35° FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA: RESEÑAS DÍA VI y VII

Competencia Argentina, por Benjamín Héctor Minevitz

  • La sangre en el ojo, de Toia Bonino (2020)

Toia Bonino presenta su segundo largometraje a concurso. Se trata de La sangre en el ojo, film que apenas sobrepasa la hora de duración. Bonino escribió el guion en conjunto con Nicolás Testoni. Lo llevó adelante con la producción es de Alejandra Grinschpun y Gema Juarez Allen, y contó con la dirección de fotografía de Armin Marchesini Weihmuller, la dirección de sonido de Guido Ariel Berenblum y el trabajo de edición a cargo de Eliane Katz y Anita Remón.

La sangre en el ojo es un documental que orilla las fronteras del género, quizás podríamos ubicarlo mejor como un relato de non fiction. Parece que esta forma de relatar ha tenido bastante presencia en la competencia si pensamos en Las Ranas, Esquirlas y tal vez, a modo de parodia del género, Historia de lo oculto.

En realidad, La sangre en el ojo es otro modo de contar la misma historia que contó la directora en su primera película, Orione. Desde otro lugar, con la mirada de otro. En el primer caso Toia Bonino la contó desde el lugar de una madre. En este film, presentó el caso de Ale, un muchacho que salía a robar, que fue delatado por con cómplice y fue muerto en un operativo policial. Su hermano, Leo, purgó 14 años de cárcel. Toda la película está narrada desde la mirada y la voz de Leo. Y su pensamiento fijo en la venganza contra el traidor, pero también su pensamiento gira en torno a no volver a prisión, “la celda es un nicho… estás muerto”.

Tangencialmente, o tal vez no tanto, la película pone en evidencia la ideología machista del personaje como una forma de estar en el mundo, como un modo de manejar el poder dentro del clan, “… aquí se hace lo que yo quiero…” La violencia como forma de doblegar a los otros y el desprecio por el papel de la mujer son los signos que distinguen al “macho alfa” que pretende albergar Leo. Significativamente el film trae el testimonio de dos mujeres que tuvieron una relación con los hermanos. La que recuerda a Leo no lo deja muy bien parado.

La película está armada con varios soportes fílmicos, incluyendo secuencias tomadas teléfonos celulares y videos caseros. La vida en la cárcel, entierros, cumpleaños de quince años son parte del relato, el futbol, la cancha son escenas que van reconstruyendo la historia. Siempre la imagen y el sonido acompañan muy de cerca a los personajes. Bonino reconstruye un mundo de violencia, alcohol, droga y códigos muy propios de un grupo social que probablemente resulte extraño al espectador citadino. No juzga a los personajes, es más, parece acercar una mirada de simpatía sobre ellos Pone en evidencia la decadencia del sistema de detención y la obsolescencia del sistema judicial cuando retrata el archivo de los tribunales como un cementerio de papeles abandonados.

Toia Bonino estrenó su primer largometraje, Orione, en 2017, por el cual tuvo premios en varios festivales. Podría decirse que esta es una nueva “vuelta de tuerca”.

La sangre en el ojo es una película interesante y muy inquietante, que muestra un aspecto poco conocido en el mundo del cine.

  • 1982, de Lucas Gallo (2020)

60 Minutos fue un programa de análisis político creado por la CBS para la televisión norteamericana. En nuestro país lo replicó Argentina Televisora Color LS82 Canal 7 (ATC), y se emitió desde 1979 a 1983. El programa salía en el horario central de la noche y fue funcional a la propaganda del gobierno de la dictadura cívico- militar (1976- 1983). En 1982, durante la guerra de Malvinas, ocupó el lugar de vocero oficial. Los conductores fueron por José Gómez Fuentes, Silvia Fernández Barrio y María Larreta. Durante Malvinas, fue destacada la labor del periodista Nicolás Kasanzew a modo de corresponsal de guerra en las islas. 1982 es un documental sobre la guerra de Malvinas armado en base material de archivo de las transmisiones del noticiero 60 minutos y al programa 24 horas, transmisión ininterrumpida para la recaudación de donaciones para el “Fondo patriótico”, que también se transmitió por ATC. La imagen de Margaret Thatcher haciendo declaraciones a la BBC no estuvo ausente en el film.

La película cuenta con la fotografía de Manuel Rebella, la dirección de sonido de Gabriel Barredo, producción general de Santiago Guidi, la edición on line a cargo de Javier Falchi, el diseño y animación de Agustina Tuduri y con el montaje, guión y dirección de Lucas Gallo.

El documental está estructurado con textos al inicio y final de ubicación histórica y jurídica sobre la ocupación y soberanía sobre las islas. Se divide en tres grandes bloques: Abril – Mayo y Junio. La película no emite juicio sobre las imágenes, y los testimonios hablan por sí mismos. Los relatores son los propios locutores de la televisión. La edición y montaje revelan un muy buen trabajo del equipo de 1982.

Cada uno tendrá su propia visión sobre el tema del documental, por su posición ideológica, por su edad, por sus recuerdos o por la forma en que se plantó frente a estos programas de tv, si es que vivió la época.

Podríamos escribir varias páginas, pero nada será tan elocuente como el film, no se lo pierdan. Stop.

Competencia Argentina de Cortometrajes, por Anna Ciaffi

Luz distante – Capítulo uno – Les desventurades, de Santiago Reale (2020)

En un futuro no tan lejano pero si muy distópico, dos muchachos vestidos con ropa de colores brillantes se pasean por desérticas montañas al rayo del sol. No  hay nadie a la vista y casi ni lo habrá.

En este futuro, un grupo revolucionario causa el terror en las calles, haciendo que las poblaciones huyan de sus hogares. En las noches, salen a cazar con sus máscaras terroríficas y sus motos. Los dos muchachos se emborrachan y roban comida y gasolina. No saben a dónde, pero están yendo.

El cortometraje de Santiago Reale  es una máquina bien aceitada en la que, si hay falencias en la trama, la estética las cubre y viceversa. La textura de la imagen y la fotografía, que recuerdan más al pasado que al futuro, se combinan con encuadres que aprovechan lo mejor de la dirección de arte y las locaciones silvestres. La voz en off, recurso tan vapuleado, se encuentra  bien usada y crea una atmósfera necesaria para que el relato sea lo que es.

Quizás su único defecto sea por partes la mezcla sonora de los diálogos, que a veces fallan, pero el sonido se recupera con la hipnótica música original y con la mezcla y master finales de la obra. Una ficción con tintes experimentales que puede, si se la aprecia bajo la lupa correcta, gustar mucho.

Competencia Internacional, por Anna Ciaffi

  • Moving On, de Yoon Danbi (2020)

Me pasa algo con el cine asiático costumbrista. O mejor dicho, para comenzar mejor, me pasa algo con el cine costumbrista estadounidense y europeo: por genuino que sea, por más que me encante, por más que su imagen me fascine, y por más que tenga mil lugares en mi corazón, ninguna película enseña una realidad con la que me sienta profundamente idenificada.

No hablo, por supuesto, de los personajes y las caracterizaciones, que pueden ser más bien universales y que dependerán pura y únicamente del individuo  que observa si resuenan con él o no. Hablo de un contexto, de un espacio que contiene las situaciones, de un backstory recurrente.

Casas con cocinas y baños modernos, donde todo está limpio y los azulejos enteros. Calles de metrópolis de neón. Ropa de moda, sin roturas, todo el tiempo, hasta cuando duermen. Trabajo, dinero. Dicen que Argentina es europea pero en nada nos parecemos con ese continente, que si cayera en nuestra realidad por un día no sabía qué hacer.

Por supuesto, no creo poder afirmar que Argentina sea Japonesa, porque no tengo referencias cercanas de la vida en el continente asiático del este, pero aunque sea sus películas se parecen mucho más a mi vida, la de mi familia, y la de mis amigos.

La primera vez que vi una película en la que a la cocina le faltaba un pedazo de bajomesada y en la que el termotanque aparecía como un objeto más de la cotidianidad, me emocioné. Sentí inmediata empatía con una película que creí excepción y, a medida que me fui adentrando en el género, supe regla.

Es por eso que, de entrada, recomendaría Moving On –entre un sinfín de otros films- a cualquiera que me lea. En un marco que ya se imaginará cualquier lector que no haya tenido la fortuna de tener padres ricos, se desarrolla el largometraje de la directora Dan-Bi Yoon.

Un padre, divorciado, y su hija adolescente y su hijo pequeño se mudan a la casa del abuelo de la familia  por problemas económicos. Pronto, se sumará su hermana, tía de los niños, debido a su matrimonio roto. La convivencia de una familia que pudiera ser tuya o mía, los fideos, las peleas, las ambivalencias, la tristeza y la felicidad se mezclan.

Los planos abiertos y con tendencia a la frontalidad en los que, en capas y capas de profundidad, transcurren las acciones, no hacen más que confirmar la idea de estar frente a una visión familiar. Sus personajes son entrañables, tanto, que la directora logra que sus victorias y sus fracasos se sientan como nuestros.

Lo simple de la película le gana a cualquier condimento de complicación que pudiera haber tenido y la vuelve, al entender de esta redactora, una de las joyitas de este Mar del Plata.

Competencia Latinoamericana, por Fabio Vallarelli

  • Mascarados, de Henrique Borela y Marcela Borela (2020)

Hay algo del presente del cine brasilero que me entusiasma mucho más que el panorama actual argentino. Hace unas pocas semanas tuve una discusión en un contexto académico sobre el error o lo mal entendidas que están para mí las nociones de “realismo” en el estudio de la teoría fílmica. Para empezar, es muy difícil querer abordar la obra de Bazin o Kracauer desde un marco teórico que explique ese realismo con la corriente epistemológica homónima. Para Bazin y para Kracauer el realismo son dos cosas distintas, aunque apelan a una idea común y ninguno de los dos evoca ese realismo desde conceptos muy sólidos o definitivos. Son más bien ideas y apuntes en desarrollo, que pensamientos elaborados volcados siguiendo un riguroso razonamiento. Es el comienzo de una discusión y no su final.

En esa camino, yo sostengo que es posible, a la luz de los conceptos de verdad y realidad que emanan del posestructuralismo, y de las teorías sobre el verosímil, entender la posibilidad de múltiples realismos, en la medida en la que estos realismos se proponen como finalidad transmitir la sensación de que la película transcurre en un mundo y en un lugar que podría ser el del espectador y hacen suya su cultura.

Con esta óptica, que me fue bastante cuestionada por una presunta falta de rigor académico, rigor que insisto no tienen los textos de Bazin y de Kracauer, entiendo también que gran parte del éxito de las películas norteamericanas como fenómeno de masas se deben a una decisión, un tanto consciente y otro menos consciente, de generar un gran verosímil inter y metatextual a lo largo de la historia de la cine, que hace que sus películas dialoguen entre sí, desde las más independientes a las más industriales.

Esto no ha ocurrido en las todas las cinematografías, y menos en la Argentina, salvo excepciones, durante los últimos 15 años. En las películas argentinas muchas veces no conocemos los barrios donde ocurren las historias, no reconocemos las calles, la construcción de la puesta en escena es utilitaria, pero no narrativa: no se piensa, por ejemplo, en si sería razonable filmar la casa del protagonista en Lanús y que los restantes hechos ocurran en Belgrano. Abundan los planos cortos y la fragmentación. Los espacios nunca se reconocen del todo. Hay una negación a construir este mundo común y ese realismo que, para mí, generarían un mayor interés en el público.

No puedo afirmar que esto no ocurra en Brasil, pero los últimos films que vengo viendo de allí parecen dialogar entre sí y poner un mayor acento en mostrar y contar los lugares para que el espectador los reconozca. Las películas de Eryk Rocha, Gabriel Mascaro, Kleber Mendonça Filho o Marco Dutra, solo por poner algunos nombres, lucen eminentemente realistas.

Mascarados, de Henrique Borela y Marcela Borela, camina por ese sendero también. Narra la historia de un grupo de trabajadores de las canteras en la comunidad de Pirenópolis que por una decisión judicial deben asistir con un número en su máscara a la celebración tradicional del santo lugareño. Esto, claro está, es una metáfora sensorial y poética, donde se mezcla la ficción con el documental, de la explotación laboral y del presente del país.

Una pequeña película hermosa, y de lo más interesante que me encontré en la Competencia Latinoamericana.

Fuera de competencia, reseñadas previamente