Unbelievable: hermana, yo sí te creo

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En septiembre de este año Netflix estrenó la miniserie, co-creada por Susannah Grant, Ayelet Waldman y Michael Chabon, Unbelievable, que aquí se llamó Inconcebible. Inspirada en un caso real, toma como base un artículo periodístico de 2015 titulado “An Unbelievable Story of Rape”. En 2008 Marie Adler, una chica huérfana que vivía en el complejo de una organización para chicos en su situación (que, básicamente, habían estado toda su vida en manos de distintas organizaciones estatales y diversas familias adoptivas), es violada durante la noche. Un hombre entra a su casa mientras ella duerme, la ata, la viola, la fotografía. La serie comienza con un primer plano de Marie (conmovedora Kaitlyn Dever) que cuenta a un policía la secuencia terrorífica que había vivido la noche anterior. A los minutos llegan unos detectives a su casa, Marie vuelve a contar. La llevan a la estación de policía. Marie debe volver a contar. Le hacen los exámenes médicos. Marie debe volver a contar.

En los primeros minutos ya sentimos la violencia de un Estado que no escucha, no contiene y revictimiza. La chica es tratada como un pedazo de carne, como una muestra de laboratorio. Simbólica y físicamente vuelven a invadir su cuerpo y su ánimo. No pasó ni media hora y Marie y los espectadores estamos agotados. Me recordó mucho a la experiencia de ver ese primer capítulo de interrogatorios de When They See Us (también 2019 y basada en un hecho real) y sentirme tentada como espectadora de pausar todo el tiempo el capítulo porque “es demasiado”. Rápidamente, en este sentido, Unbelievable nos hace empatizar con la víctima. El problema aparece un poco después. Los detectives comienzan a ver algunas “incongruencias” en los distintos relatos de Marie y una de sus ex madres adoptivas (Elizabeth Marvel) mina su credibilidad cuando cuenta a uno de los investigadores que la chica a veces “hace cosas para llamar la atención”.

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La vuelven a citar. Marie vuelve a contar. Su relato no se parece a los anteriores, a ella le cuesta reconstruir, hay cosas que olvidó o necesitó olvidar. Y aquí la serie hace algo siniestro, nos tienta como espectadores a convencernos por los detectives, que hacen lo posible por desestimar el testimonio de Marie por inconsistente e inverosímil. Nuevamente la serie muestra –como tan bien lo hace When They See Us que una persona, en un lugar de vulnerabilidad, es capaz de asumir cualquier responsabilidad con tal de que la dejen en paz. Marie, incluso mejor que los chicos acusados falsamente de la violación de la corredora, sabe muy bien que el Estado no está ahí para ayudarla, sino todo lo contrario. Marie entiende perfectamente su lugar marginal y de víctima de violencias institucionales desde muy pequeña, ya ha sido “violada”. Termina firmando una declaración que dice que inventó todo.

La vida de Marie se va deteriorando cada vez más. No solo se filtra su nombre y todos sus amigos la abandonan por “mentirosa”, sino que el Estado le abre una causa por falso testimonio. Hay una escena entre los capítulos uno y dos que nos trasmite la desesperación de Marie, sola a niveles difíciles de creer. Es difícil seguir mirando, pero pasamos a 2011 y vemos otros personajes. La detective Karen Duvall (Merritt Wever) se acerca a una escena de crimen. Amber Stevenson (Danielle Macdonald) fue violada en su casa durante la noche, la ataron y la fotografiaron. El espectador (y sobre todo la espectadora) siente alivio, la coincidencia legitimaría el caso de Marie, cuya vida tal vez pueda recomponerse un poco. Pero la serie recién empieza, y tenemos por delante siete largos capítulos plagados de las desidias institucionales y estatales más lamentables que van a lograr no solo que Marie siga sufriendo, sino que las nuevas víctimas como Amber sean también revictimizadas una y otra vez, no escuchadas, no contenidas, puestas en duda. Si como espectadores seguimos viendo hasta el final es porque desde el capítulo dos tenemos un contrapeso a esta fuerza patriarcal: Karen Duvall se reúne con la detective Grace Rasmussen (hermoso personaje de la hermosa Toni Collette) y juntas van a llegar a la verdad. Juntas, aunque bastante solas. Una de las cosas más logradas de la serie es la relación entre ellas dos, primero de desconfianza y desapego, después, de compañerismo, sororidad y amor. También importa el vínculo con su equipo de trabajo, una policía grande y una joven, y un chico también joven, que se sale del estereotipo de “hombre que sabe la verdad”.

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No sé si conocen el término mansplaining, que hace referencia básicamente a la necesidad de un hombre de validar las opiniones de una mujer o, en el peor de los casos, explicar a la mujer “cómo son las cosas en verdad”. Inconcebible cuenta eso: un gran mansplaining estatal en el que sistemáticamente los hombres deslegitiman la verdad de las mujeres o directamente les imponen la suya. Muestra muy claramente cómo la palabra de la mujer –en este caso la víctima– no vale por sí misma, es in-creíble por default. Muestra el trabajo que deben hacer, casi siempre, otras mujeres para dotar de valor a esas palabras y que se escuche la verdad que hay en ellas. Y muestra algo que solemos olvidar, que el enemigo, casi siempre, es parte funcional de la sociedad, hijo sano de un sistema que siempre va a dudar de los más vulnerables, alimentando así cada vez las desigualdades de género, de clase, de etnia, etc.

Las actuaciones son increíbles (en el sentido de maravillosas), el guion es muy consistente y se nota la mirada femenina detrás de y en cámara. Sí es angustiante, aviso, pero creo que es necesario ver estas ficciones, acceder a estas representaciones de la realidad que nos hacen llegar historias que desconocíamos y que no son únicas, lamentablemente, sino que se replican una y otra vez. Sí también hay algo de esperanzador en la historia, hay diferencias palpables en el trato que recibe Marie en 2008 y el que recibe Amber en 2011: de a poco va cambiando la forma que tenemos de entender algunas cosas como sociedad, la forma que tenemos de creer o no creer, de ver la verdad de quienes tienen menos legitimidad. El poder que adquiere el trabajo en equipo de Duvall y Rasmussen (que a su vez tienen su lugar de contención fuera del ámbito laboral), su perseverancia, su sensibilidad, son sin dudas esperanzadores. El final es muy emocionante, y es necesario entender el recorrido de las palabras que aparecen allí, claramente ficcionales, como una lectura que nos dice que es posible que las cosas empiecen a ser de otro modo.