It Follows: terror en el fondo

It Follows comienza con una secuencia que resume concretamente el contenido que la película expone: una chica sale corriendo de su casa de forma desesperada. Su padre y una vecina le preguntan qué le pasa, y su única respuesta es tomar el auto e irse a gran velocidad. Conduce durante la noche hasta llegar a lo que parece ser una playa alejada del vecindario. Llama a sus padres, les dice que los ama en tono de despedida y acto seguido, se realiza un corte y la joven aparece asesinada. Los suburbios como escenarios protagónicos, una chica que huye de su hogar y el horror físico; estos tres pilares son sobre los que se cimienta el segundo film de David Robert Mitchell.

La protagonista de It Follows es Jay (Maika Monroe), una estudiante de 18 años que, luego de tener un encuentro sexual casual con un chico, tiene que escaparse de un ente asesino hasta que pueda volver a tener sexo con otra persona y así continuar con la cadena de “contagio”. Más allá de tener una clara referencia a las enfermedades de transmisión sexual, la película utiliza la sutileza como arma principal para construir a sus personajes y sus momentos más horrorosos, tanto desde la trama como desde la puesta en escena.

David Robert Mitchell, que hace las veces de guionista y de director, nunca remarca, más bien sugiere y delinea a sus personajes con un trazo casi invisible. En paralelo a la lucha contra el ente maligno, los chicos que llevan adelante la acción se dejan entrever como seres quebrados desde adentro; los padres no aparecen, o lo hacen solo para alcoholizarse, y el protagonismo escénico total se deja en manos de Jay, su hermana y sus tres amigos.

Esta idea de adultos ausentes refuerza el horror por diversas vías. Por ejemplo, hay un momento en el que el ente (que toma diferentes formas) se hace carne en el cuerpo del padre de Jay. Lo interesante de esto, además de su significación relacionada al trauma infantil (que es, de nuevo, sugerido mas no explicitado), es que solo se puede advertir si se presta atención a un plano de unos escasos segundos en el que se muestra al padre de la protagonista junto a la familia. Esto se suma a la reclusión y la soledad a las que están destinados los personajes; al no tener padres presentes, ni poder ampararse en instituciones de seguridad por lo poco creíble de su relato, tienen que ingeniárselas para poder salir del suplicio.

El director hace uso de la sutileza no solo desde la construcción de personajes, sino también desde la forma de poner en escena. El uso de lentes angulares potencia al relato en la medida en la que hace más claustrofóbicos a los primeros planos, o a las escenas de encierro, pero también porque permite un mayor juego con la profundidad de campo para advertir al espectador del peligro presente en el fondo de las locaciones, mientras que los personajes no lo saben, creando un suspense marca Hitchcock efectivo.

It Follows se estructura, mediante la sutileza como elemento común, para narrar el horror de una serie de personajes a la hora de enfrentarse a un ente sin identidad, que encarna todos los miedos presentes en la transición desde la adolescencia hasta la adultez: el miedo al abandono, las primeras experiencias sexuales compartidas y el trauma infantil. Robert Mitchell hace uso de una puesta en escena precisa para contar tan solo lo necesario y que el espectador pueda completar lo que falta, sin subestimar su posición.