To the bone: un drama que no llega hasta el hueso

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To the bone o Hasta el hueso es un drama escrito y dirigido por Marti Noxon (conocida por dirigir Buffy, la Cazavampiros), estrenado en junio de 2017 y distribuido exclusivamente a través de Netflix.

La película nos muestra como Ellen (Lily Collins), una veinteañera que padece anorexia, debe someterse a un tratamiento e internación, debido al estado avanzado de su enfermedad y cómo su familia trata de acompañarla.

Si bien la película comienza con la salida de Ellen de un centro de recuperación, a los pocos días, debe ser nuevamente internada en un otro lugar, un tanto distinto a lo habitual y dirigido por un médico, supuestamente menos ortodoxo que el resto de las instituciones: el Dr. Beckham, (Keanu Reeves).

Allí Ellen conoce al resto de los integrantes de esta comunidad terapéutica, una mezcla interesante de personajes, cada uno con sus propias características y disfuncionalidades, con larga trayectoria en el mundo de los desórdenes alimenticios. Entre ellos, se destaca Luke (Alex Sharp), un exigido bailarín con una sexualidad poco definida, con quien Ellen entabla una relación especial.

Por otra parte, se muestra a la poco tradicional familia de la protagonista, en la cual hay presencia exclusiva de mujeres (madre, novia de la madre, madrastra y hermanastra), aumentada a través de una forzada ausencia (solo en escena) de su padre.

La película aclara, desde el principio, que fue hecha y protagonizada por personas que padecieron esta enfermedad. Es cierto que tanto Marti Noxon como Lily Collins han sufrido de anorexia en el pasado y han superado este padecimiento. Según Noxon, hacer esta película tenía un significado especial para ella y sintió que, a su vez, podría ayudar a otras personas en su lucha.

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Lamentablemente, Hasta el hueso falla en generar una verdadera empatía para transmitir su mensaje esperanzador. Por un lado, su protagonista sufre la ausencia de relaciones de afecto profundas y reales (excepto, quizá, por su hermanastra), pero esto se muestra a través de escenas un tanto exageradas y con tintes de tragicomedia, lo cual puede generar distancia en los espectadores.

Algunos personajes secundarios son demasiado estereotipados, como la madrastra de Ellen, con un look acartonado y una clara exigencia para que todo sea perfecto a su alrededor. Su madre biológica lleva un estilo de vida neo-hippie y busca alternativas, por demás extrañas, para ayudar a su hija. Sin embargo, la película no termina de mostrar de una forma transparente cuál es la verdadera relación que existe entre Ellen y sus madres.

Por otra parte, si bien el método del Dr. Beckham incluye metodologías novedosas, como ayudar a los pacientes a ver la belleza que hay en vivir, no parece ser tan revolucionario a la hora de sentarlos en una ronda de terapia grupal para hablar, método que se ve en la primera escena dentro de un instituto de recuperación más tradicional, así como otras reglas, como el peso diario y la posibilidad de ir ganando privilegios de forma escalonada a base de los logros.

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De manera similar que en Las ventajas de ser invisible, Hasta el Hueso exagera en la cantidad de diálogos infructuosos, con tono superador y marcados por ironías (en especial, por parte de Ellen) del estilo: “Tengo problemas… y qué. Hablar no ayuda”. Sin embargo, eso es todo lo que se hace durante la película, salvo tal vez hacia el mismísimo final.

Finalmente, la película no llega “hasta el hueso”, y deja varias vetas de la problemática presentadas de forma superficial, sin profundizar ni complejizar del todo. Solo pone sobre la mesa algunas de las cuestiones que, aparentemente, son frecuentes en este tipo de enfermedades ligadas a la adicción, como la disfuncionalidad familiar y ausencia de afecto, la sobreexigencia, la falsa percepción de control, la baja autoestima ligada al desgano de vivir. Temas lo suficientemente profundos y complejos como para dejarlos solo mencionados.

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