Gatillero: guerra en la Isla Maciel

Si el título captó su atención, vale aclarar que está tomado del zócalo de un noticiero televisivo que aparece en Gatillero (2025), la nueva película de Cris Tapia Marchiori (La noche más fría). Ese titular, que bien podría ser una placa de Crónica TV, marca el tono de este film que convierte una disputa criminal en una experiencia cargada de vértigo, acción y tiros. Aunque no se trata de una guerra de bandas y fuerzas especiales como podría mostrar una película brasileña, esta propone una mirada más local. La amenaza del poder narco-criminal que se apodera del barrio ante la ausencia del Estado construye un imaginario muy potente en términos cinematográficos antes que por su contenido social.

Así es como El Galgo (Sergio Podeley), un exsicario que sale de la cárcel, vuelve a su vieja vida solo para caer en una trampa. Como en una misión fallida de Grand Theft Auto, lo que parecía un trabajo menor de mafia se convierte en una aventura imparable de traición, venganza y posible redención. Con un protagónico arrollador, el paisaje urbano de Isla Maciel como escenario —tanto en exteriores como interiores— y una cámara que se mueve sin pausa en largos planos secuencia, Gatillero ofrece una experiencia visual profundamente inmersiva. Su destreza técnica, marcada por el ritmo y la contundencia, la convierte en un hito dentro del cine argentino de acción.

Junto a esta apuesta formal, se construye un mundo de ficción con una estética muy cuidada y personajes definidos. La película logra un cine de acción de alto vuelo, algo poco frecuente en el ámbito local, y al mismo tiempo mantiene el pulso del thriller, con una atmósfera vertiginosa y oscura. La fotografía aprovecha al máximo los escenarios reales de Dock Sud, en un despliegue visual que por momentos recuerda a The Warriors (1979).

En lugar de apoyarse en un realismo crudo o en una mirada sobre lo marginal, Gatillero propone una experiencia límite, más cercana al universo del videojuego, donde hay que escapar y matar a cuanto se te cruza por el camino. La Madrina (Julieta Díaz) lidera la banda criminal, y algunos de sus secuaces, como El Noni (Mariano Torre) y Lalo (Matías Desiderio), son viejos conocidos de El Galgo, con quienes este tiene cuentas pendientes. En esta zona liberada, algunos vecinos intentan resistir como pueden, organizando una mínima defensa. Pero El Galgo no se suma: su guerra es personal, y aunque roza el bien, su objetivo es escapar del bando que ahora lo quiere muerto.

El Galgo es un personaje curtido, desconfiado y siempre despierto, pero comete sus errores. Tan sensible como duro de matar, puede transitar el peligro de las calles y recorrer el barrio con mucho tacto. A pesar de que debe pelear por su vida, tiene tiempo para mostrar una profundidad humana y con cada uno que se cruza muestra un vínculo.

Cuando la cámara se despega de él, apreciamos que el enfrentamiento más grande no tiene la fuerza del protagonista. Se enfoca en un grupo de vecinos —en el que destacan los personajes de Maite Lanata y Ramiro Blas— que intentan organizar una resistencia. Sin embargo, esta subtrama no logra integrarse del todo con la historia central. Funciona más como marco social o contexto simbólico, pero no aporta del todo en términos dramáticos o de verosimilitud. Aun así, abre un abanico de posibilidades para un universo narrativo más amplio.

No dejamos de presenciar una historia trágica, de destinos truncos y malas decisiones que rinde homenaje a realidades sociales, a vidas que pueden tener la suerte del Gatillero, tal como la dedicatoria final. Por todo lo comentado, Gatillero es un gran logro que sobresale en el panorama del cine nacional. Se convierte en una apuesta muy estimulante, o bien podría ser un puntapié para que aparezcan más propuestas con esta calidad.