso la presencia divina, de la que apenas queda Atenea como guía espiritual de Odiseo. Si bien el usual hiperrealismo de Nolan se ve atenuado por las secuencias antes descritas, hay una intención de hacer de la historia lo más verosímil posible: las emociones y las acciones se trasladan de los dioses a la humanidad debajo. Será un enfoque interesante, pero disminuye la fantasía innata al relato mítico.

Para Nolan lo épico parecería ser un montaje veloz y con un pulso constante, pero en esa rapidez de los acontecimientos no hay lugar para que la obra respire. En pos de buscar comprimir un libro casi inabarcable se pierde de vista el momento de relajación y de silencio tras la desenfrenada acción. Como ocurre en Oppenheimer, todo parecería ser casi un tráiler continuo, en donde se genera expectativa por un hito que aún no llega, lo que termina saturando. La fotografía de mayor oscuridad tampoco ayuda, convirtiendo las secuencias de acción en un caos indistinguible. Y bajo aquella capa de espectacularidad y velocidad yace un guion artificial y expositivo. Las actuaciones brillan acorde a sus intérpretes, pero el corazón de la historia se disuelve en líneas acartonadas y encuadres forzados.

Pero cabe preguntarse: ¿todo eso realmente importa si los cines se llenan? ¿Si se añaden funciones al Imax y se agotan a las pocas horas, con todo ocupado por semanas? ¿Si se ve este cine (práctico, espectacular, artesanal) en el cine? ¿Si se agota La Odisea en librerías por el furor causado? ¿Si la charla sobre una película excede el nicho y se transforma en algo popular, como ocurría más seguido en otros tiempos? ¿Si una traductora reciente del libro (y en cuya versión se basó Nolan) cobra relevancia con su propia crítica mordaz? ¿Si la obra desencaja cualquier intento de posicionarla políticamente de uno u otro lado de la grieta? ¿Si una historia de miles de años de antigüedad está en la boca de la gente del 2026 y sigue más viva que nunca?